30 octubre 2008

BIENVENIDOS LOS LÍMITES - 6 de 6

Ilustración: REP / Mural por el Bicentenario (detalle)

4. Brechas y límites (IV)

c. La brecha de la acción colectiva, de (presencia en el) espacio público y de construcción de actores

¿Quiénes, para qué, cuánto y en qué términos pudieron movilizarse en esta secuencia de conflicto "con el campo"? ¿Qué significado-peso en la relación de fuerzas tiene-tuvo-tendrá esta capacidad de movilización en próximas etapas? Hemos asistido más que a una lucha puntual por unos reclamos, a la dinámica por la cual un nuevo sujeto social (ese sujeto-abanico-de-sujetos-"en-torno-a"-el-campo) se constituye y hace su irrupción en la escena pública y en la arena política. No casualmente, el puntal, el disparador, el "despunte" ha sido a partir de los "cortes de ruta": el "mismo" que generó la irrupción de ese "milagro sociológico" que fueron, de los ’90 para acá, los desocupados organizados.

Algunas cuestiones en torno a esto

1. ¿Qué espacios-ámbitos se ofrecen hoy para la constitución, la renovación o el fortalecimiento de actores políticos? ¿Cuántos escenarios y condiciones de este tipo aparecen hoy como disponibles para ampliar el panorama de los que pueden intervenir organizadamente en la disputa política y en el espacio público?

Durante los ’90, la dinámica de protestar-resistir-sobrevivir fue una de las que gestó actores (caldo de cultivo, por decirlo con una metáfora tendenciosa).

También, concurrentemente, "las víctimas" (o los deudos) se constituyeron en actores. ¿Desde dónde –desde qué espacios y posiciones– es posible hoy constituirse en actores políticos de cara a las disputas por la democratización y la distribución? ¿Por cuáles esquinas hay que doblar para pasar de ser actores sociales a ser actores políticos? ¿Quién ofrece visibilidad, organización, discurso, recursos, objetivos, conducción, símbolos para esto? Dentro del campo propio de las organizaciones (articulación interinstitucional, inter-movimientos, intersectorial, escalamiento), dentro de esos procesos organizativos y de constitución de actores que las propias políticas públicas producen o facilitan (en ese sentido, si se me permite el exabrupto, un “clientelismo” bien entendido sería uno que traduce la distribución de recursos en una redistribución de las lealtades, y la transformación de ese nuevo patrón de circulación de lealtad y adhesión en fuerza legitimadora de nuevos vínculos políticos y relaciones de fuerza) y en la acción conjunta desde ámbitos estatales, sociales y políticos. (13 ) 2. ¿Cómo combinar mayores niveles de articulación de lo que ya hay con procesos de mayor organización y articulación de lo que todavía está disperso o todavía no está constituido como actor? Junto con esto, y siguiendo un camino inverso: ¿no será necesario detectar las dos, tres o cinco dinámicas de reproducción de la fragmentación que siguen, en diferentes niveles del funcionamiento de la sociedad, funcionando con la misma fluidez de los ’90, aún en un escenario donde todos decimos que queremos hacer otra cosa? ¿No nos encontramos acaso con muchas situaciones y muchos actores que reproducen lo que combaten, en lo que a fragmentación se refiere? Como contrapartida, otra vez, y en la misma línea, amerita detectar las tres o cuatro dinámicas o nudos de: a. articulación mayor; b. ampliación de los sectores organizados y con capacidad de participación que se ven en este tiempo ("buenas prácticas" si se nos permite una expresión traída del mundo oenegeístico) y poder amplificarlas y difundirlas, tomarlas como ejes y criterios diseminados en varios sectores para poder decir, de acá a un tiempo, “tenemos mayores niveles de consistencia organizativa y de capacidad de coordinación”. 3. Las acciones construyen actores. Viendo las características de la etapa , los modos de resolución y salida de la crisis de 2001 y considerando los modos de construcción que se desprenden de nuestra historia política, la acción de política pública, la intervención pública del estado "contada" (14 ) de manera propia por el gobierno tiene una capacidad de organización, de formación (de "dar forma") que ninguna movilización social puede parangonar en este momento. "Un Estado que organice a la sociedad" es una frase malévola a oídos republicanos y liberales. Pero, como es claro para muchos, puede ser y es una posibilidad democrática real si estamos dispuestos a ver con nuevos ojos los roles de los actores y los funcionamientos posibles de nuestra sociedad en una etapa en que hay que sacarse la mochila de viejos dogmas (no tanto los de los populismos de otrora, mucho más y más bien los del neoliberalismo novedoso e innovador). Un Estado experimentador, organizador, generador de articulación y movilización a través de políticas públicas que politicen lo público y "publiciten” lo político, puede ser –será– indispensable para construir la fuerza social necesaria para dar las batallas que hay que dar. Poco vale esperar la unidad o la superación de la fragmentación de la sociedad civil. La sociedad civil no está fragmentada. Es la fragmentación. No se trata de alentar un estatalismo unicista e invasivo. Se trata de ver qué se puede y se debe trabajar en términos organizativos desde todos los campos y herramientas democráticas que hay. Allí, el Estado es sencillamente central, por estructura, posibilidades e historia. La política pública y el aparato estatal nuevamente presente y reapropiado por parte de quienes puedan defender los intereses de los sectores populares son un ámbito catalizador, amplificador y posibilitador de todos los otros espacios y herramientas. En síntesis: las políticas públicas son un ámbito y una herramienta central de politización.

Ahora bien, además de los programas y políticas aparece una cuestión: los agentes estatales. Sus burocracias, sus tecnocracias y sus dirigencias propiamente políticas. En esta etapa, dirigentes sociales y políticos de diverso signo han accedido a ocupar puestos, sobre todo en los dos últimos campos (como técnicos, como funcionarios políticos). A ellos, y a las fuerzas que los sostienen, les cabe una responsabilidad central en este desafío. Y unas posibilidades a cuya altura deberán estar, hoy y mañana. 4. Participación y confianza. Uno ya no sabe a esta altura si decir que hace falta o que es deseable mayor participación. En particular porque toda la década de los ’90 prodigó participacionismo al tiempo que exclusión. Quizás hay que hacer un corrimiento en la mirada y en los términos. Hace falta y ojalá sea posible más participación efectiva, con "consecuencias": real, si vale el término. Pero hace más falta aún construir confianza de la gente común –esa que no participa, que no participará, no puede participar mucho porque tiene que vivir, no podrá ser militante porque no tiene o no tendrá el talante para ello; porque, también aquí, no contamos con muchos modelos disponibles de militancia más o menos compatibles con una vida vivible promedio ...y probablemente no los vamos a poder inventar en los próximos 5, 6, 10 años–. Confianza, decía, y adhesión y legitimidad, para esa gente que sin participar puede y necesitamos que se sienta parte y que tome partido por un proyecto de país, un modo de ser y hacer sociedad. La función de los que efectivamente "participamos" es lograr que esa parte se sienta parte... y no siempre nuestros modos de participar "toman partido" de manera efectiva por eso. Construir confianza es una tarea de los gobernantes y de los dirigentes, que funciona si se apuntala con mediadores y mediaciones efectivas. 5. Dónde, cuándo, quiénes, cuántos, cuáles, por qué y para qué sentirse parte (una parte, un órgano; organizar es "dar órganos") hoy y aquí; a partir de qué medidas, sostenidos con qué palabras, vivenciando qué momentos, dando sentido a qué interacciones: construir fuerza política en el espacio público invita y exige a revisar eso otra vez, de fondo, llanamente, sin basismo de militantes, y con más base de interpelación a lo cotidiano de aquí y ahora. La inversa también vale: cómo hacer para que los que en este escenario han tomado partido, puedan además, ser, hacer y sentirse parte de una construcción política. Esfuerzos diferentes, necesarios ambos, plausibles parcialmente. Indispensables.

***

Después de “el conficto”, asumir la conflictividad. Con el desafío profundo de hacer más inteligible el conflicto, para hacer las luchas más inteligentes. Para hacer la política más vivible, más pensable, más factible, más entusiasmante. Más de este mundo en el que, a cada momento, hay que entusiasmarse, para superarlos, diciendo: bienvenidos los límites.

Néstor Borri / nestorborri@nuevatierra.org.ar *

13. Desde el Colectivo Ciudadanía venimos reflexionando sobre esta “topología” de los “desde dónde” construir sujetos y procesos populares. Una versión de este “mapa en movimiento” se puede ver –en proceso de afinación– en wwww.ciudadania.org.ar/ruedas

14. Contada: por cuenta de, contando con, dando cuenta de, relatada, cuantificada...

* Coordinador del Colectivo Ciudadanía. Director de Formación del Centro Nueva Tierra.

23 octubre 2008

BIENVENIDOS LOS LÍMITES - 5 de 6

Ilustración: REP / Mural por el Bicentenario (detalle)

4. Brechas y límites (III)

b. La brecha de representatividad y acción estatal-gubernamental (II)

Polarización y consenso

Lo dicho más arriba no quisiera darle coartada a los múltiples discursos que haciendo énfasis en el consenso y el no-conflicto, pugnan por eliminar o condenar lo que más tiene de jugosa esta etapa –y quizás este gobierno– en lo que a democracia se refiere. Más allá de las maneras en qué se procesó, y los errores que pudo haber, rescatar lo que tiene de genuinamente y seductoramente político: la disposición a confrontar intereses.

Mucho se ha criticado la "polarización" del escenario. No parece buen negocio para los sectores populares comprar esa argumentación descalificadora. En todo caso, preguntas más apropiadas podrían ser: ¿Cómo se construyó la polarización, cómo se trazaron las fronteras que separan el campo –de batalla– en dos? ¿A costa de qué, con qué mecanismos? ¿De qué lado del antagonismo estamos? ¿Son válidos los lados que se configuran? ¿De cara a qué son válidos? Configurado así el campo de disputa, ¿da márgenes para ganar o empatar la batalla? Sin perder de vista el frente principal de batalla ¿hay otros disponibles que permitan "pilotear” con cintura una “guerra” que no se agota en esta batalla? (A los que no le gusten las metáforas bélicas, perdón: remitirse al párrafo anterior)

Antagonismo y conflicto –constitutivos de la lucha política– y polarización del campo de disputas no son sinónimos. Sin embargo, difícilmente se dé alguna disputa política en que el antagonismo no cuaje en alguna forma de polarización. Se trata, en todo caso, de conectarlos estratégicamente para que la polarización del campo ayude a responder y procesar los conflictos de manera eficaz en cuanto a objetivos. No siempre sale bien. En todo caso, siempre vale aprender de cómo se hizo cada vez, pero sin renegar de las dinámicas realmente existentes de la disputa política, sin recaer en el utopismo administrativo de la negociación o en la coartada republicano-banal que reclama institucionalidad y diálogo mientras le da changüí a los ganadores de todas las polarizaciones de hecho.

Convencidos y convencimientos

Uno se ha encontrado, de este lado de los intereses, con quienes defendían y defendemos la intervención del estado y –ergo– las retenciones, replanteándose –repitiéndose– en este tiempo sus argumentos, sus ideales, sus principios o sus opciones (nuevas o viejas, férreas e inclaudicables en todo caso, las nuestras). Un problema: uno se ha encontrado mucho en espacios donde gente convencida –nosotros, los convencidos– habla de aquello de lo que está convenida. Excelente. Sirve para reconstituir fuerzas, para alentarse en la árida arena de los debates. Siempre y cuando no olvidemos que acción política supone la interlocución y la interacción con los no convencidos y la reflexión sobre y de aquello de lo que no estamos tan convencidos. Para los que, con mirada crítica, pensamos que es en el escenario que plantea este gobierno –con todos sus límites, etc., etc.– donde se puede plantear un avance de los actores y de los intereses de los sectores populares, hay –de manera especial–algunos gestos y simbolismos de esta etapa que nos entusiasman o seducen. Particularmente la manera fuerte en que el grupo en el poder político se le planta a algunos de los poderes fácticos emblemáticos: a los militares (bajar el cuadro de Videla, los juicios); a los medios de comunicación (confrontación con el periodismo "blanco", planteo frente a los medios masivos); al poder religioso (no ir al Tedeum, el Obispado Castrense); al poder trasnacional (renegociación de la deuda, la autonomía respecto al FMI); al poder económico concentrado local (no ir a la Rural). Todos rubros y actitudes con un encanto fuerte. Y el encanto es fundamental en tiempos en que hay que reencantar la política y la vida. Qué duda cabe.

Después de las traiciones y las catástrofes, algún bálsamo hace falta. Ahora bien, maldición: no basta. También hace falta algo más. Confrontar pone una parte de la historia para generar adhesión, seducción. Pero también es necesario: conectar por la "positiva" con aquello que identifica, construye, se disfruta, a-fronta: en lo político, en lo económico, en lo social, en lo cultural, en lo institucional, en los imaginarios y en los hechos (y en todos los frentes “profundos” que esos poderes fácticos hegemonizan y procesan a su manera: lo sagrado y la tradición, el ascenso social, la identidad patria, la prosperidad económica, la estabilidad social, la pertenencia, el reconocimiento). Por este lado también hacen falta gestos por lo menos IGUAL de contundentes que aquellos otros. Y faltan. No es responsabilidad sólo del gobierno construirlos. Pero, sin la acción de gobierno que "desate" estos gestos, es muy difícil ayudar desde otro lado.

Néstor Borri / nestorborri@nuevatierra.org.ar *

* Coordinador del Colectivo Ciudadanía. Director de Formación del Centro Nueva Tierra.

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PROXIMA ENTREGA: 24/10/2008

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17 octubre 2008

TALLERES / PROGRAMA FAMILIAS Y ESCUELA DE CIUDADANÍA DE MISIONES

TALLERES / PROGRAMA FAMILIAS Y ESCUELA DE CIUDADANÍA DE MISIONES
GÉNERO Y CIUDADANÍA
La Escuela de Ciudadanía de Misiones y el Centro de Atención Local del Programa Familias de Montecarlo, comenzaron una nueva ronda de talleres del ciclo de formación en Género y Ciudadanía. Por 5 Miércoles consecutivos los grupos de mujeres participantes compartirán encuentros sobre temas relacionados con el derecho familiar y la violencia doméstica. La metodología de trabajo implica el uso de técnicas participativas, donde intervienen el sentir y los conocimientos previos de las mujeres participantes. El segundo momento de cada encuentro está destinado a brindar información concreta acerca de elementos de derecho familiar y los pasos que deben seguir las víctimas de violencia, o quienes toman conocimiento de que alguien está en tal situación, asi como de cuáles son los organismos del Estado responsables de atender estas demandas. En el encuentro del día 15, una de las participantes expresaba: "nosotras votamos a los que hacen las leyes y a los que nos gobiernan, pero ahora tenemos que organizarnos y tener experiencia para controlar que esas leyes se hagan a nuestro favor y después se cumplan." Este ciclo de encuentros, que finalizará el día miércoles 12 de noviembre, tendrá su cierre anual con un evento público que se realizará en la plazoleta "La Paloma" de la ciudad de Montecarlo el día 22 de Noviembre de 2008 a partir de las 16.00 hs.
Escuela de Ciudadanía Misiones / cristinabischoff@yahoo.com

BIENVENIDOS LOS LÍMITES - 4 de 6

Ilustración: REP / Mural por el Bicentenario (detalle)

4. Brechas y límites (II)

b. La brecha de representatividad y acción estatal-gubernamental (I)

Conectado con lo último dicho en el ítem anterior, es fundamental reforzar la capacidad de re-presentación del estado democrático, del gobierno y de las fuerzas que representan los múltiples intereses populares. Finalmente, es lo que estuvo en juego en ese tiempo: Quién re-presenta a los sectores populares, qué intereses debe representar-defender el Estado y cuan representativo y de qué es el gobierno.

Algunas preguntas en este sentido:
  1. ¿De qué está hecha la distancia entre voto y apoyo que se ha ensanchado en estos meses, desde las elecciones a esta parte? ¿Del tipo de medidas que se tomaron y no se tomaron (tren bala - tren ex-Sarmiento, sistema ferroviario, por ejemplo)?
  2. ¿De cantidad de interlocutores-voceros? ¿De más o menos mediaciones de conversación, de encuentro, de debate, con más diversos?
  3. ¿De canales presentes/ausentes de participación más directa en organizaciones y espacios políticos compartidos? ¿de la frágil (des)confianza que sigue siendo el componente principal y no reconstituido del vínculo político democrático en la Argentina pos que-se-vayan-todos?
  4. ¿Cómo fertilizar, regar, proteger en su lento crecimiento, un brote frágil de confianza política?
Otros horizontes, talantes y modos de articulación política de la representatividad. Frentes para la victoria y para qué más.

¿No será insuficiente construir herramientas políticas sólo para-la-victoria?

¿Qué clase de herramientas y organización política, de gentes, grupos y partidos, de convocatorias y propuestas, habrá que construir para unas batallas de transformación que no nos deparan sólo victorias... sino también, muy probablemente, empates y más de una derrota? ¿Cómo sostenerse, en todo caso, con el ánimo de ir a la victoria; pero también en el de hacer un camino que, si ha de ser de transformación, tendrá sus retrocesos y bajas? Los convocados para la victoria se irán cuando la victoria no sea evidente...

Quizás aquí hay un déficit de nuestra cultura política en general, una ausencia, un agujero en los modos de construcción y de “espiritualidades” políticas. Por otro lado, es cierto que mucho progresismo y algunas amplias baldosas del campo popular tienen un gusto algo perverso por la derrota, la queja y la resistencia... pero lo inverso en espejo tiene también sus bemoles. Nadie quiere la derrota –al menos nadie que lo confiese– pero la construcción política, en términos de transformación y apertura de un nuevo ciclo del país –viniendo del que venimos, y habiendo terminado el que terminó de la manera en que lo hizo– requiere un ánimo y unos dispositivos que puedan jalonarse y persistir con algo más que victorias. Sencillamente porque habrá mucho más –y mucho menos– que victorias.

El desafío de una hegemonía compleja

¿Cómo se construye una hegemonía compleja para una construcción ardua?

Frente a la fantasía de que las alianzas son “conmigo” o “contra mí”, “con nosotros” o “contra nosotros”: ¿cómo lograr un consenso más amplio, más contundente, aunque éste sea menos transparente, menos evidente y menos “total”?

Frente a una forma de construcción de adhesión y articulación lineal, literal, con un procesamiento simple de la "lealtad": ¿será posible lanzarse a construir en diagonal, con cierta ambigüedad y con lealtades tramadas de diferente consistencia y grado?

Hace falta construir una hegemonía compleja, porque compleja es la situación, porque congruentemente fragmentados están los actores sociales. Y evidentemente dispersas y golpeadas están las expectativas… cuando están.

Cerca del Titanic y apoyados a la sombra de los muros del infierno, la hegemonía simple funciona sin duda. Una vez que la catástrofe no parece tan cercana, hay que remar la situación para construir adhesiones.

Es una pena pero –sobre todo– es así. No se trata aquí meramente del estilo de uno u otro dirigente. Ojalá se tratara de eso. Se trata, más bien, de qué repertorios de modos de construcción, de fidelidad-lealtad, hay disponibles en nuestro campo político, en las prácticas disponibles y conocidas, consideradas factibles en los modos de organizar, interpelar y conducir. De cuáles gramáticas para conjugar la construcción política tenemos como sociedad. Si la etapa es nueva, amén de que tiene historia, los modos de construcción han de contener novedad. Habrá que inventar. Crear modos. No por abandonar lo tradicional –qué peor cosa que caer en la trampa de asociar “tradicional” a lo que hay que descartar: nos dejaría con una política sin tradición–. Más bien: qué hacer y re-hacer con la tradición y más allá de ella, desde ella.

Néstor Borri / nestorborri@nuevatierra.org.ar *

* Coordinador del Colectivo Ciudadanía. Director de Formación del Centro Nueva Tierra.

14 octubre 2008

BIENVENIDOS LOS LÍMITES - 3 de 6

Bienvenidos los límites

Parte 3 de 6

Ilustración: REP / Mural por el Bicentenario (detalle)

4. Brechas y límites (I)

Los límites que quedaron a la vista, abruman un tanto pero son constitutivos de cualquier situación real, aparecen desordenados y... no son pocos. Ordenarlos bajo alguna comprensión eventualmente servirá para actuar sobre ellos. Proponemos tres manojos-polígonos de límites –que delimitan brechas sobre las que intervenir–.

a. La brecha de construcción de sentido (mediática, pero no sólo mediática)

5 cuestiones:

1. Los medios de comunicación son un actor al tiempo que constituyen una buena parte de las arenas del debate y de los ingredientes y las reglas de juego sobre el mismo. Como parte de los sectores del poder económico, reacomodan sus alianzas con otras fracciones de los mismos y frente al poder regulador del Estado. La ley de radiodifusión pendiente, la vigente (de la dictadura) y las diversas transacciones y arreglos de los gobiernos democráticos (incluido este) nos ponen frente a un núcleo duro de la construcción de poder en nuestra sociedad. Poder fáctico y capilar a la vez. Poner en escena (nótese la paradoja que implica “poner en escena” a los que “administran” la escena-agenda) qué clase de actor y cuáles alianzas tienen hoy los medios de comunicación y cómo se juegan sus dinámicas en términos de modelo económico y de poder político, aparece como una tarea central y unos datos fundamentales a tener a la vista. Los modos en que hoy producen consenso - sentido común – y visibilidad tienen muchos componentes clásicos pero también novedades a tener en cuenta: lo que otrora era Neustadt, luego Grondona, hoy día parece desplegarse en guiños e intervenciones de quien relata los hechos (movilero) o comenta las noticias (presentador) (6). Sin olvidar los caminos de reencarnación de Doña Rosa (lo que antes se le hacia decir a ella, ahora lo dice ¡Carrió!. Por ejemplo). Géneros discursivos, dispositivos de enunciación, estrategias de construcción de esa sinfonía de imágenes y señales que hacen emerger una verdad al mismo tiempo que eliminan la posibilidad de discutirla. Otro dato: en los inicios de la democracia, la radio era un ejemplo de pluralismo informativo. Ver (escuchar) hoy día el dial muestra la enorme dificultad para encontrar alguna diferencia en ese homogéneo espectro.

2. Información estratégica. La del tiempo real y de los hechos; la de los actores intervinientes, sus historias y estrategias; la de lo que está en juego en las medidas y propuestas. La que plantee qué se puede o podría hacer si es que se quiere apoyar u oponerse (y si acaso hay algo más que eso para pensar y hacer… en todo caso, aquí hay un déficit mayor). La disponibilidad de información apropiada para interpretar esta etapa del país, por parte de los actores que puedan contribuir a ampliar la legitimidad de un proceso de inclusión y desarrollo, se muestra tan escasa como imprescindible, tan valiosa como dispersa. De alguna manera –para sectores restringidos pero con su llegada, al fin– el sistema de medios públicos, más precisamente Radio Nacional, más el diario Página/12 y algún otro componente, han actuado como partes de un "órgano" para canalizar otro tipo de información. Gramsci planteaba que un periódico puede asumir la función de "partido". Qué bueno que lo tuvimos. No alcanza, sin embargo. Sin duda, al gobierno le faltó aportar información estratégica y también estrategia de información. Es una carencia. Se repite también en la "esfera" de los actores del campo popular. (7) Los “qué”, los tópicos de la información, los cómo (géneros, estrategias discursivas), los canales y circuitos, los cuánto y los cuántos (comunicar-informar en tiempo y forma): componentes todos ellos de unas estrategias pendientes y a construir colectivamente. Tarea que vale y es necesaria para la información masiva a toda la ciudadanía y también para el ámbito más especializado o restringido, para sectores de acción social y política más directa. Constituir un mejor circuito de información, una "sub-esfera pública" entre actores institucionales, y una estrategia común por parte de –al menos– una parte de este conjunto de actores hacia la ciudadanía en general.

Un comentario aparte merecen algunos programas políticos de cable y blogs: quizás son una novedad de este tiempo, al menos para públicos más restringidos, pero la blogósfera todavía parece ser en nuestro país un circuito más cercano a la cofradía que a la comunidad, y más proclive a la “opinación” que a la reflexión (8).

3. Un horizonte fundamental: sentido común e inteligibilidad de los conflictos y las luchas. La presencia de los "intelectuales" plasmada con la conformación del Espacio Carta Abierta es un dato a celebrar. Al mismo tiempo cabe señalar el núcleo de lo que está en juego: no se trata tanto de si los intelectuales participan o no, sino –más bien– de qué inteligibilidad de los contextos, conflictos y confrontaciones –qué comprensión de las luchas– se puede construir. Inteligibilidad e intervención de los intelectuales son cuestiones sin duda relacionadas. Pero no son lo mismo. Y la importante es la primera. La segunda aporta a aquella, pero NO LA GARANTIZA.

La relación entre consistencia de la información, amplitud de los circuitos, calidad de los debates y construcción de sentido para diversos frentes y escalas de acción, la construcción de relatos "encadenados", son diferentes planos a enganchar –como se dijo– en una estrategia: en cada uno de ellos hay cosas que hacer. Reconciliar, conectar y poner "en sinergia" información y sentido. Por otro lado, "sentido que sostenga y acción que convoque y dispositivos organizativos que canalicen" es tarea desafiante y a ser reinventada. Lucidez, comprensión, opinión (hubo, hay, demasiada más opinación que opinión, perdón por la insistencia), toma de posición e involucramiento: una secuencia a sostener y de orden no unívoco. En ese sentido, un circuito con sus propios trayectos pero con la necesidad de todas sus estaciones. Si no fuera a que suena a coartada retórica, diríase que es lo que otrora se llamaba batalla cultural. 4. Sentido, símbolos y representación. En un punto, la representación política misma se construye con símbolos y se sostiene en la construcción de imágenes, de discursos, de significados. Hablando de los signos, en una taxonomía conocida por semiólogos y comunicólogos, Charles Peirce señalaba tres modos de relación de lo que representa con lo representado: los íconos, los índices y los símbolos.

El tipo ícono se parece en "imagen", en “espejo” a aquello que representa. Los medios –la TV sobre todo, pero también la radio con la edición del habla y el comentario popular, y aún los periódicos con la puesta en página del sentido común de los argumentos– construyen representación así: una para-representación, si se quiere. Una imagen (que se dice) “fiel” de "la gente".

Un índice funciona por contigüidad, representado la parte por el todo, conectando así, remitiendo, con una forma parcial de la presencia, con la materialidad y mucho con el cuerpo. Significa, representa "estando allí": de cuerpo presente en el espacio público, “los productores” con su ejercicio –exitoso por cierto, o al menos eficaz en relación a sus fines– de representar a "todo el campo" y de ahí a "toda la patria", lograron constituirse en un "índice" de toda la población (Así, “lo que le/nos pasa al campo es lo que nos pasa a todos”).

El gobierno comunicó con símbolos: esa clase de signos que conectan representante y representados a través de reglas y argumentos.

Lección posible de esta digresión semiótica: es probable que necesitemos desarrollar una acción política democrática con más íconos e índices. Los argumentos y la discursividad "racional" no alcanzan. Aclarando: quien escribe es un admirador confeso y celebra ampliamente lo que la capacidad de argumentación de la presidenta aporta a las posibilidades de la democracia y la política en esta etapa. (9) Lo mismo, dicho en otra clave: Buena plataforma ideológica, discurso impecable. Hace falta, sin embargo, construir al nivel de la hegemonía. El discurso gubernamental aporta al momento un excelente componente ideológico-discusivo. La ideología es lúcida, actúa arriba, en lo explícito. La hegemonía es pícara, y actúa al fondo. Y a fondo. (10) 5. Pistas de acción:

  • La ley de radiodifusión: es una próxima (empezó ya, en verdad, durante la secuencia del "campo", sin duda, y la tiñó sin explicitarse) batalla. Fundamental. Pero toda ley amerita sus "trampas": activar desde ahora lo que la ley –las reglas permiten– y un poco más. En términos de comunicación, permítasenos la licencia, todo es trampa. De manera que vale la lucha por la ley, siempre y cuando no se espere de ella más de lo que puede dar (11 ).
  • La necesidad de combinar una estrategia de comunicación de la política pública más amplia, con el fortalecimiento y la renovación del sistema de medios públicos y una estrategia compartida, amplia, multiactoral y explícita de comunicación.
  • En términos de circulación de discurso, información y representación, construir una interpretación más unificada, más rigurosa y más significativa de la etapa de la que se viene y de las posibilidades/implicancias de lo que está en juego en ésta y la próxima (12 ), y plasmarla en una estrategia comunicacional-formativa-de opinión-sensibilización amplia y de mediano y largo alcance.
  • Prioridad y urgencia de gestos y acciones (siendo el gesto la acción en cuerpo, interacción y cercanía con el mundo popular) que resignifiquen la acción de gobierno tocando la cotidianeidad popular. Desactivando esos nudos donde el malestar –por ejemplo el de los terratenientes– pudo conectar y conectarse con una cadena de situaciones, carencias, postergaciones y lejanías de la acción de gobierno respecto a las necesidades sentidas y urgentes de la mayoría de la población. Con un agregado: no se trata solamente de lo que “haga la presidenta” –importante, sin duda– sino de cómo “haga” esto la política pública y un elenco mayor de interlocutores con la opinión pública y la ciudadanía en general.
  • Hacer carne “la distribución de la riqueza”: gran cuña y logro de puesta en la agenda de los medios y en la agenda política más en general; buen saldo de este conflicto con el campo. Para no perderla, hacerla carne y toque, medidas y hechos, historia e implicancia, en múltiples discursos que puedan interpelar más y a más actores. Distribuir –aunque parcialmente– y que se sienta, para que tenga sentido y se sienta de qué se habla cuando se habla de distribución. Las medidas sobre las jubilaciones y el Consejo del Salario van claramente en esa dirección. Para completar esa “encarnación”, hace falta una “batería” que llegue al territorio, a sectores claves, a cuestiones clave (v.g.: los trenes).

A veces los verbos le dan sentido a los sustantivos (abstractos) y los hechos son las mejores palabras. Lo que se vive es lo que se comprende, y lo que se concreta y organiza lo que se espera. Sólo una distribución diferente de lo que se puede esperar (de las expectativas) es lo que puede sostener el sentido de una larga lucha que habrá que dar por otra distribución de la riqueza y otra matriz distributiva en el país. Si el discurso y la agenda habilitan la cuestión distributiva, excelente. Ahora bien, hay que jalonar con hechos y trayectos de hechos lo que el discurso habilita. Las palabras son cosas. Pero, a la hora de las disputas las cosas son palabras.

Néstor Borri / nestorborri@nuevatierra.org.ar *

7. Nicolás Casullo, entre otros, ha publicado con mucho prematuro reflejo valiosas y adelantadas reflexiones sobre estos dispositivos mediáticos de construcción/mixtura de verdad-realidad-opinión.

8. Ver subnota sobre circuitos.

9. Con las debidas excepciones. Ver, por ejemplo, http://labarbarie.com.ar, http://artepolitica.com y otros...

10. Ver el artículo de José Pablo Feinmann, “El logos de Cristina”, en la contratapa del diario Página/12 del 30 de marzo de 2008. (http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101533-2008-03-30.html)

11. Como plantea Raymond Williams: “Porque la hegemonía supone la existencia de algo que es verdaderamente total, que no es meramente secundario y superestructural, como el débil sentido de la ideología, pero que es vivenciada con tal profundidad que satura a la sociedad con tal magnitud, y que, como lo expresó Gramsci, constituye incluso la sustancia y los límites del sentido común para la mayoría de las personas influenciadas por su oscilación, que corresponde mucho más claramente a la realidad de experiencia social que a cualquier noción derivada de la fórmula de base y superstructura”. Raymond Williams, “Base and Superstructure in Marxist Cultural Theory” en Problems in Materialism and Culture: Selected Essays, London, Verso, 1980, p. 37. Citado por John Higgins, Raymond Williams. Literature, marxism and cultural materialism, Routledge, London, 1999, p.113

12. En este sentido, un desafío es tomar, por ejemplo, los 21 Puntos para una Ley de Radiodifusión para la Democracia –que la Coalición homónima plantea para la nueva ley– y preguntarse, recorriéndolos, qué se puede hacer desde ya: más allá y más acá de la ley.

* Coordinador del Colectivo Ciudadanía. Director de Formación del Centro Nueva Tierra.

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PROXIMA ENTREGA: 17/10/2008

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09 octubre 2008

BIENVENIDOS LOS LÍMITES - 2 de 6

Ilustración: REP / Mural por el Bicentenario (detalle)

3. Un juego de combinación de campos

"Después" del conflicto con el campo quedaron en escena un conjunto de pistas y acciones que marcan la configuración de la conflictividad que nos espera en los próximos años en Argentina. Nos interesa poner la mirada en tres ámbitos: la intervención del Estado, la gestión de gobierno y la acción-articulación de los sectores populares (ámbitos que tienen zonas compartidas y otras no: las que nos interesan son las compartidas y, contra otras opciones, hemos afirmado con fuerza que no sólo las hay sino que además son las más fecundas en términos políticos que tenemos a la mano). Visto desde las zonas de conjunción de estos ámbitos, la posibilidad de intervenir en esa conflictividad de cara a la construcción de un poder social democrático –que sea factor de ampliación de la justicia social– encuentra brechas y límites que conviene analizar para ver qué tipo de acción desplegar: con ellos (con aquellos que, limitando, definen y habilitan) y sobre ellos (corriendo los límites, ampliando las brechas). Tres actores dominaron la escena en estos tiempos: "el campo", "el gobierno", "los medios" (5). Dos comentarios sobre esto. La crisis de 2001 se puede leer como un tramado de crisis distintas con sus propias dinámicas y enganches: una crisis de acumulación, una crisis de representatividad, una crisis de régimen (consensos-reglas de juego) (6). La dinámica 2003-2008 se puede leer como el desarrollo de las maneras de resolver-capitalizar el conjunto de las posibilidades y medidas tomadas para la salida de esas dinámicas de crisis y recomposición. Si uno mira los tres actores de la secuencia última de conflicto, puede ubicarlos como "saliendo" de esas tres dinámicas: "los productores" (como disparadores y catalizadores respecto a las disputas por el modelo de acumulación, sus modos y márgenes de ganancia); "el gobierno" (interviniendo para recomponer una doble legitimidad: de la acción gubernamental misma y de la intervención estatal, en el esfuerzo de recomponer la representatividad); y finalmente los medios (canales, "armas" y adalides de la construcción de consensos y sentidos comunes grandes, "ponedores" de reglas de juego).

Como en esos círculos concéntricos de cartón agarrados por un broche mariposa que se usan para determinar dietas y horóscopos, vale hacerse uno que tenga los tres actores y las tres dimensiones, y ponerlos a girar partiendo de esa posición inicial.

¿Dónde están los sectores populares en este juego? (podrá preguntarse) Respuesta tentativa: algo de eso es lo que se define en la dinámica de ese juego... de alguna manera en todos lados, siempre a ser construidos.

Sin duda, la acción de gobierno y del Estado marcó y marca en gran medida las posibilidades de la intervención-constitución política de los sectores populares como fuerza democrática en este panorama. Los otros dos actores juegan también –qué duda cabe– como limitantes y habilitantes para el reconocimiento y la capitalización, la identificación y la canalización de expectativas de los actores populares mediando su intervención en una u otra dirección.

Ese es el juego que está en juego, moviendo esos círculos, un trabajo de articulación al que sigue convocando la etapa. Se trata de pensar entonces cómo desde cada uno de los sub-campos (perdón) de los actores y dinámicas del conflicto se intenta procesar a los otros. Y cómo y en qué medida en las interacciones de cada uno de estos actores se abren márgenes para la construcción de una capacidad, un poder y unos proyectos (fuerza política, al fin) para profundizar la distribución, ampliar la democracia, hegemonizar un rumbo y perfil de sociedad.

Si se quiere completar "el jueguito", combinarlo con un tercer círculo, remitiendo a la cuestión de los desafíos de ampliar agendas, involucrar actores y multiplicar y articular arenas de debate que señalamos en “Bienvenido Conflicto”, el "jueguito" quedaría así...

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Néstor Borri / nestorborri@nuevatierra.org.ar *

5. Ver “Bienvenido conflicto”, disponible en www.ciudadania.org.ar.

6. Eduardo Basualdo, Sistema político y modelo de acumulación en la Argentina. Universidad Nacional de Quilmes Ediciones, FLACSO, IDEP. Buenos Aires, 2001.

* Coordinador del Colectivo Ciudadanía. Director de Formación del Centro Nueva Tierra.

PROXIMA ENTREGA: 14/10/2008

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07 octubre 2008

BIENVENIDOS LOS LÍMITES - 1 de 6

Los límites ya estaban. En todo caso, ahora es que los vemos, les prestamos atención. O: los límites, quizás, ya los veíamos. Ahora son otros los límites que vemos. Que sean útiles para construir lo que se quiera: que coincidan los mirados con los que son. También: poder ver la mirada que deja o no deja ver y hacer. Que se pueda recorrer con acciones el camino delimitado por los vistos y los que son.

1. Ventana / estructura

En varias oportunidades, ya desde 2001-2003, caracterizamos la etapa que vive el país desde la perspectiva de una "ventana de oportunidad" para la consolidación de una nueva experiencia societal, para abrir un nuevo ciclo después del largo período que va desde 1976 al 2001(1). Como toda ventana de oportunidad, planeábamos en el mismo argumento, por definición siempre se está cerrando. El señalamiento apunta a traer una mirada temporal e histórica, que demanda estrategias y también tácticas; y a la necesidad de atender a las acciones y los actores necesarios (las acciones que construyen actores, los actores que despliegan acciones) para capitalizarla políticamente. Una crítica, una posición algo diferente, nos ha planteado que la metáfora de la ventana “se queda chica”. Estaríamos ante (mucho) más que eso: ante un nuevo proyecto ya en curso, ya dado. Otro país (2). Puede ser. Hay que construir argumentos para sostener los compromisos, las arduas tareas, las posiciones que se asumen. Hay que decir la realidad para que sea. Entonces, preferimos decir: ante la posibilidad, las señales y la viabilidad de un proyecto. Las condiciones de posibilidad de un nuevo ciclo. Y hay señales y concreciones en esa dirección. Un poco de reconocimiento de lo parcial, de lo “en curso” y de las responsabilidades no descalifica a nadie. Por otra parte, el entusiasmo con la etapa debería convivir mejor con lo incompleto y con lo pendiente. Con los errores incluso. Están también los que dicen que hubo una ventana, pero ya pasó. Como en el film Despertares: fue bello mientras duró.

En todo caso, viendo el camino y asumiendo la parte de verdad de cada enfoque: en términos de oportunidades, aparece el desafío de pasar del momento ver-atravesar "la ventana", a una instancia donde de lo que se trata es de reconocer-detectar-sostener y articular una estructura de oportunidades (3). Y ver, además, la dimensión de estrategia que ha(n) de plasmar y viabilizar un(os) proyecto(s) en los escenarios que ésta construye sobre aquella trama de posibilidades. ***

2. Contundencia de los límites y exigencia de las proyecciones:

Ambas cuestiones vienen de la mano a la hora de pensar la realidad como campo de intervención y no sólo de expectación o interpretación. La dura tarea de encarnar y vivir la politicidad y la historicidad del momento –esquivando la tentación de los llorones y de la impolítica disfrazada de iluminación y pureza (cuando en realidad es simple miedo a la política), con coartada ya sea en la ideología del “todo o nada” o la mirada impresionista de un comunitarismo replegado sobre “lo que siente que pasa”–. Una secuencia ha quedado atrás. Tomando una –otra– metáfora del momento: en la "salida del infierno" hay, resulta que hay, dos cosas. Por un lado, el cancerbero, animal que vigila que nadie salga de allí (los cancerberos prefieren la zona de desastre, sólo saben actuar en medio de la catástrofe y se han amoldado a ella como identidad). Junto a los cancerberos, a metros de donde llega su cadena, hay algo más: los primeros pasos de todo eso que hay más allá de la frontera del infierno (y de otros lugares previsibles, el paraíso por ejemplo). Diríamos: la historia, sin más. El reino de los límites y las decisiones. El lugar donde logros y problemas son siempre parciales. El lugar donde los castigos no son pesadillas infinitas, sino que tienen actores efectivos y son consecuencias de decisiones. Más allá del edén y del abismo, lo que hay es la historia, el mundo y el desafío de la política real. Sitio de mediaciones y parcialidades, de contingencias que suponen decisiones. Mismamente, el lugar de la política. Nuestra historia allí donde es tiempo y lugar. Y es –puede, sólo puede– ser nuestra. El conflicto “del campo” terminó de indicarnos que estamos más allá de los límites del infierno. Y de paraíso alguno, por si alguien tenía dudas. Bienvenidos los límites. Sólo en y con ellos es que es posible tomar decisiones, y que las decisiones sean tales. Son trabajosos: exigen el sudor de la frente. ¿Podía ser de otra manera? Los límites de la conflictividad y la conflictividad de los límites: marco propicio para sostener el desafío de hacer política para abrir, sostener y construir una nueva etapa en la historia política del país. Desde los sectores populares, desde el estado democrático, desde un “nosotros” que siendo también él histórico –fruto de decisiones y contingente, inasible en cierto punto– nos invita a pensar-hacer-decidir. (4) No basta, sin embargo, pontificar respecto a la existencia o emergencia de límites. Como realismo, es pobre también. Y como orientación para la acción, sería obvio si no fuera que nuestra memoria política está tan agobiada y fermentada de años de “resistencia” o “indiferencia”. Vaya entonces, un panorama de estos límites, de lo-que-delimitan, y de las posibles y trabajosas bienvenidas que ameritan.

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Néstor Borri / nestorborri@nuevatierra.org.ar *

* Coordinador del Colectivo Ciudadanía. Director de Formación del Centro Nueva Tierra.

1. Lo caracterización no es original. Pero tampoco anecdótica. Por dos motivos. Desde muchos sectores se ha insistido en que o bien nos encontramos “en la misma secuencia de los ’90, con un neoliberalismo –y su modelo y actores– persistente”; o bien que estamos ante una nueva etapa, sin más, sin –justamente– límites a la vista. Las explicaciones sobre las condiciones, orígenes y responsables de esta “ventana” también difieren y condicionan los posicionamientos políticos de diferentes actores.

2. Como se comprenderá, esta posición nos llega de actores más comprometidos, “jugados” o protagonizando la gestión gubernamental.

3. Sobre la noción de estructura de oportunidades, ver los trabajos de Doug McAdam, John D. McCarthy, Mayer N. Zald en Movimientos sociales: perspectivas comparadas. Oportunidades políticas, estructuras de movilización y marcos interpretativos culturales. Ediciones Istmo, España, 1999.

4. Desde dónde y quiénes (cuál “nosotros”) se sostienen los proyectos políticos, son preguntas que se refuerzan al encontrarse con los límites. En el borde de una situación de catástrofe, el dónde –y la dirección a seguir– están dados por la catástrofe. Entonces, el “nosotros” es…: “todos queremos salir”. El precio de alejarse de una pesadilla es que tales claridades quedan suspendidas, supeditadas a su construcción.

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PROXIMA ENTREGA: 9/10/2008

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14 julio 2008

Comunicación, conflictos y construcción de ciudadanía: LA HISTORIA INVITA

Por Néstor Borri *

En aquellos espacios de trabajo en los cuales desarrollamos instancias de conversación y debate, el llamado “conflicto del campo” obligó a corrernos de las claves en las que trabajábamos y a abrir otras. Nos obligó, sino a desviarnos, a profundizar.

También permitió articular conversaciones que estaban sesgadas. Sin dudas este conflicto modificó nuestras conversaciones e impuso nuevos temas.

Existe un añoso dicho en la cultura política y organizativa argentina: “La organización vence al tiempo”. Es una expresión que dice mucho de nosotros, pero también de esta interesante época que nos toca. Los chinos tienen una maldición: “Ojalá que toquen tiempos interesantes”, dicen. Y estos tiempos interesantes que nos tocan vivir cuestionan incluso esas frases sacrosantas y les dan nuevos sentidos. A veces no resulta tan saludable que las organizaciones venzan al tiempo. Porque las organizaciones que siempre vencen al tiempo son aquellas que no se dejan tocar, abrir e interrogar por él.

Tenemos actualmente la oportunidad de dejarnos interrogar por el tiempo y por la historia. Podemos dejarnos interrogar por lo que acontece y por lo que se cuenta. Esto nos permite, entonces, reflexionar sobre contarnos quién y contarnos qué: ¿Quién es el “nosotros”? ¿Quién cuenta a quién? ¿Qué es lo que hemos de contarnos?

La oportunidad de relativizar

Estar ante el desafío de contar el conflicto significa, entre otras cosas, relatarlo, lo cual nos lleva inmediatamente al ámbito de la comunicación. Y relatar un conflicto es transformarlo en una narración. Y cuando ponemos los hechos en una narrativa y los transformamos en una historia, éstos se relativizan.

Un amigo que viajó mucho por América Latina y trabajó en distintos países sostenía que “depende” es la palabra más latinoamericana del idioma castellano, y particularmente entre los sectores populares. Cuando nos ubicamos allí donde están los sectores populares (en una organización, con los campesinos, en un barrio) siempre vamos con una propuesta. Vamos y contamos una historia. Y luego le preguntamos: “¿Qué le parece?”. Y la persona contesta: “Depende”. Y en esa expresión hay una sabiduría fuerte. “Depende” es una evasiva, pero al mismo tiempo es una respuesta que da margen a quien contesta. Y a la vez es una contestación que lanza nuevamente el diálogo. “Depende” relativiza, y es allí entonces cuando precisamos dar otra vuelta de tuerca a la conversación.

¿Qué es lo que relativiza esa respuesta? Relativiza el poder. Cuando una persona contesta “depende” a una propuesta, un argumento o a una versión de las cosas, en realidad dice menos sobre ese relato que sobre las relaciones de poder que en la comunicación se plasman. Y lo hace porque las quiere poner en otro nivel.

Entonces, en el mismo momento en que nos proponemos comunicar el conflicto y conflictuar la comunicación, debemos decir “depende”. Decirlo implica relativizar y poder cambiar el estándar de las relaciones y de los vínculos. Relatar, relativizar, relacionar y cambiar los vínculos; es decir, hacer una narrativa, matizar las opiniones, poder verlas desde otro lado y ponerlas en relación. Todas esas cosas implica ponerlas en historia. Y así volvemos: ponerlas en narrativa es también ponerlas en historia.

Dejarnos atravesar por la historia

El conflicto trae la historia a nuestros procesos de comunicación. Pero no sólo como relato, sino fundamentalmente como conversación en la que podemos tomar decisiones.

La historia no es sólo una secuencia de hechos. Esa sería una definición de historia vinculada a los libros o a la disciplina científica. El tiempo es historia cuando se abren posibilidades y hay exigencias de tomar decisiones; sino es sólo pasar. Como dice la canción de Eladia Blázquez: “No es lo mismo que vivir honrar la vida”. Y honrar la vida es abrirse a la historia y dejarse interrogar por ella, es reconocer que tenemos algo para decir y contar.

Y al mismo tiempo, honrar la vida es saber que la historia cuenta con nosotros. Y para ello necesitamos saber con qué contamos. Hay que tener algo para decir y para contar, una versión de los hechos. Hay que construir un relato de lo que nos pasa y pronunciar nuestro propio mundo y nuestra propia historia.

En los procesos de trabajo y de formación social y política que desarrollamos trabajamos frecuentemente con mapas. Y allí siempre sostenemos que un mapa no es tanto una orientación o una guía, sino una referencia del territorio. Un mapa es fundamentalmente un instrumento de poder, se inventaron para hacer algo con el espacio y con el territorio. Y eso debe servirnos para ubicarnos en nuestros propios tiempos y espacios. Los mapas nos permiten ver cuáles son nuestros recorridos, qué poder podemos ejercer y cómo el poder nos atraviesa.

El hecho de contar supone siempre otra expresión: “nosotros contamos”. Y eso implica simultáneamente contar un conflicto y conflictuar nuestros cuentos. Allí encarna una tarea de este momento histórico: aprovechar estas inflexiones donde se abre la posibilidad de tomar decisiones para dejarnos cruzar, para permitir no que el tiempo nos venza, pero sí que la historia nos toque.

Mirar más lejos

La historia nos interpela en este momento para buscar respuestas: ¿Cómo generamos comprensión desde los sectores populares respecto a lo que está pasando? ¿Cómo se conecta lo que dice la televisión con lo que pasa en nuestros bolsillos? ¿Cómo se vincula lo que pasa en Tucumán con lo que sucede en la pampa húmeda? ¿Cómo se relaciona lo que pasa en la Puna jujeña con el precio que China paga por la soja?

En ese desafío estamos y por ello resulta importante trabajar algunas pistas que articulen las estrategias y proyectos de comunicación con el momento histórico que atraviesa nuestro país. No sólo esta secuencia del “conflicto del campo”, sino la secuencia histórica más amplia, densa e interesante en la cual vivimos. Y a partir de allí pensar tanto los conflictos como una posibilidad para actuar y construir, como el sentido de la comunicación.

Nuestra labor debe contribuir a desplegar y clarificar la historia de relatos y relaciones que se presentan en la coyuntura nacional. Y en ese sentido, se trata de ensanchar. No podemos vivir con el tiempo histórico que marcan la radio, la televisión y los diarios. Eso es perderse en el tiempo, el espacio y los relatos de otros. No podemos extraviarnos en la cotidianeidad, aunque a veces no tengamos más remedio. Lo tuvimos que hacer porque nos pasamos varias décadas tratando de sobrevivir, estando a puro presente. Pero ahora tenemos la oportunidad de mirar más lejos, tanto sea hacia adelante como hacia atrás.

Salidas de la crisis y sectores populares

Para poner el “conflicto del campo” en una perspectiva más amplia debemos remontarnos hacia atrás, particularmente a la secuencia histórica que tomó forma más visible, cruda y dolorosa en torno a los sucesos de fines de 2001. Ese momento expresó una profunda inflexión y una gran crisis que se visibilizó, se contó y se reconoció como una catástrofe social.

Superamos esa catástrofe, y emergimos de las salidas que a ella se dieron. Hay un reconocimiento común respecto a que ya no estamos en ese escenario de catástrofe, más allá de las distintas interpretaciones que pueda haber sobre ello. Venimos de la vivencia de la crisis, pero también de la experiencia de las distintas salidas.

Y provenimos también de la sensación de que los sectores populares tuvieron un peso central, tanto en el momento de crisis y catástrofe como en las secuencias de salida. Podríamos decir “protagonismo”, pero eso podría matizarse. Decimos entonces que tuvieron un peso central, pero no fueron los únicos protagonistas. Y eso es muy importante, porque cualquier momento de verdadera inflexión no cuenta con un único protagonista. Si así fuera, no habría historia. Si la hay es porque existen varios protagonistas disputándose.

Es importante por ello ubicarnos en ese momento de inflexión que los sectores populares tuvieron, y en el cual no participaron sólo como víctimas. Cierto es que pusieron víctimas, a lo largo de los treinta años anteriores y durante esos días. Pero también tuvieron un rol importante, aunque quizás no el estelar. Porque las películas de la historia no las produce Hollywood. Entonces, no hay roles estelares. Hay participación, relaciones y conflicto.

Las brechas de oportunidad

Y retomando esa secuencia histórica podemos reconocer que nos encontramos ante una ventana de oportunidad, para nuestra sociedad, para nuestra familia y para cada uno de nosotros. Es preciso leer esto desde la propia vida personal, analizar los últimos años y compararlos con las épocas anteriores. Y desde lo vivido pensar, y reconocer que sentimos una oportunidad, algunos más y otros menos. Pero sobre todo que reconocemos un margen y una brecha de oportunidad, particularmente si comparamos con los duros años noventa, y más ampliamente si lo hacemos con el ciclo que comenzó desde la dictadura.

Y esto puede observarse a partir de un ejemplo concreto: si actualmente hay grupos y sectores que están pensando en cómo hacer comunicación desde las organizaciones sociales, y no solamente en cómo conseguir la comida de cada día –como sucedía años anteriores-, se evidencia entonces que la crisis se transformó en una ventana de oportunidad.

Pero también hay que reconocer que, por definición, una ventana de oportunidad siempre se está cerrando. Podemos estar contentos de contar con ella, pero debemos ser conscientes de que su duración no es infinita. La pregunta es, entonces: ¿Qué estamos haciendo para mantenerla abierta? En algún momento se cerrará y las ventanas en la historia no se abren dos veces. Por eso es necesario mantenerla abierta todo el tiempo posible.

Por otro lado, una ventana de oportunidad existe sólo si alguien la reconoce como tal. Si estamos con los ojos cerrados, no hay ventana de oportunidad que nos pueda ser útil. En definitiva, es preciso mantenerla abierta, pero también reconocerla y nombrarla. Y la manera de hacerlo es indagarnos: ¿En qué la podemos aprovechar? ¿Qué se ve a través de ella? ¿Qué se ve para nuestro futuro? Se trata de darle sentido a esa ventana, contarla y ponerla en perspectiva de la historia personal y colectiva.

Y hay que hacer un esfuerzo más, en tanto personas que tenemos un plus de oportunidad porque participamos en organizaciones sociales. Allí tenemos una ventaja y una oportunidad con la que no todos cuentan. Participar en esos espacios es un recurso muy importante.

Entonces, es preciso reconocer esa ventana, pero también plantear un escenario y unas estrategias. A esa ventana también podemos pensarla como una estructura de oportunidad, una noción que supone distintos elementos que se relacionan entre sí con un patrón medianamente reconocible en cualquier espacio. Por ejemplo, eso permite observar, en lugares tan diversos como Catamarca y San Miguel de Tucumán, una estructura común de oportunidades y así aprovecharlas mejor.

Dimensiones de la crisis y del conflicto

Y de las crisis y las salidas, de las catástrofes y las oportunidades, pasamos a esta situación conflictiva que vivimos en torno a la cuestión agraria –por nombrarla de alguna de las tantas maneras en que se la llama-. Pueden reconocerse en este conflicto algunos ejes vinculados a tres dimensiones de la crisis y de la secuencia histórica que se abrió tras 2001.

La primera de estas dimensiones está centrada en el plano económico, aunque más precisamente tenga que ver con los modos de producir, acumular y distribuir riqueza. En 2001 esta dimensión aparecía relacionada al “corralito”, los planes de asistencia social, la convertibilidad, la dolarización y la devaluación. El debate era si seríamos un país con eje en lo financiero o en lo productivo. Y en el conflicto que vivimos actualmente también está presente ese tipo de debates, pero en otra modulación. Ahora la cuestión es: ¿Quién se queda con la renta extraordinaria de la exportación de los alimentos? ¿Qué se hace si acordamos que se puede extraer parte de esa ganancia e invertirla en otro ámbito? ¿Qué hacemos socialmente con eso?

También la dimensión de la representatividad estaba en juego entonces y lo está actualmente. A fines de 2001 se dio en forma de una gran impugnación: “Que se vayan todos”. Y ahora resulta interesante que hay muchos actores, algunos más jóvenes y otros más viejos, que provienen de distinta clase. ¿Quién representa a quién? ¿Quién representa a los productores? ¿Quién a los pequeños y quién a los grandes? ¿Quién representa al pueblo? ¿Es el pueblo el que está en la calle? ¿Son las entidades? ¿Es el gobierno? ¿Son los partidos políticos? ¿Son los movimientos sociales? ¿Qué papel cumplimos nosotros allí? ¿Es la tele la que representa a la gente y la gente al pueblo? Estos interrogantes los apreciábamos en 2001 y también están presentes ahora. Interrogantes sobre la representatividad en todo sentido, pero en particular sobre quiénes son los dirigentes y cuál es la representatividad política, sobre quién legítimamente puede tomar decisiones políticas que afectan, deciden y configuran el modelo de acumulación.

Y por último hay una tercera dimensión, más sutil, que puede verse entre líneas: una crisis sobre las reglas de juego, eso que técnicamente suele denominarse “régimen”. Se trata, en definitiva, de crisis en las reglas de juego: ¿Quién tiene derecho a reclamar? ¿Cómo se reclama? ¿Quién tiene derecho a ganar más? ¿Quién tiene la palabra autorizada? ¿Cómo hay que hacer para protestar (cómo hay que vestirse, de qué color, de qué forma hay que hablar, cómo tienen que ser los carteles)? Pueden parecer cuestiones anecdóticas, pero detrás de ellas hay largas historias acerca de cómo son las reglas de juego y quién decide lo que es legítimo en el fragor de la disputa.

Conflictos, escenarios y comunicación

En estas tres dimensiones es posible reconocer pistas y posibilidades de un nuevo ciclo de la vida social y política del país. En líneas generales, podemos sostener que hay un ciclo prácticamente acabado -o que al menos cambió profundamente su legitimidad y podemos dejarlo atrás-. Más susceptible de discusión es si somos capaces de hacerlo. Porque para que un ciclo de la historia se cierre, hay que abrir otro. Y eso es relativo, pues depende de con qué cosas contamos: si contamos con cada uno de nosotros, si podemos articular un relato sobre un nuevo ciclo, si podemos tomar decisiones.

Tanto a fines de 2001 como en la actualidad estábamos en condiciones de ver pistas y posibilidades de la vida social y política de nuestro país. Porque el conflicto da forma a los escenarios, constituye los actores y orienta las luchas, aunque muchas veces creamos que es al revés. Es el conflicto quien arma el escenario y define cuál es el contorno hasta el cual se extiende la disputa. Aunque en muchas oportunidades creamos que son los actores quienes plantean los conflictos, resulta interesante pensarlo a la inversa: si no hay conflicto, no hay escenario. Es el conflicto quien define a los actores, sus cercanías y distancias.

En el actual conflicto podríamos reconocer muchos actores: las cuatro entidades del campo, el gobierno, los sectores políticos, la oposición, las organizaciones sociales, la ciudadanía en general. ¿Qué hace falta entre tanta enumeración? Es necesaria una palabra que contribuya a ordenar, un mapa que ayude a transitar y encontrar dónde ponerse y cómo orientarse.

De la resistencia a la propuesta

Estamos en momentos de inflexión y de cambio, anclados en ese tiempo largo desde 2001 hasta la actualidad. Resulta entonces importante pensar, particularmente en esta secuencia vinculada al “conflicto del campo”, cómo dar algunos pasos necesarios.

Muchas organizaciones vienen de prácticas centradas en lo micro y ancladas en el territorio y en lo local. Prácticas llevadas adelante en clave de resistencia y de demanda. Prácticas y objetivos vinculados a la supervivencia, a sacar adelante a los más jóvenes, a llegar a fin de mes. Y muchas veces ni siquiera a eso, porque “fin de mes” es una expresión importante en las sociedades en que hay salarios, pero donde estos no existen es un momento más del calendario.

Y numerosas organizaciones vienen también de prácticas desde afuera del Estado o, al menos, sin elementos institucionales fuertes. Y muchas veces contra el Estado, o a pesar del Estado. Con distintos nombres y modalidades, muchas provienen de ese tipo de prácticas, así se llamen populares, sociales, comunitarias o de la sociedad civil.

Pero ahora están desafiadas por un nuevo escenario, marcado por conflictos que plantean tareas en varias escalas (nacional e incluso latinoamericano) También están desafiadas por la necesidad de tener propuestas y estrategias consistentes. Ya no es suficiente resistir, hace falta algo más. No se trata de dejar de resistir, pero no basta con ello. Porque se han abierto brechas, y ante eso hay que contar con propuestas y estrategias significativas. La mejor manera de neutralizar a muchas organizaciones es decirles: “Vengan, colaboren y hagámoslo juntos”. Y no es culpa de ellas, pues tiene que ver con la historia y el escenario de resistencia en que se han formado.

Estrategias para distintos ámbitos

Estamos además ante otra situación paradójica: esas organizaciones han generado con sus luchas más oportunidades de las que son capaces de asumir. La brecha de oportunidad es grande y se ha abierto por esas luchas. No sólo por ellas, pero en gran medida por esas luchas. Pero la brecha es más grande de la que puede asumirse.

¿Qué desafío entraña esta situación? Si antes reconocíamos prácticas orientadas a la supervivencia, ahora estamos ante el desafío de desplegar prácticas orientadas a construir ciudadanía, poder social y organización popular, a formular y desarrollar proyectos de país. Ese suele ser un reclamo muy asiduo y sencillo –“no hay proyecto de país”-, pero ahora está la oportunidad y es preciso tener la valentía de formularlo. Y en paralelo a esta cuestión, también está el desafío de trabajar con capacidades estatales, económicas y sociales y de tener actores y estrategias en todos los ámbitos.

Durante muchos años se sostuvo que el espacio de las organizaciones era la sociedad civil. La economía, los factores políticos y sobre todo el Estado eran los malos. Eso generaba que las organizaciones se quedaran en lo micro y en lo comunitario, porque se suponía que ése era su ámbito y todo lo demás era denostado.

La catástrofe, la crisis y el conflicto nos traen la memoria de otros momentos de la historia en que los sectores populares se reconocieron en distintos ámbitos: no sólo en el ámbito de la sociedad civil, sino también en las organizaciones políticas, en los movimientos sociales articulados a gran escala, en la gestión estatal y en el espacio de la disputa económica. Ante esos nuevos desafíos nos encontramos.

Nuevos territorios, nuevos desafíos

También hay otro proceso que estamos atravesando: el conflicto se está corriendo desde el territorio a un espacio más amplio, pero fundamentalmente a un espacio más ajeno a muchas organizaciones.

¿Por qué muchas de ellas estaban solamente en el territorio? Porque no había trabajo, y ante eso su accionar se replegaba cada vez más hacia el barrio: los circuitos cotidianos y los lugares más vinculados a la subsistencia están enclavados en el territorio.

Ahora se abre un espacio más amplio. Se trata de un territorio de relaciones, un terreno político vinculado con ese gran espacio de lucha que es la puja distributiva. Y allí se vuelven importantes, entre otras cosas, la cuestión salarial, las condiciones laborales, los impuestos (en última instancia el debate sobre las retenciones es un debate sobre impuestos)

En ese marco, ¿dónde quedan aquellas prácticas territoriales? A priori no deberían quedar afuera de ese territorio de luchas distributivas, sino que muchas de ellas tienen un nuevo e interesante allí. Porque si este conflicto distributivo se da respecto a cómo se captan las ganancias extraordinarias, a cómo se organiza una estructura tributaria, a cómo se aplican retenciones, a qué pasa con la inflación o a cuánto valen los alimentos, eso también atraviesa las calles de pueblos y barrios, y tiene que ver fundamentalmente con el destino de los recursos estatales. Siempre hay políticas públicas, pero ahora la pregunta central es adónde van dirigidas y qué se hace desde las organizaciones para construir y forzar opciones en ese ámbito.

Entonces se reconfigura aquel lugar original, porque aparecen desafíos y espacios ajenos. O espacios difíciles de encontrar. Y eso es lo más importante: estar ante otros lugares, otros desafíos, otros temas que los de siempre. Y ante otras personas, otros colectivos y otras organizaciones que las de siempre.

La distribución de las legitimidades

Estamos en la puja distributiva por la riqueza y los ingresos, pero también es preciso preguntarnos acerca de cómo se reparten el poder y el reconocimiento. Porque el poder y los recursos se les asignan a aquellos que son reconocidos como legítimos de percibirlos. Y eso está muy vinculado a las estrategias de comunicación. La comunicación administra reconocimiento.

¿Cómo se conectan estas distintas cosas? Muchos actores están ante el desafío de dejar de ser denunciantes o espectadores y de superar la fragmentación. Están ante la oportunidad de proponer, gestionar y conducir, ante la ocasión de articular la organización. Y articular no es solamente construir redes. En la historia debemos apoyarnos para recordar que durante muchos años se han construido redes, al tiempo que teníamos cada vez más fragmentación. Es preciso darse el trabajo de analizar qué tienen que ver entre sí las prácticas de las distintas organizaciones, y en particular las prácticas comunicacionales.

Arenas, agenda y actores políticos

Puesto que el conflicto atravesado plantea una nueva agenda, es preciso entonces definir un esquema de tareas. ¿Qué tenemos para conversar respecto a esos temas? ¿Qué tenemos para debatir y confrontar? ¿Qué tenemos para proponer? Porque no es sólo una nueva agenda de temas interesantes, sino que es una agenda de temas de conflicto y, por lo tanto, de temas de lucha.

El conflicto también plantea nuevas arenas políticas. Esta expresión proviene del circo, aquella arena en la que peleaban los gladiadores. Muchas veces suele pensarse que la política tiene que ser una cosa elegante, de mucho diálogo y corrección. Pero la arena política es la del circo, aquella en la que se ponía el cuerpo y se tomaban riesgos. Entonces, ¿cuáles son esas nuevas arenas que se presentan? ¿Qué clase de riesgos somos capaces de tomar para luchar en esas arenas?

Y finalmente también nos encontramos con nuevos actores: ¿Quién hablaba hace unos meses de la Sociedad Rural? Y además ocurre que muchas organizaciones se transforman en tanto actores. Entonces, hay nuevos actores porque aparecen algunos en el escenario, pero también porque otros se ven desafiados a actuar distinto. Y allí lo que se juega no es tanto la identidad, sino lo que cada uno de ellos hace. El conflicto es una relación que crea sus términos. Cuando se involucra en él, cada actor se transforma individual, organizativa y colectivamente. Ahí se transforma la sociedad.

Ante eso, ¿qué hace la democracia? Pone el conflicto en el centro y postula que no se trata de cerrarlos, sino de abrirlos. Por eso la democracia es un régimen de transformación: un fundamento basal de su juego es que el conflicto debe estar abierto.

La distribución de la riqueza como debate

Podemos recorrer una lista de palabras vinculadas a los desafíos y preocupaciones de la actualidad: retenciones, campo, soja, agricultores, precios, paros, cortes, protesta, plaza, lock-out, gobierno, presidenta, ministros, Estado, gobernadores, campo, interior, trabajo, modelo, discursos, prensa, libertad de expresión.

Pueden compararse con los temas de agenda, las arenas de lucha y los actores de años anteriores: planes, barrios, comedores, desocupación, pobreza, organizaciones, redes, comunidad, gobierno, política, funcionarios, técnicos, privatización, neoliberalismo.

Apareció en los últimos tiempos una expresión no muy mencionada años anteriores: distribución de la riqueza. Hace diez años ése no era un tema de debate. Lo eran la pobreza, la desocupación, la asistencia, pero no la riqueza. Arenas diseñadas por otros, agendas planteadas por otros y muchos actores configurados para ese escenario. Y por eso se decía: “Hay que hablar sólo de pobreza”.

Un caso paradigmático fue el de una fundación benemérita, con la cual muchos hemos tenido contacto, cuya consigna era muy significativa: había que dejar que los pobres se ayudaran a sí mismos. Esa era su tramposa consigna de transformación, porque en nombre del empoderamiento y del protagonismo, ¿qué hacía con los pobres? Los dejaba solos. En el mejor de los casos, les decía como Moria Casán: “Si querés llorar, llorá”. O como Coca-Cola: “Seguí participando”. Pero había que arreglarse con la pobreza. Con la riqueza no había que involucrarse, porque la riqueza era de otros.

Y cuando aparece la distribución de la riqueza como tema de debate, es necesario preguntarse cómo fue apareciendo y cómo aparece hoy: ¿Cómo estaba oculta en el escenario? ¿Cómo fue creciendo? ¿Cómo fue apareciendo? ¿Cómo la fuimos trayendo otra vez a nuestra agenda? ¿Cómo se manifiesta hoy? ¿Qué significa hoy, en esta coyuntura, hablar de distribución de la riqueza? ¿La riqueza de quién? ¿Qué distribución? ¿Cuánta? ¿Para qué? ¿Cómo? ¿Con qué mecanismos? ¿Quién la pelea? ¿Quién la propone? ¿Quién la niega? ¿A quiénes? ¿A dónde nos lleva? ¿A hablar de qué cosas? ¿En qué lugares? ¿Con quiénes?

Nos permite hablar, por ejemplo, de modelo productivo, de sojización, de desabastecimiento, de lock-out, de políticas públicas, de incidencia. Temas que desde hacía mucho no hablábamos o de los que no hemos hablado nunca. Ante eso, ¿cuál es el desafío? Tratar de hacerse cargo de esta historia, aquella que nos indican nuestros temas de agenda y nuestras arenas de lucha. Nuestra historia como actores, de nuestras relaciones con otros y de las articulaciones que podamos crear.

Interrogarnos desde el conflicto

Y a partir de esos desafíos es necesario pensar el conflicto en tres claves. En primer lugar, el conflicto cruza y corta. Tenemos allí una primera pregunta: ¿Cómo el conflicto cruza y corta nuestros proyectos de comunicación, nuestras prácticas y nuestros mapas de actores? ¿Dónde se toca con nuestra vida personal, con la vida de nuestro barrio, de nuestro pueblo, de nuestra organización? Ahí donde cruza es que corta, y así traza una frontera. Es la frontera de la política, aquella del amigo – enemigo.

Puede resultar duro expresarse en esos términos, pero la política es eso. Solamente que en democracia al enemigo no se lo mata, sino que se lo vence debatiendo, con relato y con argumento. Y también se le gana con fuerza, poniendo el cuerpo.

En segundo lugar tenemos otra pregunta: ¿Qué cuestiona el conflicto? Y no acerca de los otros, de los malos, de los poderosos, sino ¿qué cuestiona de nosotros y de nuestras prácticas? ¿Qué nos interroga? ¿Qué interrogantes presenta a nuestras prácticas organizativas, comunicacionales, sociales y políticas?

Y en tercer lugar, ¿qué crea el conflicto? ¿Qué oportunidades de creación brinda? ¿Qué prácticas comunicacionales nos invita a construir? Las prácticas comunicacionales son la dimensión comunicacional de prácticas históricas. Entonces, ¿que oportunidad crea para nuestras organizaciones y para las distintas prácticas de nuestras organizaciones?

Contenidos desarollados en abril de 2008 en el encuentro de cierre del ciclo de formación Comunicación, organizaciones sociales y construcción de ciudadanía enmarcado en la iniciativa Contalo Vos (Dirección de Formación de Actores Territoriales – Ministerio de Desarrollo Social de la Nación) y Espacio NOA.

* Equipo Colectivo Ciudadanía. Director del Área de Formación del Centro Nueva Tierra.