Mostrando las entradas con la etiqueta kioscos guetos corrales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta kioscos guetos corrales. Mostrar todas las entradas

21 septiembre 2010

Kioscos, guetos y corrales 6

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 6 de 6: Lecturas, revisiones necesarias. Por dónde ahondar…
Va el último envío de la serie de pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Esperamos sus aportes y comentarios respecto a las líneas y abordajes necesarios para ahondar la construcción.
Ilustración: sebastián prevotel
  1. Lectura sobre los debates: fecundidad, consecuencias, esterilidades, bloqueos, los que hay que abandonar, los que faltan, lo que hay que reforzar.
  2. Necesidad de reconocer los logros, cierto acumulado y, recortado sobre éste, una brecha, no sólo de las demandas iniciales que no se pudieron satisfacer, sino de las nuevas demandas que aparecen en el camino. Nuevas fortalezas y nuevas debilidades que surgen al avanzar.
  3. Una lectura sobre los actores: desde nuestros recorridos, esto consiste en ver cómo y cuánto las organizaciones sociales son necesarias pero insuficientes como actores. (Como hemos dicho en otros ámbitos, lo que nos trajo hasta acá, tiene el merito de habernos traído, pero no necesariamente nos alcanza para el siguiente tramo).
  4. Tenemos un interrogante y un desafío sobre el tema de lo cotidiano, lo masivo, lo que sale de los circuitos cerrados, la heterogénea experiencia concreta de las mayorías, lo público y los públicos. Pero al mismo tiempo nos preguntamos qué significa proyectarse, ver lo de fondo lo estructural: como no recaer en un trabajo de base, de sobrevivencia, micro, etc. La pregunta es qué hay en el medio de esos dos extremos, qué clase de zonas de acción conectan esos dos ámbitos. Qué clase de prácticas, qué espacios y qué tiempos, qué nudos…

La cotidianidad, vida cotidiana, su espacio, su tiempo y sus vivencias, no son “la contracara” de la política: Son su lugar de su realización, de su vida, de su caminar. ¿Que pasa con la cotidianeidad en la instituciones, en la organizaciones, en los debates, en los medios, en los discursos de las dirigencias? ¿Cuántas cotidianeidades aparecen?

23 agosto 2010

Kioscos, guetos y corrales 5

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 5 de 6: Los actores y sus desarrollos. Lo político, lo público, las propuestas, las tareas…
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración: Sebastián Prevotel

En la etapa actual hay que dar cuenta del estado particular de la gestión pública y la representación política, junto con el proyecto político que se sostiene. Hay que dar cuenta de las tres cosas al mismo tiempo, para poder pensar tanto sobre la construcción de consensos sociales para continuar avanzando, como también para resolver demandas pendientes, y nuevas necesidades internas y externas, algunas directamente vinculadas con la vida cotidiana de la gente y otras con otros frentes de trabajo. ¿Qué significa implicarse con la historia, con lo político y con lo público en estos planos?

Para poner un ejemplo. Si tomamos un avance, por ejemplo, una obra pública importante o un plan/política como la asignación universal: Qué implica como impacto en lo cotidiano? ¿EN lo cotidiano de quiénes y de cuántos impacta? ¿A qué distancia estamos nosotros de esto? ¿Dónde podemos evaluarlo? ¿Quién construye el sentido de ese impacto? ¿Cómo se refleja en la relación de esas personas “impactadas” con el estado, con los gobiernos? ¿Y su relación con lo colectivo? ¿Qué pasa con la presentación política.¿Cómo se conecta con “la dirigencia”? ¿Qué idea tiene respecto a qué puede hacer para aprovecharlo, proyectar, optimizar el beneficio obtenido?

Los actores en la gestión pública y el espacio –los momentos, las instituciones– donde estos se encuentran e interactúan con otros son centrales en este problema. Y la lógica de guetos, la falta de escala, la necesidad de masificar, la posibilidad o imposibilidad de interpelar pesa también acá. Lo mismo los actores que no están de manera directa en la gestión pública, pero tienen como función proveer cuadros y funcionarios, como los partidos políticos y, los movimientos sociales afines.

¿Quién abre las ventanas? ¿Quien propone horizontes mayores que sean significativos? ¿Quién señala caminos a recorrer y ofrece a recorrer en conjunto otros tramos de participación, de implicación? ¿Quiénes proveen caminata colectiva, quién acompaña una experiencia “a la luz del sol” de lo público, de la histórico? Siendo que en muchos casos esto es grato pero también tiene algo de “caminata por el desierto de lo real, de lo histórico”… ¿Cómo animar a emprender estos caminos de construcción tan necesarios hoy? Acá no hace falta mero optimismo: hace falta entusiasmo, y una capacidad de aguante y de disfrutar logros parciales. Mirada estratégica… y acción concreta. Síntesis y apertura.

Recordando que El problema de los guetos no es ser una parte, no es la limitación: el problema es estar encerrados y no saberlo, o mejor, negarlo. Es desconocer la limitación... Olvidar el afuera.

Mucho se ha hecho en términos de reconstrucción de un estado que fue destruido en las últimas décadas. (El estado en tanto estructura pero también como presencia en la sociedad. Lo que se destruyó fue sobre todo un vínculo). Sin embargo, son grandes los límites y pendientes.

Un gran punto en esto es la necesidad de cuadros, de dirigencias, de una “elite” –no hay que tenerle miedo a la palabra– que conduzca y homogenice el camino, los trayectos.

Una zona a explorar: las organizaciones sociales que no están enmarcadas en movimientos y a la vez no están que no son estrictamente onegeista. Hay un trabajo de capitalización y activación política de esos actores en políticas públicas. Fuerza dispersa que hay que interpelar. ¿Desde dónde? ¿Quién y qué las interpela actualmente?

Lógica que no funciona... Base material: tengo recursos del estado e intento capitalizar políticamente. Hay algo de la lógica con la que se hace esto que no funciona. ¿Cómo se transita de gestionar políticas a construir políticamente? Tenemos repertorio de pensamiento que no se puede traducir en vida cotidiana.

Para seguir: Trabajar sobre los imaginarios individuales y colectivos sobre los cambios, sobre las expectativas, sobre qué se espera, sobre qué se puede esperar. Qué proponer y que prometer. No se puede recurrir a lo mismo siempre: en las promesas y en las prácticas “eficaces” hay momentos de epifanía y también de recaída, de agotamiento. Un riesgo acá: Recaída en repetición y mismidad.

Pero entonces, el punto es qué hay que construir. Cómo generar un planteo que permita no decepcionarse. Seguir combatiendo y contraponiendo otra cosa a la Mirada muchas veces muy mágica de lo que los procesos significan. Al mismo tiempo la sobre exigencia tiene un límite. Y, además, hay que combatir el pensamiento mágico, pero… alguna magia hay que proponer.

Aquí, en la variedad de dinámicas que hay que reconocer, en la pluralidad de herramientas y de estrategias que hay que inventar, vale recordar la necesidad y posibilidad de aprender de la experiencia de nuestra historia pero una mirada más rigurosa y más detenida sobre construcciones en América latina: Brasil, Bolivia, Uruguay (Como ejemplos de construcción de herramientas y movimientos políticos, proyectos de poder democrático que se sostengan. NO porque sean mejores o porque sean aplicables, acá, sino justamente porque son distintos).

Pensar, también, en esta ardua tarea de reconstruir proyectos de país, de políticas, de colectivo, de políticas públicas, qué significa aportar y qué esperar a cambio. Como se aporta, qué resulta…

Para los que venimos del trabajo con organizaciones sociales, lo comunitario y lo barrial es importante una comprensión y acercamiento a las dinámicas organizativas, económicas, de negociación y de lucha en el mundo del trabajo organizado formal, el movimiento obrero organizado, los proyectos políticos y políticas públicas.

Centro Mapas

24 junio 2010

Kioscos, guetos y corrales 4

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 4 de 6: Instalar-actuar: Entre las convicciones y el entusiasmo
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración:  Sebastián Prevotel

Necesitamos profundizar el debate de fondo sobre el neoliberalismo persistente y que se reproduce, que subsiste y que se recrea.

Ante la disyuntiva de darse una estrategia de instalación o esperar que otros tomen la iniciativa, es necesario estar atentos a cuales son las lógicas y dinámicas de instalación en juego. Comenzando por considerar que una lógica de instalación no es de “convicción”; supone cierta incertidumbre.

El riesgo de caer en la lógica de gueto siempre está presente. Viene junto con el riesgo de hablar siempre entre convencidos y de refugiarse en la propia certeza.

Tiene que ver con el interrogante sobre la vida cotidiana en los planteos y debates políticos: el riesgo de que la convicción se vuelva insistencia, la insistencia repetición y la repetición, sencillamente, aburra y repela.

Lo contrario del aburrimiento no es la novedad si no la vitalidad. La significación. El sentido. La continuidad de la creación y de los interrogantes. La ecuación. La vida. Mantener las propias motivaciones al tiempo que el impulso y el encanto de la tarea a largo plazo.

Por ejemplo, la disyuntiva que dice “la ley de medios o los monopolios” implica un razonamiento que no alcanza. No porque sea equivocado como razonamiento, sino que es insuficiente para interpelar de manera efectiva a quienes vayan a defender a ley de medios.

Volviendo a los debates: ¿qué clase de análisis de contexto puede generar nuevas convicciones y entusiasmo?

El momento demanda dar debates concretos y no coyunturales que, sin embargo, se den en la coyuntura. También, dar debates amplios pero al mismo tiempo afirmase con unos buenos criterios.

Ahí la pregunta es cómo abordar lo concreto no coyuntural, zafando de la realidad sin espesor, de los debates sin apertura, de las certezas sin interrogantes, de las acciones sin consecuencias.

11 junio 2010

Kioscos, guetos y corrales 3

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 3 de 6: Militancias y guetos. Lógicas para procesar/intervenir conflictos
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración: Sebastián Prevotel

Cuando hablamos de guetos y militancias, centralmente nos referimos a un riesgo: del de quedar encerrados en círculos de conversaciones, preocupaciones, temas, debates y “luchas” que solo implican a pequeños grupos, o en todo caso que dejan afuera a una parte demasiado considerable de la sociedad, o de los que deberían estar implicados e involucrados para que el debate tenga consecuencias serias.

Esto sucede con varios tipos de militancia. El gueto es un lugar de encierro, de aislamiento y de repliegue, de que, en muchos casos, se olvida que es eso mismo. Aparece la “costumbre” de vivir dentro y parece que ahí sucede todo. En el gueto hay algo “tranquilzador”…

Existe un déficit de interlocutores y sujetos sociales que puedan llevar adelante una propuesta con consecuencias favorables para la vida cotidiana de los sectores populares. Debates con consecuencias que respalden, generen y alimenten los intereses de los sectores populares / los trabajadores en general. En este punto, vemos que en muchos ámbitos y en torno diversas reivindicaciones, aparece el riesgo de proponer un país para todos con un debate para pocos. Mientras tanto, los medios de comunicación proponen un país para pocos con un debate para todos.

Los militantes sociales y/o políticos –que hacen-hacemos de la militancia identidad, sello y estilo de vida– pensamos, proponemos, exhortamos a poner garra para un país para muchos. Pero los debates que logramos sostener , muchas veces interesan e interpelan a unos pocos. Para contrastar, vale estar atentos al hecho de que actores como los grandes medios de comunicación piensan un país para pocos, pero interlocutan con muchos. Una parte de esta tensión por supuesto tiene que ver con la diferencia de poder que pueden tener

Por la inversa, un ejemplo. Un error muy frecuente de concepción al dar la batalla con los medios: Considerarlos sólo como enemigos, o pretender que las personas los identifiquen como tales, es desconocer que para la mayoría de la población los medios de comunicación son portadores de significados y culturas que representan en interpelan. Son proveedores de culturas y sentidos que la razón lineal que alimenta nuestra tradición de militancia social y política tiende a desplazar: culturas del afecto y el sentimiento, del erotismo y la sensualidad, del azar y la incertidumbre, del humor y la irrespetuosidad, de la cotidianidad y la construcción cotidiana de sentido para la vida.

Esto no hace necesariamente amigables a los medios de comunicación en tanto actores políticos. Sin embargo, verlo así es un paso para asumir que las estrategias de hacer circular el mapa de propiedad de medios o etiquetar con una careta de gorila a Ernestina Herrera de Noble o a Joaquín Morales Solá son insuficientes e ineficaces. Si se quiere, por ejemplo, que mayorías defiendan la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, no basta con la denuncia y la repetición de la disyuntiva “la nueva ley o los monopolios”. Hacen falta unas vueltas de tuerca de complejidad y creatividad en las estrategias para construir adhesión y respaldo amplio de la ciudadanía.

¿Cómo interpelar eso que los medios proveen? ¿Cómo proveer nuevos repertorios sin denostar las culturas –contradictorias pero también válidas y valiosas– que los medios levantan, expresan y reproducen?

El perfil “militante” no es masificable. O dicho al revés, como pregunta y entrándole por la inversa: ¿Qué tipo de implicación en la participación, qué tipo de compromiso e involucramiento es posible proponer –y esperar– de las mayorías, para sostener proyectos a todas las escalas?

Decir que el perfil ‘militante’ no es masificable no es sencillo. Puede tener su costo afirmarlo y ser consecuente con ello en algunos espacios. Pero es necesario evaluar en qué medida esto es y ha sido así. Y que lo es más en contextos de alta fragmentación y en una secuencia histórica como aquella de la que venimos. Tenemos una larga y dolorosa experiencia de país que lo constata. También lo demuestra una larga tradición pedagógica y de trabajo con la cultura popular y política en nuestro país y América Latina.

Pero, si el perfil del militante no es masificalbe, ¿con qué perfiles actuar o qué tipo de perfiles construir en sectores amplios de la sociedad? La pre-tarea: Hacerse una imagen de “sectores populares con capacidad política” que sea realista pero no claudicante, que sea ambiciosa pero no mágica, que sea viable, alcanzable y al mismo tiempo superadora.

Nos encontramos continuamente con guetos de pensamiento y acción. Nos movemos entre corralitos de convencidos que bloquean la interpelación a y la construcción con sectores más amplios.

El problema con los guetos no es su condición de parte, si no el encierro y el aislamiento. Es esperable y fundamental que haya partes y partidos en el juego democrático.

Un camino para des-guetizar: Desesencializar el discurso, ir de los sustantivos y los nombres propios a los verbos. También: Nunca dejar de preguntase si acaso las cosas no se pueden hacer de otra manera.

El esquema que plantea su eje en identificar y confrontar enemigos todo el tiempo para procesar los conflictos sirve y construye en cierto marco y con ciertas condiciones. Es un riesgo o por lo menos un error valerse de este esquema en todos los contextos.

Cuando la actual gestión de gobierno asumió su primera etapa, en un escenario de debilidades múltiples, ese esquema fue útil para construir una base mínima de apoyo y poner límite a intereses que pugnaban por volver al status quo neoliberal. Desde el 2008, por distintas razones, ese esquema parece haberse agotado en Argentina.

La militancia y ciertos guetos hacen su parte en reproducir la lógica que soporta y da sentido a ese esquema se agota en nombrar y confrontar al “enemigo”.

Algunos límites de la mirada-lógica-esquema de confrontación de enemigos:

  1. Como toda estrategia, funciona para un determinado contexto. No ver eso puede significar la reproducción de escenarios anteriores o, simplemente, quedar por fuera de los actuales.
  2. La lógica de confrontación del enemigo tiene a su favor la simplicidad del esquema que propone. En tiempos de escenarios en movimiento, la complejidad y dinamismo de la realidad escapa a esa mirada o, peor, se da de frente con ella. El riesgo ahí es del autismo.
  3. La mirada de bloque que supone, puede servir para aglutinar más allá de las diferencias. Si embargo hay momentos en los que reconocer las diferencias (tanto de un lado como del otro) y trabajar con ellas puede ser vital.
Centro Mapas

03 junio 2010

Kioscos, guetos y corrales 2

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 2 de 6: Lo cotidiano, los márgenes, los límites
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración: Sebastián Prevotel

Luego de la crisis del 2001 y 2002 en Argentina, a partir del periodo abierto en 2003 y –sobre todo– desde el llamado ‘conflicto del campo’; las experiencias de construcción y de contienda democrática nos hacen preguntarnos una vez más por la posibilidad de claves más integrales para pensar la política y lo que ella implica de acción, compromiso y construcción. Es evidente el desfasaje entre lo que hoy la política propone y la vida personal-cotidiana de las grandes mayorías.

Hay hechos puntuales que conforman el marco de este proceso:

  1. Se reinstala la política como el ámbito de práctica, de discursos, de decisiones, de instituciones y de luchas, de herramienta y actores que define, puede definir de manera efectiva los problemas de la sociedad.
  2. Se suman nuevos actores a la arena política.
  3. Aparecen, claro, todos los límites y demandas que a la política le realiza la sociedad, la realidad, las experiencias de muchos. La política es una promesa que está presionada a ser cumplida, más que otras promesas y con más exposición que otros “mitos que dan respuesta”: está más expuesta y sujeta a debate público (a diferencia de instituciones “inexistentes” en la realidad, como “el mercado”, que no es un actor real sino una ficción de los poderes fácticos (extra-democráticos, que se mantienen al margen de los debates…)

Lo que quedó de manifiesto entonces, es la inevitabilidad pero también los –altos– costos de los conflictos. Por otro lado, los límites de la fuerza y de la inteligencia para intervenir en ellos. Ambas cosas implican una tarea, una necesidad, de ponerse en perspectiva de proyecto de largo plazo, con una mirada que tiene que trascender:

  • Nuestros propios paradigmas y “costumbres” de pensamiento y práctica.
  • El repertorio y el conjunto de estrategias y prácticas de los actores de quienes en general se espera “una solución” (por ejemplo, no esperar todo del estado, de las dirigencias, de los conductores, etc.). Ver sus límites sin condenarlos: hacer una crítica que sea conocer-crear nuevas cosas. Sin encerrarse en “micro-creaciones” o “mini-estrategias”.

Una síntesis posible de este desafío la encontramos al reconocer que el momento del ciclo social y político que vivimos nos sigue poniendo, día a día, frente a la complejidad y la densidad de lo real de nuestra sociedad. Y frente al hecho de que “la ventana de oportunidad” que hemos señalado en otras oportunidades y la sociedad reconoció hacia 2001 y siguientes, era eso: sólo una ventana.

Del lado de lo que hay que asumir, nombramos así lo que nos desafía: El largo plazo, el reto de una construcción que no es mágica ni de un día para otro, que es efectivamente una construcción. Y que es la construcción de una hegemonía compleja, no lineal, no de un solo actor, no de una sola solución, sino de un ejercicio costoso, incierto: Que reconoce el alto grado de fragmentación. Que se sostiene y es capaz de proyectarse más allá de obstáculos e incluso de retrocesos. Que asume escenarios de mucha limitación e incluso de derrota eventual (o no tanto). Que requiere unas subjetividades, unas organizaciones, unas maneras de actuar y de sentir, unas capacidades de mantenerse con otras realidades, no superficiales. Que exige al mismo tiempo formación de fundamento y sofisticación y exigencia en la intervención (creatividad y riesgo).

En la dinámica del ágora pública, en donde lo político y la política son puestos en escena, los medios de comunicación son hoy un actor estructurante y proveen un sentido común difícil de rebatir por su propia contundencia. El conflicto democrático repica ahí como mal humor y desentendimiento y no como lo que es: una realidad ineludible al tiempo que posibilidad para las mayorías de no ser sólo espectadores.

Esto está conectado a lo anterior en un punto nodal: Quiénes marcan la cancha y cómo aparecen las temáticas tiene que ver con relaciones de fuerza, pero también con los repertorios que se manejan para interpelar lo cotidiano, lo personal, la vida de todos los días.

A la vez, mucho del debate político y mediático se mueve a nivel de la “espuma” de los procesos y persisten núcleos duros que nadie llega tomar. Muchas de las veces, difícilmente se los llega a nombrar. Son muchas las cosas importantes que pasan inadvertidas. Tanto para la sociedad en general como para los actores que nos identificamos como cercanos a los intereses de los sectores populares.

Entonces, hay una gran cuestión ahí: Cómo constituirse en detectores y “ponedores en agenda” de los temas importantes, “respetando” la sensibilidad de aquellos a los que les “gusta” la espuma o están, por el motivo que sea, sumergidos en ella (recordando que todos lo estamos y, a no pocos, nos gusta… o sea que reproducimos parte de esa superficialidad).

Una piedra de toque: Interpelar la subjetividad ahí donde es masiva. En lo cotidiano-masivo, lo micro hecho macro. Preguntando qué es y donde está y en todo caso, cómo se construye, aquello que interroga la experiencia cotidiana en términos políticos.

Al abordar esa pregunta nos encontramos con cruces de distinto tipo: ¿Qué lugar se la asigna en la construcción colectiva al componente individual y a los sujetos comunes? ¿Qué lugar tiene lo colectivo si lo que se interpela es la vida colicana? ¿Qué significa lo colectivo para lo personal y lo masivo respectivamente? ¿Cómo masivisar proyectos de construcción colectiva?

Algo central en esto: Partimos de una sensibilidad, un sentido común, que en muchos, mayoritarios casos, es un sentido común –para decirlo fácil– “menemista”. Algo que antes de verlo como un demonio, nos invita a verlo como una realidad; ver por qué funciona, por qué se mantiene. Pero, al mismo tiempo, no caer en un diagnóstico derrotista o de “alienación” y captar las realidades y las posibilidades profundas de hacer-decir-organizarse desde otra perspectiva, desde logros, desde luchas, desde otros sustratos que permanecen y de otras maneras que pueden surgir de los límites mismos del consenso neoliberal profundo (porque es profundo pero no es total, y , mucho menos, definitivo) .

Unas dinámicas a desarrollar fuertemente: - Actuar en la capilaridad de la sociedad, de nuestros espacios. - Interpelar a-desde la cotidianeidad. - Poder entusiasmar-enamorar. - Ver lo singular y ser capaces de sintetizarlo en otros planos, con ambición colectiva, pero partiendo desde allí (esto no se hace con formulas y consignas simples). - Combinar capilaridad y escala. - Hacer aperturas y pluralismos, sin perder ejes ni confrontaciones (¿Se puede? ¿Que hay que negociar?)

Quienes sostenemos proyectos orientados, consustanciados o comprometidos con la recomposición del campo popular, tenemos la tarea de generar una idea y una sensibilidad de lo colectivo que pueda ser masiva y contundente en condiciones de alta fragmentación. Para eso, quizás hace falta una mejor descripción de la fragmentación, un balance de que tanta, cuánta, cuál y cómo es esa fragmentación hoy día. Qué la reproduce y la sostiene. Dónde atacarla centralmente. Sabiendo que no es “totalmente resoluble”… La fragmentación es un dato ineludible, que hay que reducir, enfrentar y con el que hay que convivir de alguna manera: No se puede eliminar, hay que ver “donde ponerla”, que hacer con, frente y a pesar de ella.

En términos programáticos y realistas: ¿Cuáles son los agentes que pueden hacer resonar en cada manzana del conurbano bonaerense, en cada plaza del norte argentino, en los parajes rurales con sus laburantes, los logros y límites de cada situación?¿ Cómo se construyen esos actores?: Dirigentes, referentes y –vale decirlo, aunque no le guste a los puristas- punteros de este proyecto de país ahí donde nunca falta un “ enunciador menemista” y abunda el sentido común conservador y neoliberal que los medios de comunicación proveen pero a la vez reflejan y reconstruyen.

Cómo se interroga a lo cotidiano, pero también cómo se entusiasma y cómo se lo pone a andar, a construir. Que lo cotidiano no sea congelado. Que lo cotidiano no sea micro. Que lo cotidiano no sea no-público y sub-colectivo. Que lo cotidiano sea político.

06 mayo 2010

Kioscos, guetos y corrales 1

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 1 de 6: Abrir los debates
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración: Sebastián Prevotel

Todo lo que en distintos espacios y junto con distintos actores (sociales, estatales, partidarios) venimos trabajando, reflexionando y asumiendo tiene valor, pero al mismo tiempo es insuficiente para el tipo de desafíos que plantea esta etapa. El esquema que necesitamos se dibuja ahí en la diferencia, el recorte, entre lo que ya tenemos asumido y la interrogación de las propias estrategias, en su planteo y sus consecuencias.

Hay núcleos duros y “papas calientes” para los debates, pero sobre todo para las intervenciones. Tienen que ver con los temas significativos, pero también, más conveniente quizás, con los hechos y experiencia concretas de sectores sociales. Los logros –también los problemas– que están pendientes de “ser puestos en significación”. Dicho en un lenguaje a lo mejor un poco antigua: hay que estructurar las discusiones “en la base”, en lo micro, en lo capilar; y ordenarlas y sintetizarlas en , por lo menos, un nivel intermedio. Ejemplos: La asignación universal por hijo; la inflación y el consumo interno; el trabajo informal y los salarios; la estructuración, la llegada y los efectos de las políticas sociales actuales…

Para la construcción colectiva en esta etapa, en los debates –y también los combates, los necesarios y pendientes y los que están en marcha– nos encontramos con el desafío de replantearnos los esquemas, aún más que los contenidos.

Los esquemas: Quién discute con quién sobre qué cosas, con qué consecuencias. Quiénes están dentro y quiénes están fuera de los debates; cuáles son los foros de debate. Podemos ver esto analizado nuestra propia situación y trayectoria: en que medida en los últimos años nos hemos sentido más dentro o más fuera de los debates. También, viendo un mapa de actores –propio o general– se hace necesario revisar en qué medida están presentes uno u otros actores respecto a unos u otros debates. (Y ver sobre todo los ausentes. Pero, además los que sin intervenir aparentemente en los debates, generan consecuencias. O bien son poderes fácticos o actores con ese tipo de poder: No necesitan debatir y sobre todo no necesitan debatir en lo público para generar consecuencias. O bien son actores democráticos que también generan consecuencias –singificativas, que tienen sentido– más allá del “centro de la escena”.) En qué medida nosotros contribuimos al empobrecimiento o el enriquecimiento del agora –la arena de los debates–, la que traduce y conecta lo público y lo privado. ¿Cuáles son las “agoras” en nuestros escenarios sociales y políticos? Para la ciudadanía común, los vecinos, las organizaciones, las instituciones intermedias…

“Hay confusión”, se dice. La aseveración hace referencia a la esfera pública, que está atravesada por una gran complejidad y territorios bastante ambiguos. Lo vemos en la dinámica de los medios, la acción de las dirigencias, el devenir de los sectores organizados de la sociedad. Frente a esto, un paso “cero” para el abordaje es asumir que no se puede esperar que en sociedades complejas como la nuestra los escenarios y posibilidades de intervención, de poner una palabra y actuar con consecuencias, sean “claros”. Tal cosa es una fantasía y su persistencia en el imaginario colectivo beneficia a unos pocos.

La dinámica de los debates y los entuertos parlamentarios a nivel nacional son un buen ejemplo de este escenario “público”. Pero, sin embargo, no son el único escenario. Cabe platearse la posibilidad de que haya una zona social que todavía no encuentra una expresión consistente en el debate d e la política y en particular de las políticas públicas. (Algo en ese sentido señaló la presidenta diciendo que “se puede ser mayoría parlamentaria sin ser mayoría social”. Hay que plantear el mismo debate visto desde la sociedad y desde los sectores populares, y desde ahí ver qué sucede que no aparecen instituciones u organizaciones –dirigentes, instancias– que puedan generar una mejor síntesis de estos sectores que tienen pendiente un poder que construir.) Un desafío: pensar esto en el mediano-largo plazo, como construcción no coyuntural, pero al mismo tiempo con fuerte asentamiento en el debate presente.

Hay debates en los que está en juego que tipo de país y de felicidad, de presente y de futuro, pueden hacerse efectivos. Tienen sus lógicas, sus arenas y sus núcleos duros. Una tarea: Apostar a los debates de la coyuntura sin quedarse en lo coyuntural o en las fantasías que ofrecen los corralitos de pensamiento y acción que hoy tenemos como sociedad. Es labor que se plasma de diferente modo y con diferentes “costos” para cada actor. Para los que tienen vocación por la construcción de fuerza social y política en pos de un proyecto de justicia social que convoque a bastos sectores hay una pregunta que está en el menú del día: ¿Es el mismo tipo de debate el que hay que mantener con las dirigencias y los organizados (la “militancia”, los “convencidos”) que aquel a dar con el resto de la sociedad?

Si no: ¿Cómo se viabiliza algo diferente? ¿Cómo se detectan e interpelan interlocutores más amplios pero no por eso menos concretos? Si : ¿Con qué tipo de mediciones puede lograse? ¿Acaso no hay otras posibilidades en nuestro repertorio? ¿Cómo ver consecuencias concretas de esto? ¿Hay algún ejemplo o pista que tengamos, presente o pasada, de ejercicio de llagar a actores a los que no se llegaba, de ampliar la inclusión? ¿Cómo trabajar colectivamente mas allá de lo institucionalizado y de lo(s) organizado(s)?