21 febrero 2011

Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas: al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 2 de 5)

Néstor Borri *

2. Desde la vida cotidiana y la experiencia de las mayorías populares

Un paso que acompaña este movimiento es el esfuerzo de pensar las políticas públicas desde la vida cotidiana. Especialmente de la de los sectores populares; contrastándola con la vida cotidiana de todos los sectores de la sociedad. Por ejemplo: ¿Cuántas políticas públicas hacen que cada uno de nosotros tengamos puestas las zapatillas que llevamos? ¿Qué hay de política pública en un chico descalzo? ¿Cuántas políticas públicas hace que se gaste dinero en unas zapatillas caras, y no en otra cosa? ¿Cuánta gente trabajo para que tengamos unas u otras? ¿Cómo las compramos? ¿Cuándo? ¿Cada cuánto puede un joven, o una familia, cambiar por ejemplo los pares de zapatillas de sus chicos? ¿Qué lugar ocupa en su marco de prioridades y posibilidades?

A ras del piso, y en la cercanía de la vida concreta de sectores concretos. Es un buen punto de partida. Tratar de pensar la cuestión comprendiendo que esa toma de posición del estado “surge de” y “va a” lo encarnada y crudamente concreto de la vida de las personas, de los ciudadanos. Y que así le da forma no sólo a las zapatillas, sino a los rumbos de la sociedad. Y a la vida de cada cual.

Así es que parar abordar las políticas públicas, de una manera significativa en la Argentina, hoy, un buen criterio es pensar cómo se organiza políticamente la felicidad colectiva, y en que momento esa felicidad está atravesada por la forma, las decisiones y los posicionamientos de las acciones del estado respecto a las cuestiones que, evidente o veladamente, hacen a la posibilidad de tener “una buena vida”.

Con todos los riesgos del caso, si tuviera que elegir una palabra que realmente nos ayude a pensar en relación a la política publica, elegiría felicidad. Sabiendo que cuando uno pone todo ese sintagma de palabras, ninguna palabra queda inmaculada, todas son tensionadas por las otras. Y uno sabe perfectamente que no es casual que, por ejemplo, la cuestión de la felicidad sea también un tema favorito del mercado y de los grupos concentrados. Tema del que nos habla una y otra vez desde su modo principal de posicionarse en medio nuestro: la felicidad es el tema central de toda la publicidad y el consumo.

Cuando felicidad y política se ponen al lado, en una frase, del verbo “pensar”, no se trata fácilmente de elucubrar y “pensar” nada más. De la misa manera que en la fórmula felicidad colectiva, ni lo colectivo, ni la felicidad se pueden expresar livianamente.

Entonces, el desafío de pensar rigurosamente, técnicamente también, sobre las políticas publicas, pero también pensarlas con mucha carnalidad, con mucha biografía individual colectiva, con mucha vivencia personal, grupal, familiar. Histórica. Marca historias, en el cuerpo de los sectores populares, la presencia o ausencia, o la direccionalidad de políticas publicas.

Y una cosa mas es bueno plantarse en esto, por su supuesto, desde un compromiso solidario, militante, generoso, altruista, pero hay un punto donde si uno no logra enganchar la cuestión política con los propios deseos de felicidad, podemos quedar entrampados.

Puede parecer egoísta, individualista… pero todas las palabras que nos parecen feas, las tenemos que recuperar… Incluso las que se presentan como las peores, por ejemplo: individualismo. El neoliberalismo que nosotros decimos que es individualista, si hay una cosa que hace es destruir a los individuos. Individuo significa “lo que no se divide”. Sin embargo, nadie mejor que el neoliberalismo para destruir al individuo. Y no es casual que las políticas sociales neoliberales, las llamadas focalizadas, han sido las que más han dividido individuos, realidades problemáticas. Paradójicamente, cuando proponemos políticas publicas en el área social, integrales, estamos recuperando la posibilidad de que los sujetos sean individuos, cosa que las políticas de los 90 tendieron a fragmentar al infinito.

De la misma manera, hay palabras que parecen buenas, que se asemejan a las nuestras, que parecen nuestras, que apreciamos, pero a las que vale la pena poner por lo menos bajo sospecha o, en todo caso, en clave reflexiva. Un ejemplo, casi a modo de provocación: la palabra participación. Siempre aparece el planteo de que las políticas deben ser absolutamente participativas. Frente a esto, para abrir una mirada más apropiada, basta decir quizás, que el neoliberalismo fue siempre participativo. Y muy especialmente con los más pobres. Si miran las políticas sociales de los ’90 invitaban ampliamente a los sectores populares a tener que participar para obtener al “precio” de la participación lo que deberían haber tenido por derecho. ¿Quiere decir esto que las políticas públicas no deben proponer participación o que la participación no es importante? No. Sí quiere señalar que hay diferentes modos y consecuencias de la participación. Sentidos políticos de la misma. Porque, así como hay que garantizar el carácter democrático y participativo de las política públicas; también hay que prevenir el hecho de que muchas veces los que quieren participar y direccionar son los sectores concentrados y el mercado, y los intereses opuestos a los de los sectores populares. Por eso, al reclamar políticas públicas participativas, siempre vale estar atentos a la funcionalidad de la participación en ellas: antes, durante y después de su ejecución. Esto es parte del gran trabajo de “filtrado”· que debemos hacer sobre todo el jugo neoliberal que impregna, aún hoy, nuestras discusiones y reflexiones.

Siempre la política pública como algo que nos atraviesa y que no tiene que ver solamente con nuestra militancia y nuestro compromiso con lo colectivo. Sino, más bien, con el momento donde lo colectivo nos atraviesa.

Poder reubicar, a la hora de pensar el altruismo, la generosidad en un punto donde no seamos analistas ni demandantes, sino protagonistas de las políticas públicas. Como ejercicio, pensemos, por ejemplo, cuál es en este momento la política pública más importante para la felicidad de cada uno. ¿Cuál es, para gente que ronda los 30 años, la política más importante? ¿Cuál habrá sido, entre los 15 y los 20 años, la política pública más importante? ¿Cómo se “arma” una juventud con política pública? Cómo es ese espacio de “moratoria”, de oportunidad para experimentar que algunas visiones plantean como la definición de lo que es la juventud: una “changüí” entre la niñez y la vida adulta, donde se da a los sujetos un plazo, una ventana de oportunidad para entrar con más elementos a las fase siguientes de la vida y al mundo de las responsabilidades adultas. Veamos por un momento a la juventud de este manera: como un espacio que se abre en esos términos, como un conjunto de oportunidades para sujetos que durante un cierto tiempo pueden estudiar “sin trabajar”, explorar lo colectivo sin tener que votar, explorar con el afecto y la sexualidad sin tener que formar una familia de inmediato. Y pensemos entonces ¿Cuántas políticas públicas hacen que hayan tenido o tengan esa moratoria? ¿Cuál es la trama que sostiene, el marco que abre esa ventana en las experiencias personales y colectivas de los sujetos que, entonces, y no sólo por la edad, podemos llamar jóvenes?


[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos La Perla (Córdoba), el Centro Nueva Tierra y la iniciativa Cátedras Populares del Ministerio de Desarrollo de la Nación.

* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com

Horacio Gonzalez en 10 partes 6/10


¿Qué significa para ud. una profundización del proyecto kirchnerista? ¿A partir de que ejes y medidas se articularía?
Concebido como fuerza política, con un nucleamiento de tipo trasversal, que atraviese los distintos grupos de apoyo a través de acuerdos más profundos respecto de la distribución de la renta, los modelos energéticos, de transporte, la política cultural, sobre lo cual se puede decir que hay ciertas deficiencias. El desafío para todos los grupos que apoyan es avanzar en una mayor discusión. Hay que operar un desvío en la historia argentina en relación a las formas más regresivas de la política que podría encarnar, por ejemplo, Scioli en este momento. Sin algo que suponga el fácil costumbrismo de condenar a políticos que no pertenecen a nuestra capilla. No es así, Scioli, lo he dicho muchas veces, representa un giro conservador dentro de las filas populares o es un neopopulismo conservador que tiene un arraigo muy grande en los sectores populares, en los medios de comunicación. Scioli ha hecho un trabajo que lo ha colocado como una figura aceptable para un sector amplio. La situación que se abre en el país en el caso de que sea el triunfo de la candidatura de Cristina en la elección próxima deberíamos evitar permitir que se genere un nuevo polo dentro del peronismo y fuera del peronismo encabezado por Scioli, que sería un retroceso: se conservarían algunas de las cosas que se hicieron, incluso se percibe en el clima de la campaña política que ya empezó en la Argentina, sobre todo del lado del Partido Radical, que se irán a respetar muchas de las decisiones de estos años en materia de derechos humanos, de la Asignación Universal por Hijo, aspectos de la Ley de Medios van a ser continuados. En ese sentido el kirchnerismo deja un legado. El desafío que está presente y por eso yo lo llamo la necesidad de producir un desvío en la historia argentina, a contramano de las derechas y los sectores conservadores en la Argentina. Hay que trabajar para producir el desvío que siempre fue el kirchnerismo, fue la lógica de un desvío respecto de lo previsible en la Argentina. Así fue en el 2003, será así en el 2011, esperemos, y más aún esperemos que lo siga siendo en relación a lo que es “normal” en la Argentina, es decir, frente a los nucleamientos de centro derecha operando dentro del sistema democrático. No va a ser una dictadura, va a respetar algunas de las realizaciones pero va a ser una versión muy pobre respecto de las transformaciones que siempre quisimos.

20 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 5/10


En un reciente artículo respecto a lo sucedido en Formosa, Soldati y Avellaneda Ud. se refería a la necesidad de una ética del “sin más” frente a posiciones que explicaban acciones que parecían comprometer el perfil progresista del gobierno a partir de la correlación de fuerzas ¿Qué significa esta ética del “sin más y por qué la considera especialmente propicia en este momento político?
Bueno, esto fue producto de una especie de ataque kantiano que me agarró. Concibo la vida política como la aparición repentina, en algún momento dado y me pareció que ese era el momento, de un conjunto de conceptos universalistas que deban ser aceptados “sin más”. Es decir, sin que se los someta a un determinado tipo de construcción política que en general restringen a un enunciado político a las condiciones en que se desarrolla.
Cuando decimos que algo es complejo decimos que intervienen muchos factores y que por lo tanto es necesario reconocer todos ellos y, de ese modo, relativizar nuestra propia presencia allí. Decía que en algún momento tanto para el gobierno como para los grupos políticos que lo apoyan, esto aparece como algo no sustituible por ningún matiz ni ninguna sustitución. A veces existe en el lenguaje político esta idea, “lo no negociable”, “esto no lo negocio”. Pero esa frase también se degradó. Cuando un político dice “esto no es negociable” está anunciando su propia relativización al ponerlo como una moneda más que se arroja en la charla. Entonces surge la idea de que esto se debe pensar “sin más”.
Es el dilema de la política, finalmente, la idea de cómo lo “no negociable” puede escapársenos de las manos. La idea de que ocurrido el asesinato de Ferreyra, hay razonamientos y medidas de tipo jurídico que tiene que sostener la justicia “sin más”, en términos condenatorios. Por eso también preocupa ahora la situación en que se despliega el caso en sede judicial, donde al parecer han avanzado los abogados de quienes están incriminados, solicitando la absolución o la libertad. Si por algún tipo de triquiñuela, falta de prueba o lo que fuera, ocurriera eso, eso “sin más” no debería ocurrir. Eso alteraría toda la escena política.

 4 Febrero, 2011  Iniciativa
Reportaje de Ariel Goldstein y Federico Ghelfi

19 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 4/10


En un reciente artículo respecto a lo sucedido en Formosa, Soldati y Avellaneda Ud. se refería a la necesidad de una ética del “sin más” frente a posiciones que explicaban acciones que parecían comprometer el perfil progresista del gobierno a partir de la correlación de fuerzas ¿Qué significa esta ética del “sin más y por qué la considera especialmente propicia en este momento político?
Bueno, esto fue producto de una especie de ataque kantiano que me agarró. Concibo la vida política como la aparición repentina, en algún momento dado y me pareció que ese era el momento, de un conjunto de conceptos universalistas que deban ser aceptados “sin más”. Es decir, sin que se los someta a un determinado tipo de construcción política que en general restringen a un enunciado político a las condiciones en que se desarrolla.
Cuando decimos que algo es complejo decimos que intervienen muchos factores y que por lo tanto es necesario reconocer todos ellos y, de ese modo, relativizar nuestra propia presencia allí. Decía que en algún momento tanto para el gobierno como para los grupos políticos que lo apoyan, esto aparece como algo no sustituible por ningún matiz ni ninguna sustitución. A veces existe en el lenguaje político esta idea, “lo no negociable”, “esto no lo negocio”. Pero esa frase también se degradó. Cuando un político dice “esto no es negociable” está anunciando su propia relativización al ponerlo como una moneda más que se arroja en la charla. Entonces surge la idea de que esto se debe pensar “sin más”.
Es el dilema de la política, finalmente, la idea de cómo lo “no negociable” puede escapársenos de las manos. La idea de que ocurrido el asesinato de Ferreyra, hay razonamientos y medidas de tipo jurídico que tiene que sostener la justicia “sin más”, en términos condenatorios. Por eso también preocupa ahora la situación en que se despliega el caso en sede judicial, donde al parecer han avanzado los abogados de quienes están incriminados, solicitando la absolución o la libertad. Si por algún tipo de triquiñuela, falta de prueba o lo que fuera, ocurriera eso, eso “sin más” no debería ocurrir. Eso alteraría toda la escena política.
4 Febrero, 2011  Iniciativa
Reportaje de Ariel Goldstein y Federico Ghelfi

16 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 2/10


En el momento de su surgimiento, Carta Abierta supo describir el accionar de las derechas contemporáneas en Argentina con el concepto de “clima destituyente” o en el caso de ud. con la gestación de una nueva derecha popular, ¿Piensa en algún concepto o reflexión para caracterizar la situación de la derecha y los sectores concentrados dos años después del lock out agrario?
Carta Abierta fue una interesante fábrica de conceptos, dos de los cuales fueron las nuevas derechas con arraigo popular y el ejercicio destituyente, ambas surgieron de creaciones colectivas. En este tiempo faltan nuevos conceptos y hay una derecha explícita fuera del Gobierno y fuera del Partido Justicialista que no se llama necesariamente derecha -a nadie le gusta llamarse derecha, ella misma se quita ese nombre. En casos recientes y notorios, se ha visto cómo los grandes medios de comunicación de las derechas tradicionales se expresan con la importancia que le dan a las luchas sociales, a través de su apoyo a quienes antes no hubieran tomado en cuenta. De modo que es una época de entrecruzamientos ideológicos que se ponen en operación hacia acontecimientos políticos para provocar efectos políticos que no forman parte íntima de quienes los originan. Es decir, hay una derecha que puede producir y emplear ese tipo de recursos; éstos forman parte de los nuevos ejercicios retóricos de la derecha. Eso es lo más interesante de este momento y que forma parte de los nuevos análisis que hay que hacer en relación al conservadurismo, a estos pensamientos basados en la retracción de los horizontes interesantes que se habían constituido, estos están en muchos casos en el interior del Partido Justicialista, si lo tomamos como un partido que actúa dentro de una extensión. Dentro del Partido Justicialista coexisten muchas posiciones y en muchos casos viejas formaciones conservadoras, algunas yo diría de derecha, sobretodo en los Partidos Justicialistas provinciales y uno difiere en términos de cómo tratar la cuestión. Este fue un motivo por el cual un grupo como Libres del Sur dejó su relación con el gobierno en su momento. Pensaría que ahí no dejan de haber problemas pero en general hemos tenido otra actitud conviviendo con esa cuestión en términos críticos, privilegiando otras cuestiones como el hecho de que cuando estos grupos más conservadores intervienen (como sucede ahora con el debate sobre bajar en la edad de imputabilidad) el gobierno en general tiende a resolver las encrucijadas con posiciones progresistas. Siendo así, estamos aplicando otro sistema de resolución de esa contradicción que sigue tomando el gobierno ante el hecho de que el Partido Justicialista esté en el medio. El Partido Justicialista es un ámbito de disputa y movilización que esta abierto desde el punto de vista de la actividad del gobierno y sus decisiones. Pero, retomando tu pregunta, faltarían los conceptos adecuados para designar esta situación.

 4 Febrero, 2011  Iniciativa
Reportaje de Ariel Goldstein y Federico Ghelfi

15 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 1/10


Horacio González: “Es necesario operar un nuevo desvío en la historia argentina, a contramano de las derechas y los sectores conservadores”. Entrevista exclusiva de Iniciativa.

 4 Febrero, 2011  Iniciativa
Reportaje de Ariel Goldstein y Federico Ghelfi

Iniciativa entrevistó en forma exclusiva a Horacio González, Director de la Biblioteca Nacional y Profesor Titular de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). El intelectual de Carta Abierta se refirió en esta entrevista a la relación entre las izquierdas y el kirchnerismo y la enigmática vinculación del pasado con el presente que se expresa en la figura de Kirchner. Asimismo, aporta nuevas reflexiones que apuntan a problematizar y discutir las encrucijadas que plantea el accionar de las derechas para el avance del proyecto nacional en el marco de este año electoral.

En su momento ud. habló de Néstor Kirchner como el político de las grietas, una suerte de improvisador en la cuerda floja constante de la política, lo que era a su vez una de sus principales virtudes políticas, ¿Cómo imagina la sustitución en la política argentina y el escenario que se abre ante la ausencia de este personaje constitutivo?
Sí, he escrito algunas reflexiones en ese sentido. Son cosas que hace tiempo está pensando en especial Ricardo Forster sobre el tema del surgimiento inesperado de Kirchner en la medida en que ahí sí se abriría una brecha dentro de la excepcionalidad de la situación. Advertido a la pregunta respecto de cómo se sustituye una situación de excepcionalidad, permite imaginar la dimensión del problema. Es un tema que está sintiéndose con bastante agudeza, a través de las crisis que se reforzaron una vez fallecido Kirchner, por la condición de centro que sostenía su figura. No hay que  quedarse solo en alentar la idea de que la ausencia de Kirchner podría seguir siendo un vacío constructivo donde surgieran líneas políticas, que originara una memoria, que dejara un legado que tenía una operatividad real en el presente. Eso es un problema a mi juicio hoy. El vacío que hay hoy en relación a Kirchner no necesariamente debe ser pensado en forma complaciente, como un vacío cuya operatividad y constructividad se nota todos los días de una manera acabada;  no está siendo así. Esto puede significar también la falta de cuadros lo suficientemente preparados para tomar decisiones de urgencia que den una cierta previsión frente a problemas inesperados, una cierta capacidad de continuidad de los episodios entre los momentos anteriores y los que van a venir. Entonces yo diría que la situación para todos los que acudimos al llamado de Kirchner es una situación donde la idea de que la ausencia de Kirchner lógicamente construye un horizonte y donde la sustitución de Kirchner a través de la memoria, la leyenda y el recuerdo activo no va a ofrecer problema yo la cambiaría por otra opinión que advierte que hay problemas ahí. Hay problemas que deben de maneras imaginativas y buscando nuevas posibilidades para las militancias, para aquellos grupos que se acerquen, en el marco de esta enorme paradoja, ya que el cuadro se presentaría casi mejor que antes. Hay que tener cuidado: están habiendo problemas y es necesario estar en mejores condiciones para prevenir porque sino las viejas estructuras políticas de la Argentina van a desarmar todo lo que tenía este proceso de originalidad y excepcionalidad.

14 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 3/10


Cómo imagina el papel de Carta Abierta en este año electoral? ¿Qué diferencias o novedades imagina respecto del espacio que surgió en el 2008?
Habrá una diferencia importante cuya dimensión no conocemos. En plena campaña estaremos involucrados en las posiciones del gobierno en la Capital Federal. En ese sentido, estas semanas son difíciles, vemos la campaña de afiches en las paredes de la ciudad y eso provoca mucha tensión al interior de las fuerzas que apoyan al gobierno. Si bien está claro que es una disputa que se hace en términos de un fuerte reconocimiento hacia todos los demás postulantes, pero como una elección primaria muy fuerte donde las paredes de la ciudad hablan al respecto. Carta Abierta tendrá que mantenerse como un grupo de reflexión, de análisis, pero tampoco permanecer autónomo de la coyuntura.
Habrá que buscar la forma de mantener cierta autonomía y al mismo tiempo atender a las ideas que estén circulando. En principio, una posición ecuánime como foro de discusión sobre todas las candidaturas. Conozco a todos los candidatos, pero no tengo por qué decidir inscribirme en tal o cual apoyo. En este momento de cierta tensión que vivimos, pienso que no supone apoyo directo pero dependerá de los signos rápidos que se lean en este momento donde todo está puesto en términos muy vertiginosos.
Muchas décadas en el lenguaje político argentino fueron leídas en el lenguaje de las señales: en la época de Perón eran los guiños, ahora son las señales. Entonces, los grandes interpretadores de señales pueden creer respecto de que tal está con tal, eso nos va a pasar a todos. Es necesario para todos, más allá de que cada uno individualmente tome posiciones, que haya un ámbito como Carta Abierta que preserve ecuanimidad y objetividad de forma profunda y atendiendo a los puntos graves.
De modo que es necesario tomar los antecedentes de un problema, el modo en que este problema se presentó en años pasados, tomar la Ciudad de Buenos Aires como la más compleja maquinaria política del país, en lo económico, lo cultural, lo comunicacional, lo financiero. Sobre esto puedo decir que no veo ninguna fuerza política, incluso de las que vamos a apoyar nosotros, pensamientos en avance más profundos respecto de cómo pensar la Ciudad de Buenos Aires.
Un lugar como Carta Abierta donde el estudio, la reflexión y la investigación tiene que contribuir a decir cosas más profundas sobre lo que es esta ciudad con tantas disparidades. Coexisten procesos migratorios nuevos y la ciudad de Alan Faena. Son polaridades que, si bien preexistían, hoy son muy extremas. Un alto nivel de heterogeneidad de estilos, nuevas formas de vida, nuevos estilos arquitectónicos por un lado, y por otro lado, la ocupación de tierras a nivel de un problema real que no puede resolverse con improvisaciones. Entonces se precisa una nueva política de tierras así como una nueva política cultural en la ciudad que esté a la altura de estos desafíos. Debe abordarse esta heterogeneidad, que tiene el sello de la injusticia social en gran medida. Son todos problemas que afichando la ciudad no se van a resolver. La campaña exige afiches pero exige también pensar en un concepto más profundo respecto de cómo tratar la cuestión capital, que es cómo esta enorme maquinaria económica y simbólica que es la Ciudad de Buenos Aires reproduce desigualdades aceleradamente. 

4 Febrero, 2011  Iniciativa
Reportaje de Ariel Goldstein y Federico Ghelfi

Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas: al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 1 de 5)

Néstor Borri *

No es difícil plantear una serie de ideas sobre las políticas públicas. Es un tema con la doble característica de estar de moda y, a la vez, tener una larga recorrida en el mundo de los especialistas y en el ámbito académico.

Esa misma situación es la que invita a poner como problema no tanto las definiciones que se puedan dar de la cuestión, o los desarrollos o matrices que se puedan desplegar para explicarla, sino, sobre todo, los marcos de interpretación en los cuales circula o puede circular el tema hoy en día. Marcos interpretativos que, lejos de ser inofensivos, marcan el contenido y determinan las consecuencias del uso de la noción. Corrientes de pensamiento que, de diferentes maneras, y con distinto grado de evidencia, en la mayoría de los casos tienen el efecto de despolitizar ampliamente el problema convocado y, de paso, ponerlo en lo público como una cuestión, apenas, de especialistas.

Por eso mismo, para abordar la cuestión de las políticas publicas, tan recurrente en este último tiempo en todo tipo de convocatoria o reflexión, vale la pena acercarse a ella desde la manera en que nos fuimos, justamente, encontrando con sus contenidos. Con la esperanza de que ese recorrido que es un recorrido de interacción con actores concretos, con sujetos, y con los sectores populares en particular nos sirva de guía para anclar el contenido político y público que queremos darle a “políticas públicas”.

Es una gran oportunidad que el tema esté en el centro de la agenda: que se hable de él en las organizaciones, en los medios, en las convocatorias militantes, en la dinámica cotidiana incluso. Pero también es un desafío “zafar” de la posibilidad de que se convierta en un término de moda que, como toda moda, viene a tapar un vacío de contenidos o a evadir los temas realmente importantes.

1. Un recorrido al encuentro de la noción y la tarea de las “políticas públicas”

A finales de los ’90, desde nuestros espacios de formación de organización y dirigentes, empezamos a responder a lo que pensábamos era una necesidad y una exigencia: acompañar, de la mejor manera posible, el reencuentro de hombres y mujeres de organizaciones, comunidades, grupos, movimientos de distintos espacios, con la dimensión política de sus vidas y de su compromiso. De sus vidas fuertemente amenazadas por las consecuencias de un largo ciclo de políticas de ajuste neoliberales y de una democracia recuperada pero siempre limitada por el mercado. Y un compromiso resistente, ejemplar, indispensable muchas veces para, ni mas ni menos, sobrevivir. Compromiso en espacios como las organizaciones, en situaciones de sobrevivencia, en situaciones contradictorias. Compromiso en escenarios, casi siempre, dibujados por otros. Y, en no poca medida, por políticas focalizadas que proponían, para los pobres y excluidos, una “ciudadanía menor”, una “participación” no tanto como derecho sino como precio para sobrevivir apenas y un compromiso al que permanentemente se le cercenaba o negaba su carácter político.

Al reencuentro de esta ultima dimensión, caminamos en espacios muy heterogéneos. Hemos tratado de hacerlo desde una fuerte y delicada escucha, porque creemos que es importante ser capaces de ponerse en los zapatos del otro para ver cómo construir sentidos comunes, colectivamente. Conocimientos colectivos sobre lo que nos iba pasando, justamente, en términos colectivos.

Y en esto tenemos una hipótesis, un criterio al acompañar procesos de formación política, que se puede resumir así: no basta decir la palabra política cada tres frases para estar hablando políticamente. Es más: quizás es lo más fácil para despolitizar un proceso, es decir, mencionar la palabra “política” una y otra vez. Entonces, se termina dando a las conversaciones, las situaciones, un barniz pseudo-politizado o ideológico: suena a política, pero no resulta política. O sea: no se le hinca el diente a lo que, realmente, sería la politicidad, el nervio, la carne política podemos decirde lo que tenemos que conversar. Vale decir, entre paréntesis, que esto pasa de manera paradójica entre los militantes: las conversaciones políticas tienen abundante jerga política, pero en muchos casos poca carne. Y, paradoja sobre paradoja, muchas veces esto sucede de manera simétrica –y, atención, complementaria y peligrosamente funcional a lo que sucede en los medios masivos de comunicación: mucha mención a la política; consecuencias despolitizadas. Y vale tener a la vista esta tensión entre los modos de hablar de la política, para ubicar las tensiones en medio de las cuales nosotros, hoy, en diferentes espacios de construcción social, nos reencontramos con esta noción de políticas públicas.

Y aquí esta segunda advertencia: muchas veces se habla de políticas públicas justamente como estrategia para hablar de política. Técnicos, periodistas, incluso a veces funcionarios o dirigentes, resulta que a veces no quieren hablar de política porque les resulta fea, contradictoria, corrupta. Entonces nos encontramos con esta formula más elegante, más prolija, más transparente, que son las “políticas públicas”.

Y no es casual que es posible rastrear en muchas instituciones, y en organismos que tienen la fórmula “políticas públicas”, sobre todo los provenientes de los años ’90 que en muchos casos gozan desgraciadamente de buena salud un núcleo relacionado con la tecnocracia y las fundaciones de matriz neoliberal. Se espera que hablando de políticas públicas, se hable de cosas y acciones serias, explicitas, técnicas, precisas, puras, transparentes y finalmente “desinteresadas”.

Es un doble procedimiento: hablar de políticas publicas extirpándole la conflictividad de lo político; y gestarlas, al mismo tiempo, extirpándoles todo lo “sucio” y complejo de lo público: lejos de los sectores populares, lejos del estado “ineficiente”. Y cerca de gabinetes impecables y técnicos imparciales.

Por eso, una tarea inicial es sacar la fórmula, la noción y la realidad que mencionan de las garras de los significados inofensivos, extraerla del cerco de los significados que son pasteurizadores de la conflictividad. Devolverlo a la textura real y contradictoria de la política y a la fractura y las confrontaciones de lo público. Hay que sacarla de su forma tecnocrática. Y de su forma privatizada.

Pero, además de sacarla de esos lugares, hay que ser capaces de ponerla, de reubicarla en algún lugar. Porque, finalmente, aquello que nombra y convoca es algo que nos importa y mucho. No más ni menos que la toma de posición y la secuencia de acciones y decisiones por las cuales el estado responde y propone frente a las tensiones, necesidades, demandas y conflictos que atraviesan a los actores de una sociedad.


[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos La Perla (Córdoba), el Centro Nueva Tierra y la iniciativa Cátedras Populares del Ministerio de Desarrollo de la Nación.

* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com

20 enero 2011

Excedente

Comenzamos el año en Argentina con un cese de comercialización de cereales y oleaginosas por parte de las entidades patronales rurales. En contra de las políticas agropecuarias nacionales, los integrantes de la Mesa de Enlace reclaman por la liberalización de exportaciones agrícolas. Nicolás Arceo, investigador del Centro Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) analiza el ciclo de expansión de agropecuaria y el margen de beneficios extraordinarios en los que se lleva adelante la medida. Un aporte camino a enmarcar este conflicto en la disputa más amplia por la distribución de la riqueza en nuestro país.

La consolidación de la expansión agraria en la posconvertibilidad

Por Nicolás Arceo *

La adopción de un nuevo patrón de crecimiento tras el colapso del régimen de convertibilidad produjo alteraciones sustantivas en la distribución del excedente en el sector agropecuario pampeano, aunque no implicó una modificación de las tendencias observadas desde mediados de los años noventa en la producción sectorial, cuando se asistió al inicio de una etapa de vertiginoso crecimiento del área sembrada y de la producción.

En efecto, durante la posconvertibilidad se profundizó dicho proceso pasando la superficie destinada a la producción de cereales y oleaginosas desde las 26,3 millones de hectáreas en la campaña 2000/01 a casi 30 millones de hectáreas en la campaña 2009/10. Este proceso se sustentó en un notorio incremento en la rentabilidad de la producción agrícola y, en particular, de la sojera que pasó a representar casi el 62% del área sembrada en la última campaña mencionada.

La devaluación de la moneda, y el posterior mantenimiento de un tipo de cambio competitivo, implicó un sensible incremento de la rentabilidad de la producción agrícola, a pesar de la aplicación de retenciones a las exportaciones desde el año 2002. En otras palabras, el nuevo “modelo productivo” permitió una mayor apropiación del excedente agrario por parte de los productores, que vieron incrementados sensiblemente sus márgenes brutos de producción desde los 209 dólares constantes por hectárea durante el régimen de convertibilidad hasta los 272 dólares en el período comprendido entre los años 2002 y 2010.

Sin embargo, esa elevada rentabilidad en dólares no da cuenta del extraordinario incremento de su capacidad adquisitiva local. Al evaluar los márgenes brutos en pesos constantes, es decir según su capacidad adquisitiva en el mercado local, se observa que los mismos pasaron de un promedio de 581 pesos por hectárea durante el régimen de convertibilidad a 1.432 pesos en el período 2002-2010. Es decir, el margen agrícola en pesos constantes prácticamente triplicó los valores verificados durante la etapa previa.

A su vez, el incremento de la rentabilidad se reflejó en un aumento del valor de las tierras agrícolas pampeanas. En el caso de la zona núcleo el precio promedio por hectárea pasó de 3.109 dólares durante la vigencia del régimen de convertibilidad a casi 14.000 dólares en el año 2010. Por lo tanto, el nuevo patrón de crecimiento no sólo implicó una mayor rentabilidad de la producción agrícola, sino que posibilitó además una elevada ganancia patrimonial, la cual fue reforzada por la pesificación asimétrica de los pasivos del sector agrario tras la devaluación de la moneda a comienzos del 2002.

Se debe resaltar que la elevación de la rentabilidad de la producción agrícola fue una consecuencia directa de la política económica, ya que hasta el año 2006 los precios internacionales de los principales cultivos de exportación se mantuvieron por debajo del nivel que habían exhibido en promedio durante régimen de convertibilidad. Efectivamente, el precio de exportación en dólares constantes de los cuatro principales cultivos pampeanos (ponderados según la superficie sembrada) se ubicó en el período 2002-2006 un 2,9% por debajo del valor registrado durante la década del noventa.

Por lo tanto, al menos hasta 2006, el incremento de la rentabilidad agraria no obedeció a la existencia de una coyuntura internacional excepcionalmente favorable, tal como se sostiene desde diversas entidades del sector, sino a la reducción de los costos de producción en dólares como consecuencia del nuevo patrón de crecimiento cuyo eje central fue el mantenimiento de un tipo de cambio competitivo.

La modificación de las condiciones imperantes en el mercado mundial condujo desde 2007 a un vertiginoso ascenso en los precios de los productos agrarios, proceso que, crisis financiera mediante, posibilitó aún en un contexto de paulatina apreciación del tipo de cambio la elevación de los niveles de rentabilidad en la producción agrícola. En el año 2010, los márgenes brutos por hectárea en la producción agrícola evaluados en dólares constantes fueron un 10,6% más altos que los registrados en el período comprendido entre los años 2002 y 2006, cuando ya eran de por sí muy elevados en términos históricos.

En síntesis, a lo largo de la posconvertibilidad se verificó un notorio incremento en la rentabilidad de la producción agrícola. En una primera etapa, dicho proceso estuvo asociado a la presencia de un tipo de cambio real excepcionalmente elevado, en tanto que desde 2007 el aumento en los niveles de rentabilidad estuvo determinado por la sensible elevación de los precios de los productos agrícolas en el mercado mundial. Es más, la subida de los precios internacionales a lo largo de los últimos meses permite prever no sólo el mantenimiento sino también el aumento en los niveles de rentabilidad agrícola a lo largo del presente año.

* CIFRA

***********************************************************************************************************************

10 enero 2011

Los desafíos en la implementación de la Asignación Universal por Hijo para el 2011: Celebración y exigencia (de ir por más)

La Asignación Universal por Hijo para Protección Social (AUH) es una de las políticas sociales más significativas de los últimos tiempos. Por su impacto, por sus implicancias concretas en la vida de los más pobres y por las luchas y decisiones -recientes y de larga data- que llevaron a plasmar la medida.

Con poco más de un año en marcha, es un logro para celebrar en el camino hacia una distribución de la riqueza más equitativa. A partir de la AUH, una parte importante de los sectores más postergados de la sociedad hacen efectivo su derecho a acceder al régimen de asignaciones familiares.

De manera directa e indirecta, la AUH establece un piso de igualación e inclusión social sin precedentes. Sin embargo, todavía quedan muchos aspectos a profundizar. Existen, por ejemplo, grandes grupos que quedan fuera de la implementación de esta política que pone a los más chicos en el centro. Los logros y límites de la AUH configuran uno de los desafíos más fuertes para este año en materia de política pública en Argentina.

Un reciente documento de trabajo del Centro Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) pondera los logros en materia distributiva de la AUH al tiempo analiza sus restricciones y propone caminos para su ampliación. Compartimos a continuación un artículo que aborda dicho informe y el enlace para descargar el documento completo.

La AUH es una política parcial, limitada y perfectible. Circulan muchos análisis (y meros planteos) que en nombre de poner en la balanza sus aspectos positivos y negativos acaban relativizando los beneficios innegables que trae para el conjunto de la sociedad. Y dando la espalda a lo que significa la medida en términos de camino y de recomposición histórica. Sin recaer en un abordaje estéril e impugnador, pero tampoco sordo a los desafíos de estos tiempos exigentes, es preciso un acercamiento riguroso a los límites de la AUH y una mirada certera sobre las posibilidades de profundizarlas. El documento de CIFRA es un valioso aporte en ese sentido.

La AUH tiene más para distribuir mejor

Más de un millón de personas dejaron de ser pobres y 1,4 millones dejaron de ser indigentes. Sin embargo, el universo beneficiado podría ser mayor

Por Eduardo Blaustein

La Asignación Universal por Hijo ha sido sin lugar a dudas una de las medidas de política social más significativas de las últimas décadas… Ha implicado que los sectores más postergados del país puedan acceder al régimen de asignaciones familiares, derecho que hasta entonces les era negado por encontrarse inmersos en situaciones de precariedad laboral o de falta de trabajo.” El párrafo es el primero de un valioso documento de trabajo de Cifra (Centro de Investigaciones y Formación de la República Argentina) al cumplirse el primer año de implementación de la Asignación. Pese a esa introducción y a extensas zonas del estudio que reivindican mediante números concretos el lanzamiento de la Asignación Universal, el trabajo matiza el optimismo de otros similares subrayando que a la AUH le falta bastante para beneficiar a más sectores vulnerables de la población y que su impacto en términos de disminución de la pobreza sería sólo “moderado”, aun cuando nada menos que 1,3 millones de personas abandonaron la situación de pobreza.

Cifra es el instituto de estudios ligado al sector de la CTA más cercano al oficialismo y sus documentos se caracterizan por el rigor técnico. Su consejo directivo está conformado por representantes sindicales y por investigadores del Área de Economía y Tecnología de Flacso (entre los que destaca el economista Eduardo Basualdo) y del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda).

Uno de los primeros aspectos subrayados en el estudio realizado al cumplirse el primer año del lanzamiento de la AUH, tiene que ver con su extensión y cobertura. Desde el primer momento el acceso a la Asignación se hizo incompatible con otros planes nacionales, como el Plan Familias y el Jefas y Jefes de Hogar. Esto no significó pérdida para quienes cobraban de esos planes sino ganancia, “una mejoría en el nivel de recursos de estas familias”. Así, dice Cifra, “mientras un hogar con dos menores de 18 años cobraba con el Plan Familias $200 y con el Jjdh $150, pasó a percibir con la AUH $360 ($440 desde septiembre de 2010). Por su parte, un hogar con cinco menores o más que con el Plan Familias recibía $380, pudo percibir $900 ($1.100 desde septiembre) con la AUH”. La mejoría en los ingresos es mayor para los hogares con más niños y adolescentes.

Según las simulaciones realizadas por el centro de estudios, la AUH alcanzaría al 36,6% del total de menores del país. Esta proporción, sumada al 53,3% cubierto por el régimen contributivo, indicaría que “el 89,9% de los menores estaría en condiciones de percibir asignaciones familiares”, más “el 7,2% de los menores que percibirían el beneficio indirectamente, dado que sus padres pueden aplicar una deducción por hijo sobre el pago del impuesto a las Ganancias”.

En la actualidad, según la Anses, la AUH llega a algo más de 3,5 millones de chicos y adolescentes. Pero si la cobertura fuera completa, quedaría por alcanzar un millón más de beneficiarios, hasta llegar a los 4,5 millones de menores. Aún persisten los problemas de acceso a la Asignación por los altos niveles de indocumentación (todo un dato de exclusión social y cultural: se estima que entre 500 mil y un millón de menores no tienen su DNI). Hoy la Asignación no llega a aquellas familias que envían a sus hijos a escuelas privadas (los de aranceles presumiblemente más bajos). El número estimado de menores en esta situación rondaría el 15,5% de quienes cumplen con los requisitos para recibir la AUH y se sabe al respecto que Anses está evaluando el modo de atender esta situación. Otra razón que impide acceder a la AUH es la superposición con otros planes sociales. Y hay otras de las que se habla en el recuadro de esta página.

Impactos visibles. El documento de Cifra remarca un asunto que tiene que ver con la eficacia del programa: “La importancia de la ampliación del régimen de asignaciones familiares, en términos de la mejora en las condiciones de vida de la población, queda en evidencia al evaluar el conjunto de la población potencialmente beneficiaria. El 69,1% de los menores alcanzados por la AUH habita en el 20% de los hogares más pobres de nuestro país, en tanto que el 40% de los hogares más desfavorecidos concentra el 88,8% de los beneficiarios”.

Si se atiende al impacto en términos de disminución de la desigualdad, el trabajo sostiene que el programa en sí mismo supone “una transferencia directa de ingresos a los sectores menos favorecidos”. Al analizar cómo se modifica el ingreso per cápita familiar según quintiles de ingresos (ver cuadros), queda en evidencia que la AUH llega de modo eficiente a los menos favorecidos en la escala social: cuanto menores los ingresos familiares de los hogares más pobres, mayor el beneficio. El ingreso familiar de quienes pertenecen al primer decil, el de los más pobres, “se vería incrementado en 46,7%, mientras que el del segundo decil aumentaría en 16,4%.” Tomados en conjunto, “los ingresos del 20% de los hogares más pobres crecerían en 26,5%, al tiempo que los ingresos de los hogares de los quintiles más altos permanecerían prácticamente sin variación”. Esto implica, hablando siempre de la batalla contra la desigualdad, una reducción en el cociente entre el Ipcf (el ingreso per cápita familiar) del quintil más rico y del quintil más pobre de 12,1 a 9,6 veces.

La nueva medida –dice Cifra– supondría un incremento en la participación de los hogares más pobres en la distribución del ingreso. En efecto, la participación del 20% de los hogares de menores recursos pasaría del 4,1% al 5,1% sobre la suma total de ingresos, lo que supone un aumento del 24,0%.”

Avances y límites. En cuanto al impacto potencial sobre la pobreza, las estimaciones de Cifra hablan de un efecto “moderado”. Tomando un cálculo propio según el cual en el cuarto trimestre de 2009 el 24,8% de la población se encontraba por debajo de la línea de pobreza, “la completa implementación de la AUH supondría que ese porcentaje se redujese a 21,6%. Ello implicaría una disminución en la tasa de pobreza del 13,0%”. En porcentajes no parece tanto, pero la cantidad de personas salidas de la pobreza serían más de 1,3 millones. “Entre los niños y adolescentes, la incidencia de la pobreza se reduciría de 37,5% al 31,7%. La mayor incidencia de la pobreza en los hogares que incluyen menores de edad entre sus miembros muestra lo acertada que fue la decisión de crear la AUH.”

Las razones que explican, según el trabajo de Cifra, que el impacto sobre la pobreza no sea mayor son diversas. La primera sería el cuadro de arranque en cuanto a la brecha de pobreza: “Al momento de la implementación de la AUH el ingreso familiar medio en los hogares pobres era de $1.070 y la línea de pobreza promedio era de $1.774, por lo que la distancia entre ambos alcanzaba los $703. Dada esta brecha, una asignación de $180 por hijo resulta en la mayor parte de los casos insuficiente para revertir esta condición. El incremento a $220 implementado desde septiembre de 2010 tampoco alcanza a revertir esta situación”.

Una segunda causa es la mencionada incompatibilidad con otros programas sociales que impide mantener el beneficio de planes sociales anteriores a la AUH. También están aquellos hogares pobres sin niños ni adolescentes o las familias que no cumplen con los requisitos necesarios para percibir la AUH, los cuales constituían a fines de 2009 “el 56,3% de los hogares en situación de pobreza”. Un cuarto elemento es el constituido por la pérdida del poder adquisitivo como efecto de la inflación, aun cuando el monto de la AUH fue reajustado para compensar esa pérdida. “De todos modos –sostiene el documento–, los hogares que aun recibiendo la AUH persisten en una situación de pobreza, perciben un incremento en sus ingresos familiares de $431, lo que sin dudas contribuye a aliviar su situación.”

El impacto de la AUH resulta mucho más significativo al evaluar la reducción que experimentaría la indigencia”, dice la gente de Cifra. La indigencia habría pasado desde el lanzamiento de la AUH del 6,6% de la población al 3,2% (poco más de la mitad), lo que implica que 1,4 millones de personas haya abandonado esa condición. Aún más significativo es el hecho de que entre los niños y adolescentes, la reducción de la indigencia sería del 10,2% al 4,0%. Pero incluso en los hogares que se mantienen en la indigencia, “se verificaría una reducción en la distancia de sus ingresos respecto del límite mínimo necesario para no ser considerados indigentes. Esta brecha quedaría en $270 para el total de los hogares en situación de indigencia y en $312 para los hogares con niños que permanecerían en dicha situación”.

Se calcula que, incluyendo el último incremento de la AUH, el costo del programa para el Estado en el 2010 fue de unos $10.500 millones (parte de ellos cubiertos con los fondos que iban para planes sociales previos). De cara ya sea a una mayor expansión de la AUH o a futuras actualizaciones de su monto, la cifra no parece representar un esfuerzo desmesurado si se la compara con el número final de la recaudación fiscal del año pasado: $409.899,6 millones. Según los datos elaborados por Cifra, el costo fiscal neto “sería equivalente al 0,55% del PIB, el 2,1% del total de ingresos corrientes del sector público nacional y el 7,0% de lo recaudado en concepto de contribuciones a la seguridad social”. Evitando apelar al Fondo de Garantía de Sustentabilidad para no descapitalizarlo, Cifra plantea la necesidad de incrementar los ingresos del sistema de seguridad social y sugiere la herramienta que históricamente planteó la CTA: un aumento en las alícuotas de las contribuciones patronales.

CUBIERTOS POR ASIGNACIONES CONTRIBUTIVAS

Quintil 1 32,3%

Quintil 2 30,7%

Quintil 3 21,3%

Quintil 4 13,5%

Quintil 5 2,2%

CUBIERTOS POR ASIGNACIÓN UNIVERSAL

Quintil 1 69,1%

Quintil 2 19,7%

Quintil 3 8,2%

Quintil 4 2,5%

Quintil 5 0,4%

Los que no la cobran

Al día de hoy la AUH no llega a determinados grupos de población por distintos motivos, pese a que sus ingresos son similares a los de los hogares cubiertos por la Asignación. El primer grupo destacado es el de los trabajadores informales que perciban ingresos superiores al salario mínimo vital y móvil ($1.740). “Esto –dicen los analistas de Cifra– genera una situación desigual para los trabajadores del sector informal respecto de los formales, dado que estos últimos tienen un tope de $4.800 y, si lo superan, pueden deducirlo del impuesto a las Ganancias.” El ingreso de los informales es muy difícil de corroborar, lo que implica una complicación para recibir la AUH.

También quedan afuera los monotributistas (menos los monotributistas sociales). Esto determina una cierta asimetría entre los trabajadores con distintas formas de contratación. Del mismo modo, por ahora no pueden percibir la AUH los hogares de bajos ingresos con menores que asisten a escuelas privadas. La Anses está estudiando el modo de superar la situación. Una posibilidad sería la de incluir a quienes abonen aranceles bajos o reciban becas.

Fuente: www.miradasalsur.com

Descargar documento completo de CIFRA La Asignación Universal Por Hijo a un año de su implementación.