20 abril 2011

Marchas cotidianas y desafíos de creación

Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas:

al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 5 de 5) [1]

Néstor Borri *

5. Desde otros marcos de interpretación, otros desafíos de creación

La etapa actual invita también a pensar cómo lo que generó las grandes oleadas de participación democrática no fueron sólo las propuestas de organizarse y politizarse, sino que fueron las propuestas de políticas públicas que fueron al nudo existencial de la vida cotidiana. A las grandes masas de los años ’40 y ’50, las movilizó: primero, la participación que venía de los años anteriores; la acción de Perón desde la Secretaría de Trabajo; y eso se catalizó, 17 de octubre de por medio – movilización que, a la distancia y con todas las salvedades del caso, puede verse como afirmación y defensa de unos lineamientos muy precisos y abarcativos de políticas publicas– y luego en la compleja experiencia política, cultural e identitaria del peronismo.

Si hay algo que Perón tuvo, fue ver el estado real de los sectores populares en su momento y responder con una política pública que se plasmó como política global en torno al 17 de octubre y lo que de él devino.

Puestos en perspectiva: ¿Qué significaría pensar hoy, por ejemplo, a la Asignación Universal por Hijo como un equivalente de las mejores políticas sociales del peronismo? ¿Qué hay que hacer ahí para construir actores sociales y protagonismo popular, con ese ánimo y ese horizonte, desde esa política pública como escenario y como andamio? ¿Cómo traducir en inclusión política esa y otras políticas de inclusión?

Entre estos despejes (de la tecnocracia, de la despolitización, del "noventismo" sagazmente persistente, del miedo o el ataque al estado) y estos interrogantes (la felicidad de las mayorías, la historicidad desafiante, la inclusión política) nos toca decidir, crear, pensar y reasumirnos con la carne política y el talante público de las políticas publicas.


[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos La Perla (Córdoba), el Centro Nueva Tierra y la iniciativa Cátedras Populares del Ministerio de Desarrollo de la Nación.

* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com-

13 abril 2011

Las políticas públicas desde la experiencia política de las mayorías: implicación, acción, creación

Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas: al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 4 de 5) [1]

Néstor Borri *

4. La experiencia política de los sectores populares y las políticas públicas

Para pensar la política pública en clave de felicidad hay que tener presente que, en este país, y en esta historia nuestra, la felicidad colectiva estuvo hecha, histórica y básicamente, de dos materiales: trabajo y Estado. Lo que hay que pensar es cómo históricamente los sectores populares, las mayorías en Argentina, se constituyeron, se movilizaron, se activaron en términos de reivindicaciones y también de propuestas y de decisiones para imaginar que podían hacer y disputar su felicidad colectiva, en torno a estas dos cuestiones.

Entonces, la capacidad de movilización de los sectores populares aparece en el lugar de, o en todo caso en tensión con las decisiones “meramente” técnicas.

En el momento en que pasamos de pensar de derechos y reivindicaciones a concreciones políticas tenemos que pensar en movilización. Pensemos en la movilización clásica, callejera –la más habitual– y las movilizaciones extraordinarias –como podría ser el 17 de octubre del ’45–. Pero también pensemos en otra manera más compleja. Pensemos de dónde parten esas movilizaciones y a dónde llegan. O sea: el movimiento sigue después de la plaza y viene de antes. Y pensamos las múltiples movilizaciones, todo lo que se mueve, se lleva y se trae, como demanda, como pregunta, como reclamo, como propuesta, como fuerza puesta en diferentes espacios, con variadas estrategias, con escalas diversas; para ir constituyendo una idea legítima de felicidad, y las posibilidad de disputar los recursos materiales y simbólicos que la sostienen.

Hay una cosa más para agregar. Porque esto que es la historia de nuestro país, puede ser también un mapa, un esquema en el cual leer la política pública. Desde la perspectiva de la acción es interesante ver que la política pública no es una cosa donde los actores que “ya están” definidos y constituidos, van y demandan. Por el contrario, ver cómo, en el seno de las políticas públicas, se generan esas cosas, los modos de demandarla pero, además, los mismos actores se constituyen en tanto tales... No se trata solamente de que en la política pública se asignen recursos, sino que cuando estos se asignan, se generan actores que a su vez los redefinen.

Entonces, nos preguntarnos: ¿en qué medida las políticas públicas de hoy generan actores con capacidad de disputa, de encaminar, de desbalancear los rumbos del país?

¿Para qué plantearnos estas preguntas? Para salir de un esquema que es interesante pero puede ser tramposo: en general, se nos dice que lo que la sociedad debe hacer es “incidir en las políticas públicas”… ¿Cuál es el problema de la incidencia? Primero, que justamente, define la dinámica como una cuestión incidental o acota los procesos a una idea deshistorizada de las demandas. Pero algo más peligroso que funciona en la propuesta de “incidencia” –tan cara a ONGs, a ciertos sectores de la academia y, en fin, al mercado– es que, sutil pero contundentemente, plantea una exterioridad de los actores respecto a la política. Desdibuja la posibilidad de involucrarse. En contraste, lo que proponemos es la idea de implicación en políticas públicas: la idea de estar y reconocerse adentro, de ser protagonistas de las mismas.

Junto con “incidencia”, la fórmula, completa suele ser más o menos así: “Para tener política pública participativa hay que generar incidencia. Y para generar incidencia hay que tener una ciudadanía activa.”

Lo interesante, y desafiante, es que acá también, en esta definición tan “amigable” de ciudadano activo, se repite algo de la exterioridad del sujeto y de la política: ser ciudadano activo es siempre ser el ciudadano que demanda al Estado desde fuera y, casi siempre, viéndolo como enemigo o, en el mejor de los casos, como un obstáculo a su realización. Desde afuera, y en lo posible, en contra. Lo interesante es que esos sujetos que hicieron del 17 de octubre su legado, decidieron que no iban a ser ciudadanos políticamente activos, sino que iban a ejercer la ciudadanía política pasiva que es ser sujetos políticos y conducir el Estado, ser elegidos por otros. Asumir la conducción del Estado e involucrarse en la conducción del conjunto de la sociedad desde un movimiento político es un modo radicalmente diferente de comprender la dinámica, donde, si acaso podemos seguir hablando de incidencia –quizás se puede– se hace en términos totalmente diferentes.

Y aquí vuelve a ser interesante pensar la política pública desde nuestras zapatillas, pero vislumbrar ahora dónde nos van a llevar estas zapatillas de acá a unos años. A nosotros mismos y a otros compañeros nuestros, a grandes sectores sociales que se reencuentran, desde diferentes lugares, con el Estado desde otra posición que no es la de enemigo, y desde otro lugar que no es el de la “exterioridad”. Ni siquiera desde la “demanda”, sino desde la creación.

Y así, plantear una manera de reivindicar, de demandar, de actuar, donde el Estado no esta “del otro lado”. No sólo porque no lo vemos como obstáculo o enemigo, sino porque los “lados”, las líneas demarcatorias que nos importan, son otras.

Asumir no una “incidencia” sino también y sobre todo la posibilidad, la oportunidad, el desafío y la exigencia de hacer las políticas públicas, por lo tanto politizarse y, muy específicamente, conducir el Estado. Un Estado que además hay que reconstruir y en muchos casos volver a plantear casi desde cero.

¿Qué significa? ¿Qué nosotros vamos a ser presidentes, ministros o diputados? No necesariamente, pero… ¿por qué no? Significa que nos podemos implicar de tal manera que y nos tenemos que imaginar que somos los que nos movilizamos reivindicando, pero también somos los que construimos el poder para en el estado, con el estado. Construyendo la acción política del estado que decide asignar recursos a los sectores populares. Poder ponernos también del otro lado de ese mostrador real e imaginario que durante años el neoliberalismo construyó como una frontera frente a lo corrupto o en todo caso lo ajeno, lo que debían asumir otros, fueran dictadores, fueran “políticos profesionales”, fueran “los corruptos de siempre”, “el aparato”. Esto implica romper esa línea-mostrador y considerar que el otro lado del mostrador también es nuestro. Y que no se trata de un mostrador sino de una frontera política que hay que atravesar en un viaje de construcción de poder popular Puede ser nuestro. Y sobre todo, que ha sido efectivamente nuestro: es la experiencia singular de los sectores populares de nuestro país, que cuaja en torno al largo trayecto del peronismo.

Estamos ante el desafío de poder pensar las políticas públicas no sólo como algo que exigimos y reivindicamos, sino como algo que nosotros como miembros del colectivo politizado podemos hacernos del Estado. Esto implica ser militantes o comprometerse en movimientos y organizaciones sociales, pero también (y es algo que nos cuesta) involucrarnos partidariamente y ponernos del lado de los que ejercen el poder, de manera real, y no de los que sólo reclaman o demandan. Cambiar nuestra posición relativa respecto de lo que es el poder y ver el lado de adentro ejerciéndolo.

Esto supone poder asumir las políticas públicas como una construcción colectiva que no se piensa desde ese mapa mental que nos han enseñado donde de un lado está el Estado y del otro están los movimientos sociales, la sociedad civil y lo que se suele llamar “la gente”. Ese esquema que, de manera a veces sutil y a veces brutal, nos niega la política. Esquema con sus versiones de izquierda que básicamente dice: “acá están los movimientos sociales que son buenos, acá está el Estado al que le pido, y acá están los partidos que nos traicionan”. Ese esquema no nos sirve a nosotros. Pero, más que declararlo, podemos decir que en la experiencia concreta de la Argentina, en nuestra historia, objetivamente, hay otra vivencia de otro camino y otros resultados, muy contundentes, de esa experiencia. Y podemos argumentar fuerte que esa larga y ancha experiencia tuvo todos los problemas que tuvo, justamente porque hizo carne en las mayorías, para las mayorías, una vivencia de felicidad colectiva que está marcada a fuego en la memoria colectiva de los sectores populares.


[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos La Perla (Córdoba), el Centro Nueva Tierra y la iniciativa Cátedras Populares del Ministerio de Desarrollo de la Nación.

* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com-

06 abril 2011

¿Desde qué zapatos?

Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas: al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 3 de 5) [1]

Néstor Borri *

3. Desde qué zapatos reflexionar

Si queremos comprometernos políticamente, y efectivamente pensar en clave política y pública las políticas publicas, hay que sacar la cuestión de sus definiciones técnicas y mercantiles por un lado. Y, al mismo tiempo, ponernos en los “zapatos de los otros”, de la población en general. Ver las realidades desde sus vidas, sus trayectorias. ¿Por qué? Porque los “militantes” somos gente rara y somos pocos. Y muchas veces tenemos la fantasía de que el mundo está hecho gente que ve las cosas como nosotros. Y, además, suponemos que eso es lo ideal. Sin embargo, en primer lugar, eso no es posible; y, en segundo lugar, si se concretara sería, sino una pesadilla, acaso algo bastante poco ideal. Pensamos política y políticas públicas para y desde el conjunto de la ciudadanía, y muy especialmente desde la perspectiva de las organizaciones populares. Y no desde los pequeños círculos de convencimiento, de lucidez o de ideología en los que fácilmente quedamos encerrados y, a veces, presos. Lo mismo pasa muchas veces en las organizaciones sociales: las organizaciones son y serán siempre una parte, incluso pequeña, de la sociedad. Si pensamos una sociedad donde todos “participan en organizaciones”, erramos. Eso no va a suceder. Y no tiene por qué suceder ni necesariamente es “bueno” o “bello” que suceda. Una cosa es tener pertenencia colectiva, otra muy diferente “participar en organizaciones”

Todo esto va a cuenta de ubicar un horizonte y un lugar ético y de conocimiento para pensar las políticas públicas. En el sentido de asumir que las personas quieren vivir, no tienen necesariamente ideas y convicciones formuladas en los términos excepcionales, no habituales, en que solemos formularlas.

Entonces, más vale asumirse como una minoría, una parte que tiene una responsabilidad para con una mayoría que piensa en su felicidad. El tema es que nosotros tenemos la oportunidad, el desafío y también la exigencia de pensar la felicidad colectiva, la trama de decisiones políticas y especialmente estatales que la sostiene, en este momento de la historia.

Una vez que estamos ante las políticas públicas como haces, como manojos, abanicos, conjuntos, secuencias, tramas de decisiones por las cuales el Estado, respondiendo a demandas sociales, asigna recursos (financieros, materiales, institucionales, organizativos y simbólicos) a los actores y sectores de la sociedad; y una vez que reconocemos nuestro lugar ético y político respecto a las mayorías populares;podemos abrir preguntas con mejor perspectiva.

¿Qué actores y sectores de la sociedad formulan las demandas? ¿Cuál es la clave política para formular eso? Hay una cosa cognitiva, podemos decir epistemológica que se plantea acá: que no hay sociedad de por sí, sino que lo que efectivamente hay es pelea y disputa para definir qué es la sociedad y cuáles demandas pueden ser consideradas legítimas. Entonces, la felicidad misma queda conflictuada por distintas definiciones de sectores sociales, con múltiples disputas de recursos materiales y simbólicos que la sostiene. Ése sería un círculo para pensar.

[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos La Perla (Córdoba), el Centro Nueva Tierra y la iniciativa Cátedras Populares del Ministerio de Desarrollo de la Nación.

* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com-

23 marzo 2011

Cada vez que sonríen


Néstor Borri 



Sonrien, los tres, cada vez
que alguien dice
"un gobierno no puede tomar la bandera de los derechos humanos"

Sonríen siempre que se dice eso.
Y no es casualidad que sean estos tres.

Siempre.
Porque si acaso quien lo dice tiene razón, si acierta, es que habrían logrado su objetivo en los hechos.
Y si la realidad desmiente a quien dice eso, también sonríen: porque saben que han hecho carne sus objetivos en un modo de ver subjetivo generalizado. Han logrado que eso se crea, naturalizando la creencia.

Y lo mismo vale , para
"la política es sucia"
"los gremialistas son todos corruptos"
 el estado no sirve"
y para tantas otras.

Hay muchos pasos dados, para que estos tres dejen de sonreir.

Pero: siguen teniendo , aun, con todos los pasos dados, motivos para sonreir.Y proveedores de sonrisas.

Y nuestra alegría tendrá - ojala- la consistencia que sólo la conciencia de la sonrisa de estos  le puede dar. Si no..la banalidad la va a amenazar. Por que la banalidad, y la banalidad de la alegria, es quizas el eje central de la hegemonía de aquellos que continuan la obra de esta trinidad sonriente.

Y acá acaba la reflexión y acaso empieza la tarea.
Cualquiera que diga lo de mas arriba, y todas sus variantes, tiene que saber - y tenemos que acompañar a que comprenda-  que, no importando si tiene razón o no, esta generando esas sonrisas. La sonrisa de estos tres.

Hay mucho hecho. Pero tambien mucho por hacer.
La celebración de los logros vale en si misma. Con todos sus límites. Por los límites mismos s que hay que celebrarlos. Y lo vamos a hacer.

Pero esa celebración puede ser tambien alimento para una tarea en la que todavia tenemos mucho por andar.

13 marzo 2011

Militancia sin imitancia

Militancia, sin imitancia. Algo así me parece que dijo Cristina en Huracán.

Sin repitencia, con circunstancia, con evidencia, y trascendencia. Con invención y pasión.

Con densidad histórica para el presente, y con todas las referencias, no sólo con una o dos: “si uno piensa en los jóvenes que construyeron aquel 25 de mayo de 1810”.

Sin banalidad al elegir los conflictos: “no vienen a luchar contra alguien, sino que por algo”.

Con un sentido ni simplón ni jacobino de la construcción de lo colectivo: “la construcción orgánica; porque faltaba la construcción política e institucional que no hiciera depender la transformación y el cambio de una o dos personas”.

Con un criterio de articulación no basado en la identidad sino en la decisión-disposición-apuesta: “no les pregunten de dónde vienen, no les pregunten cuál es su historia o su partido, pregúntenles si están de acuerdo con…”.

Con la pregunta como herramienta, más que con la afirmación consignista: “Quiero que les pregunten si tenemos que…”.

Con un sentido de la historia como creación y no como sola persistencia ni mera épica de lo-que-siempre-vuelve: “quiero rescatar la historia, pero también quiero una juventud que construya su propia historia”.

Con densidad y responsabilidad democrática.

“Digo que es importante que el frente nacional, popular y democrático: desde sus primeros discursos va MÁS ALLÁ de lo nacional-popular, y la agrega de una manera no solamente retórica “democrático”. Pero no por democratismo, sino porque es una estadista, y sabe que el término desafía a la fórmula, sacándola de la tranquilidad de todo folklore –y también del cotillón en que a veces se transforma el repertorio identitario, congelándose.

Pivoteando sobre lo imposible y el riesgo de la acusación de locura, lo inédito viable: la Argentina del no se puede (...) le decía a él que estaba loco”.

Con amor y respeto por ese gran recurso escaso, ese tesoro que se nos da sin propiedad alguna: “cuánto tiempo perdido”. Encontrando el tiempo y encontrándose a tiempo. Que se adensa y escasea, limitado como es.

Reconociendo la articulación profunda, la trama social que no es la de facebook ni el contacto redundante de los convencidos... “ese día se habían comenzado a reconstruir vínculos, cercanías, proximidades”.

Con una hegemonía que se construye más allá de las palabras, que va a la hondura de lo real y de los sujetos, a un núcleo: “No hay mejores batallas que las que se ganan con el corazón” (Las vísceras en la batalla, no en la cómoda interioridad del pecho. Ni en la de los estadios ni de los conciliábulos, ni en la seguridad del consignismo)

Y con el reaseguro que a toda batalla y reflexión, le da la alegría. El más costoso y frágil y vulnerable de los bienes políticos y colectivos. Ese que se bastardea fácil, que delata enseguida si le falta espesura y que, cuando navega el tiempo, lo enciende.

Lo que escuché, me gustó.

Como se dice en FB: me gusta.

Néstor Borri

Marzo de 2011

26 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 10/10


¿Qué puede contarnos de su gestión al frente de una gestión en la Biblioteca Nacional?
Hace seis años que estoy acá, es problemática la Biblioteca. Se ha avanzado en muchas cosas. Todo lo que tiene que ver con la infraestructura de la biblioteca, climatización, ascensores, informatización, software. Muchas personas han contribuido a eso, en especial la Subdirección. En el mismo sentido se ha trabajado fuerte en cambiar el rostro de la Biblioteca frente a los lectores y frente a la sociedad. Hacia adelante tendremos la finalización de las obras de construcción del Museo del Libro y de la Lengua, un importante proyecto de gran envergadura a nivel latinoamericano para conservar la lengua común.
¿Qué expresiones culturales le resultan interesantes en la Argentina contemporánea?
No estoy totalmente enterado de todo lo que ocurre. Me parece que hay un movimiento novelístico, como siempre lo hubo en la Argentina, muy renovador. Así como los grandes novelistas como Piglia, Viñas. También José Pablo Feinmann, muy prolífico. La crítica literaria también está en pié. Ha habido grandes trabajos. Las obras de la crítica cultural, más o menos influidas por los estudios culturales anglosajones. Las novelas de Sergio Chejfec, las de Alan Pauls, en el ámbito de la escritura y la literatura.
Hay estudios historiográficos muy importantes, ya sea en el plano de la divulgación histórica, puesto que ha vuelto a avanzar el revisionismo histórico con un fuerte aparato de divulgación en los medios de comunicación, y al mismo tiempo se repliegan las posiciones de la historiografía liberal, pero entre ambas creo que tienen que surgir nuevas obras. Están emergiendo muchos historiadores jóvenes y académicos que no aceptan cualquier política de divulgación comunicacional y formulan problemas historiográficos muy interesantes.
Curiosamente el peronismo ha renovado en la plástica, con Daniel Santoro, en el cine, la producción del cine de vanguardia argentino: Lucrecia Martel, Pizza, Birra y Faso de Caetano, El Bonaerense, de Trapero. También hay que destacar la vigencia de Leonardo Favio, que logra juntar en un solo punto de mirada la tradición más cristiana del peronismo con las expresiones de vanguardia y tecnología más evidentes, con un sentimiento de genuina sensibilidad popular basado en leyendas de todo tipo que es lo que la leyenda le tiene que decir a la historia. Y todo lo hace en términos muy delicados desde el punto de vista de la construcción artística. Argentina, muchas veces da la impresión que tiene una vida artística mucho más evolucionada que su vida política. Y esto es algo que ser tenido en cuenta para elaborar políticas culturales.

25 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 9/10


Se refería a los años ´70 como un momento de luto y de sangre, pero hay toda una serie de intelectuales y figuras políticas que en ese entonces hicieron una determinada interpretación del peronismo y hoy confluyen respecto de lo que son las encrucijadas más importantes del presente en los mismos grupos y espacios, es decir, ¿Hay algo del pensamiento y las interpretaciones de aquel entonces que persiste?
Es lo que uno habitualmente considera un legado, es muy difícil hacer política sin estar dentro de un legado. Por eso lo que yo digo sobre el peronismo es muy desmesurado. El peronismo es un fuerte legado. Lo que yo reclamo del peronismo y de los que tenemos una memoria en el peronismo es que no aparezca un cierre litúrgico. Es decir, que este legado de ciertas palabras, conceptos, emblemas y heráldicas terminen cerrando la capacidad de análisis de los legados nuevos. Y para eso nada mejor que acudir a lo que siempre fue el propio desarrollo del peronismo, mirar lo otro. En el ´45 fue así. Los grandes conductores del peronismo e incluso la experiencia del ´83 también a pesar de que no supo resolver ahí la capacidad de incorporar problemas nuevos y lenguajes nuevos. Por eso Alfonsín lo supo, y hay que mirar con mucha atención la experiencia de Alfonsín y yo no soy de los que esté de acuerdo en no tomar esa experiencia como una experiencia interesante. No podemos tener concepciones binarias, de capilla, de pequeñas trincheras. El alfonsinismo tocó temas que fueron los temas que renunció a tomar el peronismo pudiéndolos haber tomado, por lo tanto hay una vecindad dramática con el alfonsinismo. Y después con las izquierdas también. No se puede discutir tontamente con las izquierdas, esto es, con prejuicios, ni digamos con macarthismo, que lo hay y mucho. Porque la izquierda es una savia nutritiva de la vida política. Si uno no sabe que hacer, mejor ser de izquierda. Sin embargo, pensemos en Argentina, la memoria de la izquierda, que tiene muchos fracasos encima y mucha desolación, tiene que conjugarse con cierto realismo, pero no puede ser un realismo grosero de aceptar cualquier cosa. Cierto realismo es: la aceptación de símbolos populares, de lenguajes populares, formas que pueden no gustarnos pero con las cuales tratamos, en relación a los políticos, lo mismo, pueden no gustarnos pero con los cuales tratamos. Esto no quiere decir un mero realismo, quiere decir que sin dejar de pensar en un hilo conductor de las izquierdas en el siglo XX, en este momento esto debe ser interrogado a la luz de los movimientos populares y las viejas banderas que sí mantuvo la izquierda.
En este sentido yo me guío por la expresión de John William Cooke, en el sentido de que las grandes transformaciones llevan distintos nombres y tienen los nombres que les dan las coyunturas. Estamos en un momento en el que hay cierta vacilación sobre los nombres, que tienen una carga problemática en todos los casos. Decir izquierda tiene su carga problemática, socialismo tiene su carga problemática. Hay ciertos momentos en que el nombre aparece trastocado o puesto en otro tipo de identidad, el peronismo por ejemplo, y ahí, y esa es la tesis de Cooke, se recogían, en un plano no menos importante pero sin el nombre propio, las tradiciones de izquierda. Hoy ocurre algo de ese rango teórico. El kirchnerismo tiene que estar presente en las tradiciones de izquierda, no necesariamente con ese nombre. ¿Qué es el nombre del kirchnerismo? Es el apellido de una persona o Perón, no explica lo hondo sino el nombre de una persona.
Marxismo también es el nombre de una persona aunque tiene más connotaciones teóricas. Izquierda viene de la Revolución Francesa, o quizás antes, es una expresión más bien parlamentaria y que significa que la historia va por el lado más exigente, más áspero, ética digamos. Si mantuviéramos ese criterio, diría tradiciones críticas vinculadas a la memoria de la izquierda. No tiene por qué hablarse en esos términos. La discusión con los grupos más ortodoxos de la izquierda es una discusión interesante, es una discusión sobre el uso de ciertas palabras y el efecto que puedan tener. Hay efectos de izquierda sin palabras de izquierda y palabras de izquierda que no tienen efectos de izquierda, problemática que trató John William Cooke en su momento.

24 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 8/10


Respecto de ciertos intelectuales que ven una impostura en el kirchnerismo, ¿sobre que puntos se asienta el discurso del kirchnerismo como impostura y que piensa al respecto?
Evidentemente hay varios Kirchner. Kirchner fue un político surgido de una fuerza política tradicional que pasó dos décadas haciendo política en la provincia de Santa Cruz. Una provincia poco poblada aunque con una capacidad económica muy fuerte, de diversos intereses políticos. De una vida cotidiana dedicada a la abogacía y también a ciertas preocupaciones empresariales. Un político de un cuño que podría ser pensado en términos muy tradicionales del Partido Justicialista. Pero había diferencias, había tenido una militancia de ciertas latencias, que se ponen en juego en oportunidad de asumir la Presidencia, o quizás un poco antes y que había señales de que esas latencias estaban presentes. El apoyo muy fuerte que recibe Kirchner cuando lanza su política de derechos humanos es también criticado. Creo que esta crítica comienza incluso con un artículo de Beatriz Sarlo en el que sugiere un argumento, que es tomado como consigna opositora en general, en relación a que se trata de un matrimonio de impostores, que se dedican al comercio de hotelería usufructuando a su favor la política de derechos humanos. Esta es una versión muy pobre de la vida política de cualquiera. Evidentemente Kirchner tenía una profundidad sobre la cual él no teorizó ni tenía por qué hacerlo, sometido como todos a los distintos momentos y coyunturas muy dramáticas del país. De modo que basta pensar en la vida política de uno para hacer bastante más comprensible el modo en que un político desconocido en la gran ciudad, y no muy conocido fuera de la suya, Rio Gallegos, podía ubicarse en los términos del zigzag permanente que era la Argentina. En mi caso, en los ´90, sin responsabilidades políticas, como un profesor universitario estuve absolutamente en contra [del menemismo] y no me costó nada, pero en el caso de la carrera política de Kirchner le costó más. Era antimenemista y lo era más bien bajo el modo de una cierta tensión que suponía la actuación en un grupo que era el suyo en el sur, donde no eran antimenemistas pero no se enfrentaron explícitamente con Menem. Es fácil comprender el caso de Kirchner porque en todas las literaturas mundiales, políticas, laicas, religiosas, está el caso de la transformación personal. Un momento en que alguien produce una reflexión en su conciencia que -los ingleses tienen una expresión para esto, el twice born, segundo nacimiento-, lo hace surgir otra vez con un emblema y otra bandera que estaba en un plano más sumergido. Lo cual lo hace a él un personaje más interesante, no menos interesante, a diferencia de lo que supone Beatriz Sarlo, que no quiero juzgarla por esos artículos porque es alguien que estudia con mucha atención la evolución de la vida política argentina y por eso la discusión con ella tiene que ser profunda, meditada y muy argumentada y no siempre lo es. Por eso quiero aclarar que cuando me refiero a ella me refiero a los argumentos planteados en términos de este problema.
Después muchos lo tomaron en el sentido más trivial, y Kirchner aparecía como el gran embaucador. Basta leer el libro de Luis Majul, El Dueño, que yo lo he leído. Es un libro del cual surge un Kirchner quebrado internamente y explicado como preso de un poder enceguecido, como si fuera un espectro de las películas de James Bond, Spectrum, que no se sabía por qué quería tanto poder. Simplemente porque era la encarnación del mal. Un personaje tan oscuro que quería el poder para hacer el mal. El autor toma una encarnación folletinesca del poder que tomó de cuando era jovencito y veía las películas de James Bond. Lo de Kirchner es mucho más fácil de entender.
Con Kirchner hablé pocas veces, tuve conversaciones rápidas donde era posible percibir que había un fervor político, un pathos, en su conciencia personal de la dramaturgia del político, que se diversificaba en muchas cosas. Incluso en relación a la compra de terrenos en la Patagonia: no creo que lo tendría que haber hecho, pero formaba parte de una pulsión personal muy fuerte donde predominaba la idea del hombre político muy descarnada, casi trágica. No era un personaje que surgía de un texto y explicaba nociones de la gran literatura política, pero de algún modo era un personaje de una gran fragilidad a pesar de que parecía que pasaban por el todas las líneas políticas del país y las concentraba. Obviamente algo de eso había. Pero hay que entender que cuando había eso, también trasuntaba también una gran fragilidad y tenía una oscura lucidez sobre eso.
El debate sobre la impostura de los Kirchner es interesante porque hay un grado de impostura en la política siempre. No hay políticos que no deban lidiar con su pasado de un modo siempre enigmático. Incluso políticos muy simples y mediocres como De La Rúa suponían una sorpresa, porque nadie iba a saber en el país hasta que punto iba a ser inepto, esto también es un tipo de sorpresa. Aquella publicidad política donde aparecía enérgico al mando de un batallón que irrumpía donde había injusticia; no fue un batallón finalmente sino un pequeño cuerpo de represores en su caída. En la Argentina nunca se termina de dar un debate profundo sobre el hombre político, porque todo muy es muy vertiginoso. Lo primero que piensa un político es afichar la ciudad, no en dilucidar estos temas.

23 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 8/10


¿Qué queda de aquellos conceptos, como socialismo nacional, utilizados por ud. en la revista Envido en la década del ’70 ?
El socialismo no está en el horizonte de la movilización popular. En los ’70 siempre estaba por el modo en que el político más importante del momento, que era Perón, aceptó la expresión con aditamentos importantes. Y dejaba un campo ambiguo para expresarse y de hecho ese campo ambiguo no pudo impedir que se hubieran explicitado diferentes definiciones de la expresión socialismo. Había sido también una consigna muy activa, habían sido consignas de las luchas de principios del siglo XX en la Unión Soviética. Habían sido trazos de la invasión nazi a la Unión Soviética, no era una consigna nueva. La expresión socialista ahí se contraponía a la de socialismo nacional de los cuadros frentistas. Posteriormente la palabra socialismo quedó más ligada a experiencias de tipo liberal, republicana, local de carácter democrático republicano con la expresión socialista actuando en áreas de la acción social, expresiones más igualitarias de ciudad, algunos de estos componentes hoy están presentes en la experiencia del socialismo de Santa Fe, nada desdeñable a mi juicio. La palabra socialista tiene dilemas conocidos. En el PT en Brasil aparece el dilema y Lula decide no esgrimir esa palabra y definir una expresión que es -conocida en el peronismo- la de: “se hará lo que el pueblo quiera”, expresión máxima del populismo. Esta expresión no será la del socialismo pero siempre emerge como un llamado al “pueblo en acción”. Por otra parte, la palabra socialismo es utilizada por el gobierno de Venezuela donde el gobierno define lo que se llama “socialismo del Siglo XXI”, la cual también es una mezcla de distintas herencias: la del socialismo clásico y también lo que se llama el “buen vivir” o el “buen gobierno” que se intenta extraer de experiencias de pueblos originarios, de ideales comunitarios de distinto tipo. En la Argentina ese debate no está. El peronismo de algún modo ya pasó por ese debate y traer ese debate hoy no recuerda el mejor aspecto del movimiento, porque esa confrontación, también fue un momento de sangre y de luto. Por mi parte, tengo siempre en cuenta la expresión socialista, me parece que es una de las altas expresiones de la memoria política de la humanidad.

22 febrero 2011

Horacio Gonzalez en 10 partes 7/10


En este sentido Ud. se ha referido en repetidas oportunidades a la construcción de una lógica frentista popular.
Me parece que la idea de frente no debe ser abandonada por más que siempre se pregunte con quiénes, con que partidos, la dificultad está a la vista. Pero el del frente es un concepto que está por encima de esta dificultad. Es un concepto genérico que supone, antes que nada una forma diferente de articular los sectores populares, las clases medias, sectores del empresariado nacional. Fundamentalmente la idea es no formar partidos con nombre y apellido sino interpelar respecto de problemas de todo tipo. Las prácticas de explotación extractiva, el petróleo, la construcción de un Estado Nacional capaz de controlar la explotación de sus recursos naturales respetando las condiciones ambientales, la naturaleza. Son todos problemas, no nuevos pero sobre los cuales hay soluciones vacilantes, de difícil aplicación. En ese sentido, me parece que un frente, que va construyendo conceptos en relación a una articulación nueva de problemas. Ahora bien, estos problemas no son nuevos. Lo que exige novedad es cómo debe articularse el problema de la minería con problemas de transporte, con problemas de derechos humanos. Tomando problema por problema como en un parque temático separadamente se corre el riesgo de perder la articulación que tienen.
Una nueva política de minería no se va a conseguir de la noche a la mañana, hay que componerla. Y ese componer no se hace al margen de una definición del sujeto social que acompañe esto, con tal o cual discurso, lenguaje, conciencia. Por lo tanto hacerse de un cuadro de relaciones con la vida política y que cada tema lleve a libertades del sujeto político y a una autorreflexión sobre sí mismo.