Nuestra estrategia de formación política se llama MAPAS.
Estos rostros , sus arrugas, son un MAPA.
A veces los MAPAS están dibujados sobre una BRUJULA.
NB

Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas:
al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 5 de 5) [1]
Néstor Borri *
5. Desde otros marcos de interpretación, otros desafíos de creación
La etapa actual invita también a pensar cómo lo que generó las grandes oleadas de participación democrática no fueron sólo las propuestas de organizarse y politizarse, sino que fueron las propuestas de políticas públicas que fueron al nudo existencial de la vida cotidiana. A las grandes masas de los años ’40 y ’50, las movilizó: primero, la participación que venía de los años anteriores; la acción de Perón desde
Si hay algo que Perón tuvo, fue ver el estado real de los sectores populares en su momento y responder con una política pública que se plasmó como política global en torno al 17 de octubre y lo que de él devino.
Puestos en perspectiva: ¿Qué significaría pensar hoy, por ejemplo, a
Entre estos despejes (de la tecnocracia, de la despolitización, del "noventismo" sagazmente persistente, del miedo o el ataque al estado) y estos interrogantes (la felicidad de las mayorías, la historicidad desafiante, la inclusión política) nos toca decidir, crear, pensar y reasumirnos con la carne política y el talante público de las políticas publicas.
[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para
* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com-

Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas: al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 4 de 5) [1]
Néstor Borri *
4. La experiencia política de los sectores populares y las políticas públicas
Para pensar la política pública en clave de felicidad hay que tener presente que, en este país, y en esta historia nuestra, la felicidad colectiva estuvo hecha, histórica y básicamente, de dos materiales: trabajo y Estado. Lo que hay que pensar es cómo históricamente los sectores populares, las mayorías en Argentina, se constituyeron, se movilizaron, se activaron en términos de reivindicaciones y también de propuestas y de decisiones para imaginar que podían hacer y disputar su felicidad colectiva, en torno a estas dos cuestiones.
Entonces, la capacidad de movilización de los sectores populares aparece en el lugar de, o en todo caso en tensión con las decisiones “meramente” técnicas.
En el momento en que pasamos de pensar de derechos y reivindicaciones a concreciones políticas tenemos que pensar en movilización. Pensemos en la movilización clásica, callejera –la más habitual– y las movilizaciones extraordinarias –como podría ser el 17 de octubre del ’45–. Pero también pensemos en otra manera más compleja. Pensemos de dónde parten esas movilizaciones y a dónde llegan. O sea: el movimiento sigue después de la plaza y viene de antes. Y pensamos las múltiples movilizaciones, todo lo que se mueve, se lleva y se trae, como demanda, como pregunta, como reclamo, como propuesta, como fuerza puesta en diferentes espacios, con variadas estrategias, con escalas diversas; para ir constituyendo una idea legítima de felicidad, y las posibilidad de disputar los recursos materiales y simbólicos que la sostienen.
Hay una cosa más para agregar. Porque esto que es la historia de nuestro país, puede ser también un mapa, un esquema en el cual leer la política pública. Desde la perspectiva de la acción es interesante ver que la política pública no es una cosa donde los actores que “ya están” definidos y constituidos, van y demandan. Por el contrario, ver cómo, en el seno de las políticas públicas, se generan esas cosas, los modos de demandarla pero, además, los mismos actores se constituyen en tanto tales... No se trata solamente de que en la política pública se asignen recursos, sino que cuando estos se asignan, se generan actores que a su vez los redefinen.
Entonces, nos preguntarnos: ¿en qué medida las políticas públicas de hoy generan actores con capacidad de disputa, de encaminar, de desbalancear los rumbos del país?
¿Para qué plantearnos estas preguntas? Para salir de un esquema que es interesante pero puede ser tramposo: en general, se nos dice que lo que la sociedad debe hacer es “incidir en las políticas públicas”… ¿Cuál es el problema de la incidencia? Primero, que justamente, define la dinámica como una cuestión incidental o acota los procesos a una idea deshistorizada de las demandas. Pero algo más peligroso que funciona en la propuesta de “incidencia” –tan cara a ONGs, a ciertos sectores de la academia y, en fin, al mercado– es que, sutil pero contundentemente, plantea una exterioridad de los actores respecto a la política. Desdibuja la posibilidad de involucrarse. En contraste, lo que proponemos es la idea de implicación en políticas públicas: la idea de estar y reconocerse adentro, de ser protagonistas de las mismas.
Junto con “incidencia”, la fórmula, completa suele ser más o menos así: “Para tener política pública participativa hay que generar incidencia. Y para generar incidencia hay que tener una ciudadanía activa.”
Lo interesante, y desafiante, es que acá también, en esta definición tan “amigable” de ciudadano activo, se repite algo de la exterioridad del sujeto y de la política: ser ciudadano activo es siempre ser el ciudadano que demanda al Estado desde fuera y, casi siempre, viéndolo como enemigo o, en el mejor de los casos, como un obstáculo a su realización. Desde afuera, y en lo posible, en contra. Lo interesante es que esos sujetos que hicieron del 17 de octubre su legado, decidieron que no iban a ser ciudadanos políticamente activos, sino que iban a ejercer la ciudadanía política pasiva que es ser sujetos políticos y conducir el Estado, ser elegidos por otros. Asumir la conducción del Estado e involucrarse en la conducción del conjunto de la sociedad desde un movimiento político es un modo radicalmente diferente de comprender la dinámica, donde, si acaso podemos seguir hablando de incidencia –quizás se puede– se hace en términos totalmente diferentes.
Y aquí vuelve a ser interesante pensar la política pública desde nuestras zapatillas, pero vislumbrar ahora dónde nos van a llevar estas zapatillas de acá a unos años. A nosotros mismos y a otros compañeros nuestros, a grandes sectores sociales que se reencuentran, desde diferentes lugares, con el Estado desde otra posición que no es la de enemigo, y desde otro lugar que no es el de la “exterioridad”. Ni siquiera desde la “demanda”, sino desde la creación.
Y así, plantear una manera de reivindicar, de demandar, de actuar, donde el Estado no esta “del otro lado”. No sólo porque no lo vemos como obstáculo o enemigo, sino porque los “lados”, las líneas demarcatorias que nos importan, son otras.
Asumir no una “incidencia” sino también y sobre todo la posibilidad, la oportunidad, el desafío y la exigencia de hacer las políticas públicas, por lo tanto politizarse y, muy específicamente, conducir el Estado. Un Estado que además hay que reconstruir y en muchos casos volver a plantear casi desde cero.
¿Qué significa? ¿Qué nosotros vamos a ser presidentes, ministros o diputados? No necesariamente, pero… ¿por qué no? Significa que nos podemos implicar de tal manera que y nos tenemos que imaginar que somos los que nos movilizamos reivindicando, pero también somos los que construimos el poder para en el estado, con el estado. Construyendo la acción política del estado que decide asignar recursos a los sectores populares. Poder ponernos también del otro lado de ese mostrador real e imaginario que durante años el neoliberalismo construyó como una frontera frente a lo corrupto o en todo caso lo ajeno, lo que debían asumir otros, fueran dictadores, fueran “políticos profesionales”, fueran “los corruptos de siempre”, “el aparato”. Esto implica romper esa línea-mostrador y considerar que el otro lado del mostrador también es nuestro. Y que no se trata de un mostrador sino de una frontera política que hay que atravesar en un viaje de construcción de poder popular Puede ser nuestro. Y sobre todo, que ha sido efectivamente nuestro: es la experiencia singular de los sectores populares de nuestro país, que cuaja en torno al largo trayecto del peronismo.
Estamos ante el desafío de poder pensar las políticas públicas no sólo como algo que exigimos y reivindicamos, sino como algo que nosotros como miembros del colectivo politizado podemos hacernos del Estado. Esto implica ser militantes o comprometerse en movimientos y organizaciones sociales, pero también (y es algo que nos cuesta) involucrarnos partidariamente y ponernos del lado de los que ejercen el poder, de manera real, y no de los que sólo reclaman o demandan. Cambiar nuestra posición relativa respecto de lo que es el poder y ver el lado de adentro ejerciéndolo.
[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para
* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com-
Un acercamiento a la cuestión de las políticas públicas: al rescate de la “carne” política de un tema en el centro de la agenda (parte 3 de 5) [1]
Néstor Borri *
3. Desde qué zapatos reflexionar
Si queremos comprometernos políticamente, y efectivamente pensar en clave política y pública las políticas publicas, hay que sacar la cuestión de sus definiciones técnicas y mercantiles por un lado. Y, al mismo tiempo, ponernos en los “zapatos de los otros”, de la población en general. Ver las realidades desde sus vidas, sus trayectorias. ¿Por qué? Porque los “militantes” somos gente rara y somos pocos. Y muchas veces tenemos la fantasía de que el mundo está hecho gente que ve las cosas como nosotros. Y, además, suponemos que eso es lo ideal. Sin embargo, en primer lugar, eso no es posible; y, en segundo lugar, si se concretara sería, sino una pesadilla, acaso algo bastante poco ideal. Pensamos política y políticas públicas para y desde el conjunto de la ciudadanía, y muy especialmente desde la perspectiva de las organizaciones populares. Y no desde los pequeños círculos de convencimiento, de lucidez o de ideología en los que fácilmente quedamos encerrados y, a veces, presos. Lo mismo pasa muchas veces en las organizaciones sociales: las organizaciones son y serán siempre una parte, incluso pequeña, de la sociedad. Si pensamos una sociedad donde todos “participan en organizaciones”, erramos. Eso no va a suceder. Y no tiene por qué suceder ni necesariamente es “bueno” o “bello” que suceda. Una cosa es tener pertenencia colectiva, otra muy diferente “participar en organizaciones”
Todo esto va a cuenta de ubicar un horizonte y un lugar ético y de conocimiento para pensar las políticas públicas. En el sentido de asumir que las personas quieren vivir, no tienen necesariamente ideas y convicciones formuladas en los términos excepcionales, no habituales, en que solemos formularlas.
Entonces, más vale asumirse como una minoría, una parte que tiene una responsabilidad para con una mayoría que piensa en su felicidad. El tema es que nosotros tenemos la oportunidad, el desafío y también la exigencia de pensar la felicidad colectiva, la trama de decisiones políticas y especialmente estatales que la sostiene, en este momento de la historia.
Una vez que estamos ante las políticas públicas como haces, como manojos, abanicos, conjuntos, secuencias, tramas de decisiones por las cuales el Estado, respondiendo a demandas sociales, asigna recursos (financieros, materiales, institucionales, organizativos y simbólicos) a los actores y sectores de la sociedad; y una vez que reconocemos nuestro lugar ético y político respecto a las mayorías populares;podemos abrir preguntas con mejor perspectiva.
[1] El presente texto es la ampliación y desarrollo de una intervención realizada en un encuentro de formación política para jóvenes en el marco del ciclo Memoria, Derechos Humanos y Prácticas Políticas llevado adelante por el Espacio para
* Centro Mapas pedagogía/política www.mapas.org.ar nestorborri@gmail.com-
Militancia, sin imitancia. Algo así me parece que dijo Cristina en Huracán.
Sin repitencia, con circunstancia, con evidencia, y trascendencia. Con invención y pasión.
Con densidad histórica para el presente, y con todas las referencias, no sólo con una o dos: “si uno piensa en los jóvenes que construyeron aquel 25 de mayo de
Sin banalidad al elegir los conflictos: “no vienen a luchar contra alguien, sino que por algo”.
Con un sentido ni simplón ni jacobino de la construcción de lo colectivo: “la construcción orgánica; porque faltaba la construcción política e institucional que no hiciera depender la transformación y el cambio de una o dos personas”.
Con un criterio de articulación no basado en la identidad sino en la decisión-disposición-apuesta: “no les pregunten de dónde vienen, no les pregunten cuál es su historia o su partido, pregúntenles si están de acuerdo con…”.
Con la pregunta como herramienta, más que con la afirmación consignista: “Quiero que les pregunten si tenemos que…”.
Con un sentido de la historia como creación y no como sola persistencia ni mera épica de lo-que-siempre-vuelve: “quiero rescatar la historia, pero también quiero una juventud que construya su propia historia”.
Con densidad y responsabilidad democrática.
“Digo que es importante que el frente nacional, popular y democrático”: desde sus primeros discursos va MÁS ALLÁ de lo nacional-popular, y la agrega de una manera no solamente retórica “democrático”. Pero no por democratismo, sino porque es una estadista, y sabe que el término desafía a la fórmula, sacándola de la tranquilidad de todo folklore –y también del cotillón en que a veces se transforma el repertorio identitario, congelándose.
Pivoteando sobre lo imposible y el riesgo de la acusación de locura, lo inédito viable: “
Con amor y respeto por ese gran recurso escaso, ese tesoro que se nos da sin propiedad alguna: “cuánto tiempo perdido”. Encontrando el tiempo y encontrándose a tiempo. Que se adensa y escasea, limitado como es.
Reconociendo la articulación profunda, la trama social que no es la de facebook ni el contacto redundante de los convencidos... “ese día se habían comenzado a reconstruir vínculos, cercanías, proximidades”.
Con una hegemonía que se construye más allá de las palabras, que va a la hondura de lo real y de los sujetos, a un núcleo: “No hay mejores batallas que las que se ganan con el corazón” (Las vísceras en la batalla, no en la cómoda interioridad del pecho. Ni en la de los estadios ni de los conciliábulos, ni en la seguridad del consignismo)
Y con el reaseguro que a toda batalla y reflexión, le da la alegría. El más costoso y frágil y vulnerable de los bienes políticos y colectivos. Ese que se bastardea fácil, que delata enseguida si le falta espesura y que, cuando navega el tiempo, lo enciende.
Lo que escuché, me gustó.
Como se dice en FB: me gusta.
Néstor Borri
Marzo de 2011