31 octubre 2009
Desigualdad y crecimiento
Por Alfredo Zaiat
En pocos países se ha instalado la discusión acerca de la distribución del ingreso con la intensidad que se presenta hoy en Argentina. Es una de las pocas sociedades en que se desarrolla ese interesante debate en el espacio público. En general, incluso en estudios y pronunciamientos de organismos internacionales, se privilegia el tema de la pobreza como aspecto excluyente para abordar la cuestión de la desigualdad. Si bien existe esa tensión discursiva doméstica, también es cierto que a veces se la transita por senderos que provocan distorsiones en la comprensión de su proceso. La pobreza es una faceta fundamental y dramática de la actual dinámica de las fuerzas productivas, pero muchas veces se confunde insuficiencia de ingresos para comprar una canasta básica de productos esenciales con la forma en que se reparte la riqueza. Puede parecer que una situación está estrechamente vinculada con la otra, pero la experiencia empírica muestra que no es así necesariamente. La misma debilidad que expuso el Gobierno para defender la Resolución 125 concentrando sus argumentos en que los Derechos de Exportación móviles a cuatro cultivos clave constituían una medida central para distribuir ingresos la expresan ahora todos aquellos que consideran que una valiosa iniciativa de universalización de una asignación familiar ordena definitivamente una política redistributiva. La alteración de una matriz de distribución inequitativa del ingreso resulta más ardua que disponer retenciones móviles o determinar la extensión de una suma de dinero para desocupados o trabajadores en negro. Aunque cruja el sentido común, resulta notable comprobar que muchos países que han registrado tasas de crecimiento elevadas por muchos años y han disminuido en forma considerable los niveles de pobreza mantienen una sólida estructura de desigualdad en el reparto de la riqueza. Chile es el ejemplo más cercano. El análisis de los principales factores determinantes de la distribución del ingreso permite un examen más amplio de un tema que es complejo. Ese camino brinda la posibilidad de evitar que oportunas propuestas para mejorar el ingreso de sectores vulnerables sean traducidas por gran parte de la sociedad como portadoras de un milagro del que carece: una asignación monetaria que barrería con la indigencia e impactaría en una fuerte caída de la pobreza. Se corre el riesgo de la desilusión y su posterior deslegitimación, como la padecida por aquellos que pensaban que con las privatizaciones y el neoliberalismo el país ingresaría al Primer Mundo, o que un proceso neodesarrollista con tasas chinas de crecimiento podría provocar por sí solo una sustancial mejora en la distribución del ingreso. Lo mismo puede suceder con la universalización de la asignación familiar. Esta iniciativa, en forma aislada, sin considerar la actual estructura económica, caracterizada como concentrada y con grupos ejerciendo posición dominante en mercados sensibles, puede terminar siendo poco relevante en sus pretendidos objetivos. Desde 2007 se ha verificado que una demanda revitalizada por mejoras salariales y fuerte aumento del empleo precipitó una puja distributiva reflejada en alza sostenida de precios. El saldo provisorio de esa tensión fue un aumento de la pobreza por ingresos. Nada indica que ese funcionamiento de la economía vaya a cambiar con el shock de demanda que implicaría una asignación universal. Existe una tendencia muy difícil de eludir en el mundo de los políticos y dirigentes sociales que consiste en defender iniciativas que durante años colaboraron en la acumulación de un importante capital simbólico. Les pasa a todas las fuerzas, sean de izquierda o de derecha. A veces el propio transcurrir de los acontecimientos van modificando las bases materiales sobre las que se definieron ciertos proyectos. Por caso, en un escenario de emergencia ocupacional, los planes Jefas y Jefes vinieron a dar respuesta a tasas de desempleo elevadísimas y, en especial, a actuar como un vehículo de contención social. Hoy esa iniciativa carecería de esas cualidades para responder a los desafíos del actual escenario laboral. En ese mismo sentido, en un contexto dominado por políticas neoliberales de explosión de la pobreza y destrucción de empleos, la asignación universal se presentaba en la década pasada como una oportuna provocación a ese modelo de exclusión social. En estos momentos, con componentes contradictorios que reúnen aspectos de los noventa con otros que intentan superarlos, las condiciones para enfrentar la pobreza son otras. El núcleo central de los factores inmediatos que explica las aún elevadas tasas de pobreza es el alza de precios de los alimentos, el retraso salarial que define la categoría “trabajador pobre” y la informalidad laboral. Esto último desarrollado hasta en la propia estructura estatal con los “contratados”. Estos tres frentes hoy se presentarían más provocadores al poder que la universalización de una asignación, pero a la vez exigiría otros compromisos políticos y la afectación de intereses más relevantes. Un aporte valioso para este debate se encuentra en un reciente documento del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefid-Ar) de Federico Grasso. En Desigualdad y crecimiento este economista afirma que “la clave está en considerar que existe una diversidad de experiencias que dependen crucialmente de las condiciones de cada país y de cada momento histórico –mejor, del desarrollo histórico–, y que por ello parece resultar más apropiado enfocarse en episodios particulares de la dinámica de la distribución y el crecimiento”. Grasso advierte que “no debe esperarse que las sociedades desiguales redistribuyan más pues éstas se caracterizan por la gran capacidad que exhiben sus miembros más ricos para torcer las políticas del Estado en su favor”. Menciona una investigación del economista indio Ravi Kanbur, que renunció al Banco Mundial en 2000, que señala que “la experiencia internacional en los últimos 20 años muestra que los países en desarrollo que han tenido elevadas tasas de crecimiento han estado acompañados por un incremento en la desigualdad; sin embargo, el crecimiento ha tenido un efecto suficientemente fuerte como para hacer que la pobreza se reduzca. Esto conduce a que debamos preguntarnos acerca de qué clase de modelo de crecimiento queremos, ya que no alcanza con lograr tasas de crecimiento que morigeren los niveles de pobreza, porque una mayor desigualdad del ingreso ineludiblemente llevará a un descontento popular y a peligrar el modelo económico, haciendo que vuelva a elevarse la pobreza”. La evolución reciente de la economía argentina encaja en esta descripción. En esa instancia, como aporte para contextualizar el actual debate, Grasso elaboró una ilustrativa aproximación del recorrido sobre el vínculo de la distribución del ingreso y el crecimiento económico en Argentina en los últimos cincuenta años. En síntesis, con diferentes fuentes disponibles para ese período, el balance es el siguiente: - Entre 1953 y 1974, la conjunción de años relativamente favorables en materia de crecimiento económico permite que la concentración del ingreso se mantenga en niveles razonables, independientemente de los continuos cambios de regímenes y golpes de Estado. - Desde 1975 hasta 2002 hay un desmejoramiento en la equidad distributiva, reflejada en un coeficiente de Gini que pasa de promediar 0,35 a superar 0,50. Este proceso se lleva adelante independientemente de lo que ocurre con el crecimiento de la economía. - Este fenómeno es factible de observar dividiendo este cuarto de siglo en tres subperíodos: de 1975 a 1992 estancamiento, de 1993 a 1998 crecimiento, y de 1999 a 2002 franca recesión. - Finalmente, el período de fuerte crecimiento económico iniciado en 2003 logró torcer la tendencia observada por más de un cuarto de siglo, aunque el camino por recorrer para alcanzar valores similares a los observados hace cuarenta años aún es largo. Grasso concluye que la historia argentina confirma “no sólo que no existe una relación directa entre crecimiento y mejora en la distribución del ingreso, sino que es imprescindible comprender el contexto social y el conjunto de políticas llevadas a cabo”. El sendero para disminuir la desigualdad es sinuoso y requiere de firmes medidas que exigen una voluntad política aun mayor que la de disponer un reparador derecho a todos los trabajadores (informales y desocupados) como la universalización de la asignación familiar por hijo.
azaiat@pagina12.com.ar
Link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/economia/2-134417-2009-10-31.html
26 octubre 2009
La ley y la trama
hacia una nueva política PÚBLICA de comunicación audiovisual
la ley y la trama
La siguiente es la alocución de Néstor Busso (referente de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, presidente de Foro Argentino de Radios Comunitarias y miembro del Centro Nueva Tierra) en el acto convocado el pasado 21 de octubre por Presidencia de la Nación, con motivo de la puesta en marcha de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La lectura histórica de la creación de la ley y la consideración del papel Coalición por una Radiodifusión Democrática en la secuencia, nos pone frente a una experiencia de construcción colectiva sin precedentes. Una que no está cerrada, sino que enfrenta ahora sus más fuertes desafíos. Como queda claro en el discurso de Néstor Busso, la ley y su letra son un momento y un componente –significativo pero parcial– de una política pública. Para continuar avanzando hacia una implementación lo más pública y más política posible, es necesaria una trama amplia de actores, relaciones y compromisos que la pongan en movimiento. Un tejido dinámico que la Coalición por una Radiodifusión Democrática, creadora de los 21 Puntos Básicos por el Derecho a la Comunicación, puede enriquecer y fortalecer.
AUDIO: Discurso completo de Néstor Busso, presidente de FARCO
Alocución de Néstor Busso en el acto del 21 de octubre de 2009 en el Teatro Argentino de La Plata
Señora Presidenta, señores gobernadores, señoras legisladoras, señores legisladores, funcionarios nacionales y provinciales, queridas Madres Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Compañeras y Compañeros.
Estamos de fiesta. La democracia argentina está de fiesta. Con la Ley de Servicios de Comunicación audiovisual 26522 derrotamos una vez más a la dictadura genocida y también derrotamos al neoliberalismo y su dios, el mercado.
Supimos y pudimos hacerlo.
Gracias, Presidenta, por escuchar y asumir lo que pedimos y reclamamos desde las organizaciones libres del pueblo. Tenemos que agradecerle su decisión y valentía política.
Este logro de la democracia, lejos de ser una victoria de un sector político en contra de un grupo económico y mediático, es el resultado positivo de un largo proceso de construcción social, popular y democrática, que obedece a distintos factores, de orden histórico, político y cultural.
Se ha saldado una deuda de la democracia. Trabajamos por esto muchos años.
Desde muchas de las organizaciones que hoy estamos aquí veníamos planteando desde la recuperación de la democracia la necesidad de una nueva ley en la convicción de que no hay posibilidad de afianzamiento de la democracia política sin democratización de la comunicación.
Teníamos conciencia del poder que enfrentábamos. El poder de los grandes grupos económicos que pretendían mantener vigente el decreto ley que ellos en complicidad con la dictadura habían impuesto en el año 80 y habían modificado en su beneficio en los 90.
Hace 5 años, unidos bajo el concepto de que la Ley es siempre producto de una correlación de fuerzas sociales y políticas nos propusimos buscar acuerdos y construir esa fuerza social y política.
Construimos lo que luego denominamos Coalición por una Radiodifusión democrática y que hoy tengo el honor de representar aquí.
Nosotros acordamos, redactamos, instalamos y logramos adhesiones a los 21 puntos que son la base de la Ley 26522.
Vengo de la Patagonia, desde Viedma, como parte de FARCO y de ALER, pero tengo la responsabilidad de representar en este momento a las organizaciones de defensa de Derechos Humanos, a las queridas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a todos los Sindicatos de trabajadores de la Comunicación, de la CGT y de la CTA, a las Universidades nacionales y sus carreras de comunicación, Ciencias de la Información o Periodismo, al Movimiento Cooperativo, a los Pueblos originarios, a Organizaciones y movimientos sociales del oficialismo y también de la oposición.
La Coalición por una radiodifusión democrática se enorgullece de haber sido partícipe necesario del proceso de elaboración del Proyecto de Ley; surgido desde las organizaciones libres del pueblo, reconocido en el mundo como modelo para la elaboración de normas.
El 27 de agosto de 2004 trescientas organizaciones de la sociedad civil, organismos de derechos humanos, trabajadores de la comunicación, centrales sindicales (CGT y CTA), universidades nacionales, pueblos originarios, organizaciones sociales, movimiento cooperativo, pymes de la comunicación presentamos los 21 Puntos básicos para una Ley de Radiodifusión de la democracia. El 10 de setiembre de 2004 los llevamos a la Casa Rosada.
Desde la elaboración de los 21 Puntos la Coalición transitó a lo largo y ancho del país miles de encuentros, debates, seminarios, mesas redondas. Logramos inclusive la adhesión de numerosos Concejos Deliberantes y varias Legislaturas provinciales. Esos 21 puntos alimentaron la propuesta presentada por usted, Presidenta, en este mismo lugar el 18 marzo. Esa propuesta a su vez fue devuelta nuevamente a la sociedad para su posterior debate y corrección.
Reivindicamos este proceso, reconocido por el relator de Libertad de Expresión de Naciones Unidos, Frank La Rue, como inédito en el mundo para la elaboración de una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
El debate democrático con que se generó esta propuesta coincide con el propósito final de la Ley: darle más democracia a la democracia y elevar la calidad institucional de la sociedad.
Ahora que casi todos los actores intervinientes en el debate hicieron suyas las banderas de los 21 puntos elaborados por la Coalición por una Radiodifusión Democrática –después de haber ignorado o, lo que es peor, ninguneado su existencia-, vale la pena insistir que los mismos fueron elaborados hace ya cinco años, desde fuera del gobierno y como demanda al gobierno, lo que quita toda validez a los flacos argumentos de que este es un armado oficialista, o un “debate express”, o de un aparente “apuro” del oficialismo por sancionar la norma.
En ese proceso de cinco años, logramos cosas importantes además de la Ley:
Logramos poner en debate el tema de la Comunicación y el rol de los medios de comunicación.
Logramos reavivar a la militancia y la participación popular. El debate ciudadano, especialmente de los jóvenes.
Logramos la unidad del campo nacional y popular.
Logramos disputar lo público en los espacios públicos. Esta vez, la batalla no estuvo solamente en las pantallas, y eso no supieron entenderlo quienes se opusieron y quedaron en minoría. La batalla se ganó en el espacio público, en el boca a boca, cara a cara, en las calles, los centros culturales, las asociaciones vecinales, las universidades, en la construcción de ese camino siempre complejo entre lo social y lo político. Las batallas de la comunicación que siguen serán de igual o mayor importancia. Y las otras batallas de la democracia pendientes, como la distribución de la riqueza, el empleo, la pobreza, el hambre de los más chicos, entre muchas otras, tendrán condiciones más favorables para ser resueltas con esta nueva y auspiciosa redistribución de la palabra, cuya puesta en práctica habrá que saber concretar y defender.
En este proceso de debate parlamentario el oficialismo supo ganar aliados, supo negociar y ceder, supo realizar modificaciones. Vale también destacar el papel de sectores de la oposición que hicieron aportes y lograron cambios que enriquecieron el proyecto. En contraste con un oposicionismo que buscó excusas para postergar el debate vale destacar el rol de los bloques del Partido Socialista, Libres del Sur, Solidaridad e Igualdad, la Concertación y Proyecto Sur.
Las significativas diferencias de votos positivos y negativos en ambas cámaras hablan a las claras de un resultado abrumador, poco previsto para muchos, quienes imaginaban un resultado ajustado que ni siquiera se dio en la votación en particular de algunos artículos en la Cámara Alta, cuando hasta el sistema electrónico dijo basta cerca de las 6 am.
Quien haya presenciado esos debates, no puede dejar de subrayar su condición democrática y su espíritu deliberativo, un ejemplo a imitar en tantísimas otras propuestas legislativas de importancia.
En este camino de construcción de la nueva Ley de Medios se escucharon las voces públicas, las cartas abiertas, los documentos, los debates, los foros en todo el país, las calles y las plazas como escenarios de la democracia. Predominaron los actores sociales que actúan día a día en lo público, aunque sus rostros, sus nombres no se conozcan, aunque no sean noticia para los grandes medios. Ganó una novedosa experiencia cultural y política de democracia participativa, esa que sitúa en cada ciudadano y su voz el valor de la política y de las decisiones que afectan a las mayorías.
Con la promulgación de la Ley 26522 se abre una nueva etapa no menos importante que la anterior. Es necesario reglamentar y aplicar la Ley. Estaremos atentos y vigilantes en esa tarea.
A las organizaciones sociales, a las universidades, al igual que a los medios públicos, se nos presenta un gran desafío. Deberemos afianzar otro modelo de comunicación. Con ética y con otras estéticas que reflejen la identidades de nuestras comunidades, de nuestro pueblo. Y que sean capaces de disputar los sentidos para narrar nuestra historia desde nosotros mismos.
Integramos la COALICIÓN POR UNA RADIODIFUSIÓN DEMOCRATICA y no solamente por una LEY DE RADIODIFUSIÓN. Por eso vamos a seguir trabajando, en la reglamentación y en la implementación de la Ley. Vamos a trabajar para democratizar las comunicaciones. Vamos a estar atentos a que los 21 puntos no sean solo letra de una Ley sino una realidad.
Señora Presidenta: Puede contar con nosotros para acompañarla en esta tarea. Para enfrentar al partido de los medios le ofrecemos esta trama de apoyo a la aplicación de la Ley. Dice el refrán popular que “hecha la ley, hecha la trampa”.
Nosotros decimos que hicimos la Ley y ahora estaremos atentos para impedir cualquier trampa haciendo una trama para sostenerla y hacerla cumplir.
22 octubre 2009
13 octubre 2009
Para jugar el 17
Juego de las diferencias:
Interesante el ejercicio que plantea un intendente del conourbano en una nota de Daniel Miguez en el Página 12 de hoy (acerca de las pocas chances de Duhalde para el 2011).
Veamos como se configura el peronismo para adelantarnos a escenarios próximos También en nuestras provincias
Otro juego, unir los puntos:
¿cuales serán los otros actores y las principales disputas en el escenario venidero? Con el conflicto del campo se habló del partido de los medios ("golpean como partido y se defienden con libertad de presna", se decía). ¿qué va a pasar con ese actor ahora con una nueva ley de medios?
12 octubre 2009
¡Ahora van por los medios!
Spots de Radio Universidad de Rosario, denunciando las terribles consecuencias de esta nueva avanzada del "poder" para controlar todo... Tengan miedo!
07 octubre 2009
24 septiembre 2009
Léxico: Buenas palasbras que mejor dejar de lado
JF Lyotard
Cuidemos las malas palabras, las vamos a necesitar
Roberto Fontanarrosa
Un diccionaro improbable, incompleto e inconcluso. Provisorio y prometedor, pícaro si cabe, medio mulero por qué no.
Y gente hablando. Por eso, desde el principio, a los que estaban fuera de la política ordenada, se los denominó con la onomatopeya de su hablar incomprensible (ese es el origen de bárbaros: los que bla, bla, bar ...bar, chico básico, barullo, macaneo o balbuceo)
Invitados, amigos, a las conversaciones del caso y a desafiar las buenas palabras del orden y la corrección.
Se aceptan aportes, disidencias, decires y escuchaciones ( lo que en un diccionario serio es vg.)
NB
"Buenas" palabras que mejor dejar de lado
bueno
común
identidad
valores
cultura
bases
coherencia
autonomia
transparencia
todos
Todos
Para todos, con todos, que todos entren, todos somos, que se vengan todos.
Todos, armonia de los: acoplamiento de las partes después que una de ellas ha sido derrotada,, subordinada, o eventualmente destruída ( esto no: sólo eventualmente, parcialmente) en una lucha política, a menudo feroz, pero en democracia, sin ser elegante o bucólica, nunca cruenta.
Todos: momento extático de la política, como las bodasal final de los cuentos donde se comen perdices. Fiesta aburrida, si se piensa bien..
es lo que opinan...
gobierno para...
debe gobernar para...
con el apoyo de...
Transparencia
Fantasía y demanda de los que odian lo real.
Si no es opaco, no es real.
Si no es , por lo menos, translucido, no es historia.
Si una retina no lo filtra, no es humano.
Visibilidad: modo de dominación.
Transparencia: utopía de lo cristalino. Virtud de los que no ejercen el poder político ni lo harán ni lo soportan.
Transparente es lo fáctico, lo dado. Evidentemente esencial. Esencialmente evidente.
Valor de mercado. Mentira sobre los intercambios.
Utopía escópica: antipolítica en los dos términos, por utopía, por escópica.
Opacidad y ceguera, andadura al tanteo: política.
Bendición de lo turbio.
Coherencia
Demanda desacalificadora: siempre falta coherencia.
Lógica, statu quo en relación a los criterios ya aplicados que deben seguir aplicándose.
Contradefinción: historia: incoherencia.
Vida: incoherencia.
Política...
Bases
"Bases", "las" bases: entelequia de los poderes fácticos.
Lugar de una verdad a la que sólo acceden los que vinieron a la reunión, los que se sientan a la mesa donde se habrían de decidir, las cosas. Pero no puede hacerse, porque las bases no están, justamente porque en su lugar están aquellos que acceden a su verdad, cara a cara, y que las consutarán, las deben consultar.Por eso, en esta mesa, en esta reunión, en este lapso de tiempo, en esta historia: ninguna decisión. Hasta que consultemos. A las bases.
Cultura
Pero la política, si es política, es creación.
Rompe el lazo de lo cultivado, arranca los frutos, desparrama las semillas, siembra otra cosa, come crudo.
Más de cazadores, la política.
Los cultos, los cultivadores y la cultura, bien gracias no es lo suyo.
Cultura es un término reaccionario. Nadie puede culparla de eso.
( algo le hizo más mal a la reflexión sobre la política y al pensamiento político que los cultural studies en los últimos años... Acusación excesiva sin duda, pero puede ser que oportuna, quizás)
El tipo de certeza light que proveyeron...fácilmente confundible con la incerteza hard y hot que la política proveeria.
Valores
Solidaridad, Coherencia, etc etc.
Si es con mayúscula, no es política.
Las cosas mortales convienen a los mortales.(quién lo decía...)
Finitud, minúsculas y mortalidades: Por ahí sucede, y en eso se regocija.
Lo saben los pobres, los amantes, los místicos y los presos.
Los valores son a la política, lo que la taxidermia a la jungla.
Identidad
Eventualmente, al vuelo.
Al error y la errancia.
Indomicialiada, la política. De ese modo, en la polis. Errabunda
(Las zorras tienen sus madrigueras, y los pájaros sus nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza: asimismo, el hombre es hijo de la política, y acaso la política es la hija del hombre)
Cultura es un concepto reaccionario. (Deleuze era que lo dijo...)
Identidad que valiera a lo mejor: saber procesar los préstamos (A A.Ford se lo escuché?)
Conjunción
Bien común: tópico favorito de - por ejemplo, sobre todo- los obispos.Deduzcase su contenido y talante político.
Común
In-comun, infra-común, másquecomún, no común.
Todo lo no común, eso sería la política. Y todo lo que va contra las definiciones de lo común, la in-definición y lo no definitivo de lo común. Contradefinción de lo común, pero siempre
La hace la gente común, poR lo demás. El colectivo anónimo, dice Castoriadis.
La politica es algo bien raro: poco, nada, común (Badiou)
Bueno
Cuanto más moral, menos político.
¿Es así, tan? ¿Y la ética?
Decires, escuchaciones:.....
eso no es...
Propio
Decires,. escuchaciones:
COMING SOON
Listado de malas palabras
(las vamos a necesitar)
doble discurso
verticalismo
arbitrariedad
violencia
(puro) verso
traición
élite
conflicto
negociación
olvido
punterismo
clientelismo
comentarios y aportes se agradecen en www.tripaletra.blogspot.com
22 septiembre 2009
Parte del aire
Amigos, enviamos unos excelentes artículos de Edgardo Mocca y Mario Wainfeld en relación a las implicacias políticas del debate de la nueva Ley de Comuicación. Los invitamos a una lectura y análisis que estos textos invitan: una que vaya más allá de lo periódistico y la oponión hacia un abordaje con centro en lo político y la intervención
Algunos ejes de análisis y debate:
- Mirada de la cuestión pública política. Ver en qué terminos plantean la centralidad del debate y en qué se diferencia con otras miradas que circulan: en los medios, en las instituciones, en las conversaciones cotidianas. Los vículos del debate con otras cuestiones que hacen a la vida democrática. Cómo se relaciona con otras cuestiones, esten o no en agenda. Por qué tiene importancia para la vida democrática del país.
- Quién es quién, aquí y ahora. Ver quiénes son los actores en juego y en qué se diferencian los posiconamientos en relación a otros debates. O a este mismo meses o semanas atrás. Un dato central aquí: Desde la presentación de la ley hasta el dictamen y la votación en Diputados, los medios de comunicación han encrudecido su posiconamiento con un resultado interesante: Fueron dejando de lado su habitual autopresetnación como "instituciones democráticas", espacios de debate, canales de expresión de "la gente"; para presentarse como lo que realmente son: empresas, actores concretos con intereses en juego y con un poder que no les viene de los mecanismos de la democracia representativa. Estos cambios fueron parte de la trama más amplia de iniciativas y posicionamientos relativos de otros actores; comprobando como en política, la relación define los términos.
- Iniciativas, posicionamientos y escenarios. En la línea de lo anterior, ver cuales fueron los posicionamientos que influyeron en el actual escenario Y CÓMO INFLUYERON, QUÉ ESCENARIO RESULTÓ. Ver ahí la distribución de inicitavias, qué actores pusieron su iniciativa y en qué sentido habilitando a otros para poner en juego la suya. A su vez, la dinámica y posicionamiento de algunos actores condicionó el juego de otros, dejando por ejemplo, a unos "pedalenado en el aire" (MW). Ver como fueron esos posicionamientos y esos resultados. Como reconfiguraron el escenario y cuales es la "proyección futura" (EM)
- Nudos de conflictos: Indentificar nudos de conflictos planteados por los autores y ver en qué medida su abordaje amplía la construcción pública política y democrática. Cuáles son los actores que asumen los conflictos y cuáles no. Qué lectura tiene cada actor de lo que es conflicto y de lo que está en juego en él.
- Estado y políticas públicas como espacios de disputa. El debate de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un ejempo concreto e interseante (porque toca intereses de todos los argentinos de manera evidente pero muchas veces no problematizada en lo cotidinano) de cómo los ámbitos del Estado y las políticas públicas en tantos dinámicas de intervención en lo social son espacios de disputa. Ver ahí como se desarolla esa disputa, qué actores disputan qué cosa, cuales se visibilizan y cuales no, cómo esta disputa se relaciona con la vida cotidiana y el derecho a la comunicación (eje más amplio que la noción de libertad de expresión, de tradición liberal).
La propuesta es no quedarse con estas notas, si no tomarlas como insumos para pensar y actuar de manera compleja el en escenario político. Enriquece sumar otras miradas y, desde luego, PENSAR ESTOS EJES DE CARA AL DEBATE EN EL SENADO. Viendo que camiba y como se desarrollan tácticas y estrategias.
Esperamos sus comentarios.
Equipo Mapas
www.mapas.org.ar | http://mapas-ciudadania.
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Hacia dónde va el centroizquierda
La casi totalidad de los diputados que reivindican su pertenencia al espacio progresista votaron a favor del proyecto de regulación democrática sobre los medios de comunicación audiovisuales. Se afirma así una tendencia que se insinuó en ocasión de la discusión de la reforma al régimen jubilatorio y, más recientemente, el sostenimiento de las retenciones a las exportaciones agrarias.
No debería sorprender la actitud tomada por el espacio de centroizquierda: la reforma de la “ley” dictatorial sobre los medios en un sentido antimonopólico forma parte del acervo político-cultural de ese sector. Sin embargo, hay buenas razones para interrogarse sobre la consistencia y la proyección en el tiempo de esa conducta. El propio episodio de la discusión de la ley muestra el profundo debate que atraviesa al progresismo.
Pino Solanas hizo todos los esfuerzos posibles para definir el voto de sus aliados en una dirección opuesta. Ni la orientación ni los argumentos del cineasta son novedosos; para él el conflicto político argentino gira en torno de un simulacro: el kirchnerismo oculta su faz –idéntica al menemismo, según Solanas– detrás de una fachada popular-progresista. Desnudar esa falsía es, desde hace ya un largo tiempo, la tarea principal de las fuerzas populares “verdaderas”.
En el caso de la ley de medios, la argumentación enfrentó un poderoso obstáculo. La elaboración del proyecto no es una lucubración de gabinete surgida entre gallos y medianoche del riñón kirchnerista: es el producto de un poderoso movimiento social que impulsaron organizaciones sociales y dirigentes políticos de innegable trayectoria y clara pertenencia a la izquierda. De manera que los argumentos para desecharlo y mantener en pie una ley que supedita la libertad de expresión a las necesidades de la “seguridad nacional” no lucían muy atractivos. En la práctica, la prédica oposicionista fue progresivamente aislada y reemplazada por una inteligente línea de negociación del proyecto punto por punto.
Por otro lado, Solanas, a pesar de su reciente notable elección en la Ciudad de Buenos Aires no ha alcanzado el liderazgo indiscutido del sector. Un importante núcleo de dirigentes y fuerzas de centroizquierda vienen sosteniendo una mirada distinta sobre el proceso político en curso. Martín Sabbatella, referencia central de esta corriente, lo sostuvo de modo insistente en su también exitosa campaña electoral: el kirchnerismo puede ser objeto de muchos y razonables cuestionamientos, pero no debería negarse que su gobierno ha desplegado una agenda de cuestiones centrales para el futuro. En consecuencia, aparece muy problemático el desarrollo de fuerzas populares y progresistas al margen de los nudos reales del conflicto político, tal como se viene dando en estos días.
Después de la votación en Diputados, asistimos a una inopinada intervención del columnista del diario Clarín Eduardo van der Koy en el debate del progresismo. En su comentario del viernes 18 pasado, advierte la generación de un bloque de poder kirchnerista para la transición, basado en el acuerdo con el centroizquierda. Añora de este espacio “la capacidad de análisis global que supo caracterizarla aquí y en cualquier rincón del mundo”. Y hace una serie de llamados de atención principalmente dirigidos al Partido Socialista, en el sentido de que su conducta reciente podría debilitar su esquema de gobernabilidad en la provincia de Santa Fe. El operativo extorsivo sobre el socialismo santafesino fue adquiriendo visibilidad en las últimas horas y se basa en el avieso rumor de una “compra” de los votos de la bancada de ese partido por parte del gobierno nacional. Las hasta ahora no desmentidas declaraciones de Felipe Solá sobre el uso de la chequera gubernamental para ganar la votación concurren en la generación de un clima –furiosamente amplificado por el grupo Clarín– en el que el debate político es sustituido por las descalificaciones sin fundamento.
Para la izquierda parece ser un momento de grandes definiciones. No se trata del falso dilema de apoyar o no al gobierno de Cristina Kirchner. Lo que está en cuestión es el perfil de una posición política y su proyección futura. En estos días hemos asistido a una demostración de fuerzas del progresismo. Lejos de quedar atrapado en una lógica de “todo o nada”, los diputados del sector activaron una negociación inteligente y con base de principios. Lograron la modificación de los aspectos más conflictivos del proyecto: la apertura del acceso de las telefónicas al negocio mediático y la composición de la autoridad de aplicación. Tenemos un proyecto con media sanción mejorado seriamente respecto de su redacción original. El Gobierno también hizo la experiencia de cómo la flexibilidad política y el diálogo facilita la construcción de mayorías concretas en temas de particular sensibilidad. El progresismo no puso esta vez el testimonio moral en el lugar de la definición política; no recitó su desgraciadamente frecuente apelación a todo lo que está mal en el país y a todo lo que este gobierno no ha resuelto. Se situó en la materia del debate y produjo un resultado que por su amplitud y contundencia crea favorables condiciones para el debate en el Senado.
Pero la discusión sigue. Y las presiones de los grupos multimediáticos y de las corporaciones empresarias se pondrán al rojo vivo. Están dispuestos a dialogar con un centroizquierda “serio”, “moderno”, “realista”. Con un centroizquierda que haya aprendido definitivamente la existencia de límites insalvables para cualquier proyecto transformador. No importa si el progresismo clama contra la pobreza y la injusticia: eso forma parte del folklore de cualquier “país normal”. El problema es que esté dispuesto a comprometer sus fuerzas en la definición de las pulseadas reales de poder que transcurren. Si así ocurre se termina con los buenos modales. Sobreviene el chantaje, las campañas de descalificación, el silenciamiento. Para tener buen marketing, la izquierda tiene que tener comportamientos “razonables”.
Parece estar naciendo un proyecto serio y maduro en el centroizquierda. Un proyecto sólida e indiscutiblemente democrático. Ajeno a toda idea fundamentalista y maniquea. Y dispuesto a crecer en democracia, a ampliar su base de sustentación con un horizonte de mayorías y de gobierno. Por supuesto que tendrá que recorrer un camino complejo y lleno de obstáculos. Pero ni el atajo de las concesiones políticas a la derecha, ni el ejercicio de la proclamación sectaria de las propias verdades al margen de la lucha política deberían torcer el camino emprendido.
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Calidad y cantidad
La construcción de una amplia mayoría y los reflejos de la minoría. La salida del recinto, la oportunidad perdida. Una viñeta mendocina. La tendencia en la región, por quién doblan las campanas. Distintas conductas en la oposición: sobre coherencias y desmesuras.
“A un cantor lo llaman bueno cuando es mejor que los piores.” José Hernández, Martín Fierro.
La mayoría de las leyes y medidas sustanciales de los últimos 25 años se aprobaron entre gallos y medianoche, se consagraron con mayorías estrechas, provocaron discusiones enardecidas. Pocos anteproyectos estuvieron en vidriera varios meses antes, como el de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA). El oficialismo recuperó una capacidad olvidada que lo embelleció en sus primeros años: la de expresar demandas de larga data y prestar oreja a fuerzas de mayor tradición en la defensa de derechos humanos y sociales. “Abrió” la propuesta, modificó sensiblemente o taló puntos que le fueron cuestionados. Los 147 votos que se lograron en Diputados expresan un claro arco de alianzas y un sesgo ideológico preciso.
Todos los que acompañaron la iniciativa oficial desde el centroizquierda pueden engarzar esa decisión con su trayectoria previa. Claudio Lozano, de Proyecto Sur, no se privó de nada al fundar su voto. Recorrió los errores y desvíos del kirchnerismo y sintetizó bien: “No estamos votando a un gobierno sino una ley”. El socialismo fue consistente con sus principios, arriesgando mucho: Hermes Binner gobierna, tras años de digna construcción democrática, una gran provincia donde convive con la Gran esperanza blanca y lacónica. Las represalias mediáticas y políticas se harán sentir, lo suyo no fue un cálculo mezquino de oportunidad. Binner sabe –cualquier político de fuste sabe– que los poderes fácticos son más contumaces, más despiadados y (dato muy poco subrayado) más perdurables que los políticos.
La oposición más enconada eligió una posición obstruccionista. Disponía de un inmenso terreno para conseguir mejoras a la norma en el contexto abierto por el oficialismo al retractar el ingreso a las telefónicas del cable. No era esa su intención. Con las cartas jugadas y evitando que le contaran las costillas (una derrota de 147 a 100, con suerte), se retiró del recinto. Esas movidas, como el manejo del quórum, son un recurso parlamentario que en sí mismo no debería escandalizar. Sí choca que dirigentes democráticos se comporten como los “dueños de la pelota”. Cuando se ganan elecciones, se habla de gesta republicana, se cantan loas a la madurez ciudadana. Cuando se pierde, se infama al clientelismo, los ciudadanos se homologan a rehenes, se atribuye el mal resultado al voto cadena. Cuando el vicepresidente desempata de modo negativo, el Congreso es el pulmón de la república. Cuando se está a punto de caer por goleada, se miden los minutos con cronómetro, se hace un uso falaz y disfuncional del reglamento, se sale corriendo a Tribunales. Fea la actitud.
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Estado y mercado: Una constante enojosa es explicar las decisiones del adversario en exclusiva clave de corrupción. Se menoscaban las disidencias, la diversidad de enfoques, la plena lógica del pluralismo. El radicalismo, el peronismo disidente, el PRO y la Coalición Cívica armaron un relato sencillísimo: no se retomaba una eterna deuda del sistema democrático, apenas se procuraba hacer un negociado con Telecom. Abolida esa hipótesis, por una inteligente decisión de la Presidenta, quedaron pedaleando en el aire.
Tenían espacio para hacer algo más sistémico. Lo que se dirime es una clásica discusión entre Estado y mercado, un tópico de las diferencias entre centroderechas y centroizquierdas o populismos o regímenes más o menos estatizantes. De un lado, quienes piensan que el desenvolvimiento del mercado genera condiciones virtuosas y deploran la intervención pública. De otro, los que creen en la necesidad de la regulación y mocionan que la defensa de derechos esenciales (como el de la comunicación) imponen un rol activo del Estado y no su mera abstinencia.
Por cierto, este es el perfil idealizado del tema. Lo acecha el autoritarismo gubernamental, de un lado. De ahí las prevenciones de fuerzas alternativas al oficialismo que forzaron modificaciones en la autoridad de aplicación.
Lo empioja algo más denso, del otro. Las disfunciones del mercado, los oligopolios y grupos con posiciones dominantes, suelen recibir manitos muy generosas de los gobiernos. Papel Prensa, la reforma menemista de la Ley de Radiodifusión, la ley de bienes culturales, las prórrogas de las licencias concedidas por el kirchnerismo no fueron producto del libre juego de la oferta y la demanda. Fueron momentos intensos de activismo estatal, en favor de los poderes fácticos, usualmente inscriptos en un nimbo de silencio o acuerdo palaciego.
Una mayor sinceridad hubiera enriquecido el debate y –es razonable presumirlo– el texto aprobado por Diputados. La opción fue otra, de baja intensidad democrática, con terminal en los Tribunales.
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Campanas afinadas: La fruición por la anécdota, tan cara a los políticos de vuelo bajo y al periodismo, hace perder de vista que el fenómeno trasciende las fronteras locales. Un flamante y recomendable libro de Martín Becerra y Guillermo Mastrini (Los dueños de la palabra. Acceso, estructura y concentración en los medios en la América Latina del siglo XXI) provee un análisis comparado de las tendencias que se controvierten aquí. La concentración cunde en América del Sur. Un grupo reducido de medios acapara porciones formidables del mercado publicitario y de la audiencia, aquí y acullá. La concentración limita las posibilidades expresivas de medios alternativos. “La propiedad cruzada de los medios (...) se traduce en un marco de intervención de grandes grupos con escasos márgenes de incidencia para otros actores sociales económicos, políticos y culturales. (...) La concentración en pocos grupos conduce a advertir sobre la inevitable tendencia de los medios controlados por esos grupos a validar y representar su propio interés (y el de sus alianzas) como el interés general.” Esto no sería letal, agreguemos, si otras voces pudieran hacerse sentir.
Las campanas, lo dijo bellamente John Donne, siempre doblan por ti. Pero la isocronía de los procesos políticos hace que repiquen parecido en todo el vecindario. El peso público de los conglomerados mediáticos, su rol de articulador de la oposición a todos los procesos de cambio (bien diversos) que conviven en América del Sur es un desafío común a la construcción de democracias estables, garantes de ciudadanía plena, agrega el cronista.
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Opacidad y luz: Becerra y Mastrini comentan una traba que tuvieron para investigar, la opacidad informativa. Deriva de la falta de datos oficiales confiables pero también de “la falta de colaboración para brindar información de acceso público por parte de los actores concentrados de la industria de la información y la comunicación”. Puede añadirse que la oscuridad tiene otras estribaciones. Grandes protagonistas de la vida pública, hombres y mujeres que impusieron políticas y transferencias de recursos fastuosos, son desconocidos por los ciudadanos. Estos ven todo el tiempo a sus mandatarios o legisladores, conocen sus muletillas o tics, su modo de vestir o de caminar, se embelesan o se hastían de ellos, los promueven o relevan de modo regular. Otros decisores enormes son desconocidos. Han de ser pocos los argentinos, aun bien informados, que conocieran el rostro de Daniel Vila antes de sus golpistas declaraciones sobre la ley.
El proceso de debate sobre la ley dejó en flagrante minoría, lindante con la soledad, a los defensores del statu quo. Quizá fantasearon con reeditar la reacción social que produjo el conflicto de las retenciones móviles. Pero esta vez su propio frente se resquebrajó, por eso debieron salir a la luz, que los incomoda. Periodistas, artistas, comunicadores de variadas posturas políticas, muchos de ellos opositores severos, entendieron el nudo de la cuestión. No hubo movilizaciones ciudadanas, ni colectivos de personalidades de la cultura que se aferraran al aciago régimen vigente. Hasta las audiencias públicas promovidas con más ánimo dilatorio que constructivo reflejaron el fenómeno. Hasta en Mendoza, patria chica del vicepresidente Julio Cobos y del Grupo Vila-Manzano.
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De cuerpo presente: Repasemos una viñeta de la audiencia realizada en esta semana a la que se costearon varios diputados nacionales opositores. El encuentro tuvo un viraje notable, no exento de simbolismo. Las ponencias favorables a la iniciativa oficial superaron a sus contradictores. El público, preponderantemente joven y estudiantil, multiplicó el efecto.
Juan Gispert, presidente del Centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Cuyo, expuso una ponencia. Describió el peso hegemónico de los grandes grupos, en especial en su provincia. Y propagó una denuncia que viene de lejos: “El Holding Supercanal (grupo Vila-Manzano) es el mismo que se ha apropiado en forma ilegal de 40 hectáreas pertenecientes a la Universidad Nacional de Cuyo, hoy carente de provisión de agua potable y, que por ser el principal accionista de la empresa que provee de esta esencial necesidad humana, se propone mediante esta estafa hacer uno de los más grandes negociados inmobiliarios de que la provincia de Mendoza tenga memoria”. Vila, flanqueado por un par de disimulados guardaespaldas, estuvo un buen rato, guardó silencio. Los diputados no emitieron palabra en la audiencia, que dejaron con sorprendente premura.
El resultado en el ágora fue tanto o más amplio que en el recinto del Congreso, de ahí la deriva a la acusación torpe o a la judicialización.
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A judicializar, a judicializar: Lógico y lícito es que, quienes sienten amenazados sus intereses, analicen la posibilidad de defenderlos en tribunales. La conducta de los representantes del pueblo debería tomar delicada distancia de esas tácticas privadas. La diputada Patricia Bullrich repitió una mala costumbre: anunciar la inconstitucionalidad de un proyecto que aún no es ley, como lo hizo cuando la reinstalación del sistema de reparto. Ante una goleada de similar jaez, degradó el voto de sus pares. No fue similar su conducta cuando el gobierno de la Alianza, en el que revistaba, confiscó los haberes de los jubilados. Ahorró ahí menciones a la seguridad jurídica que suele mentarse sólo para defender patrones o corporaciones. La cuestión se judicializó, la exacción fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema.
Felipe Solá también cayó en la demasía de denigrar a sus adversarios. Atribuyó su congruencia a “la chequera”. Al ex gobernador y diputado electo le cuesta entender que hay políticos con coherencia histórica, quizá porque ése no sea su caso. Su recorrido es más bien itinerante. Sus puntos más oscuros son la anuencia a los indultos de Carlos Menem, la destrucción de las Juntas Nacionales de Carnes y Granos, la predación de la actividad ictícola, la campaña bajo el slogan “meta bala” con Carlos Ruckauf, la defensa encendida del comisario Fanchiotti durante casi un día, hasta que se probó que era el autor directo de los asesinatos de los pibes Kosteki y Santillán. También tuvo momentos virtuosos, como cuando convocó a su lado a dirigentes de bien y de convicciones bien puestas, como León Arslanian y Juan Pablo Cafiero. No es fácil encontrar linealidad en ese derrotero, pero sería una ruindad atribuirla a una seguidilla de chequeras contrapuestas y no a zigzagueos de sus alineamientos políticos.
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Prospectivas: El Acuerdo Cívico y Social se fragmentó frente a la propuesta. El socialismo volvió a sus fuentes, el radicalismo borró con el codo trances estimables del pasado. Los diputados que responden a Margarita Stolbizer discutieron mucho acerca de su posición frente al proyecto reformado. La propia referente se apartó del mainstream panradical: era mejor quedarse en el recinto que retirarse, mocionó.
El kirchnerismo desordena a sus rivales cuando tiene iniciativas aperturistas. El diálogo, que menoscabó de mala manera, produjo fisuras. La LSdCA revolvió el avispero. Esas movidas democráticas le son más rentables que las embestidas torpes y frontales.
Muchos de los contingentes aliados del miércoles integran el “setenta por ciento que votó contra el Gobierno”. Honraron sus mandatos, no se casaron con el oficialismo: su aval ante futuras medidas se negociará caso por caso.
¿Aprenderá esa gimnasia el kirchnerismo? No es su fuerte, es parte de su necesidad para repechar en los años por venir.
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