22 julio 2010

Un década - Aldo Ferrer


2001-2010: una década extraordinaria de la economía argentina

Por Aldo Ferrer[1]

La última década del Segundo Centenario y primera del sigo XXI condensa, en un decenio, la trayectoria argentina de doscientos años e inaugura la nueva centuria con el mensaje de las enseñanzas del pasado. No nos privó de nada, incluso la repetición de la violencia y la muerte al final del gobierno de la Alianza y, durante la transición política, en la masacre de Avellaneda.
La década se inició con la peor crisis de la historia económica argentina, continuó con el sexenio de más rápido crecimiento desde que existen registros del PBI y culmina en un escenario de interrogantes, de cuya resolución depende que volvamos a las frustraciones del pasado o iniciemos, de una buena vez, un proceso de desarrollo sustentable y equitativo de largo plazo.
El período incluye, en su segunda mitad, las consecuencias de la también extraordinaria crisis del orden económico mundial, la más severa desde la debacle de los años treinta. Pero, sobre todo, registra la evolución de los acontecimientos de fronteras para adentro y nuestras respuestas a los cambios de circunstancias y a los problemas planteados.

1. Los tres tramos

El descalabro. La década comenzó con la debacle del 2001/02, el epílogo del prolongado período de la hegemonía neoliberal, inaugurado con el golpe de Estado de 1976. Era previsible y fue anticipado por varios observadores, entre los cuales me incluyo, que la estrategia de apertura incondicional, subordinación de las políticas públicas a los intereses particulares, desregulación financiera y privatización indiscriminada, en un contexto de fuerte apreciación del peso, culminaría en un desastre. Tuvo así lugar la extranjerización de la propiedad de sectores fundamentales de la infraestructura y las mayores empresas del país y un endeudamiento externo insostenible, que desembocó en el default.
Como lo señaló el grupo Fénix en su encuentro de septiembre del 2001, la seguridad jurídica y el respeto de los contratos eran insostenibles bajo un régimen fundado en el endeudamiento y la renuncia a la gobernabilidad macroeconómica. Las consecuencias sociales fueron abrumadoras con el aumento vertiginoso del desempleo, la pobreza y la indigencia, la fractura del mercado de trabajo y, consecuentemente, la aparición de problemas de inseguridad desconocidos hasta entonces. El desorden fue gigantesco, con 17 monedas circulando en lugar de la moneda nacional, el trueque como alternativa en una economía sin mercado, los bancos inoperantes por el corralito y el corralón, el tipo de cambio disparado en un sistema al borde de la hiperinflación.
A comienzos del 2002 las propuestas para el futuro de la economía argentina, fundadas en los mismos principios que culminaron en la debacle, incluían la licuación de los activos monetarios en pesos, la dolarización, el establecimiento de la banca off shore, la renuncia definitiva a conducir la política económica y descansar en el salvataje internacional bajo la conducción del FMI. Triste final al cual la subordinación a la especulación financiera y la renuncia a la soberanía condujeron a la democracia recuperada, después de tanto dolor y tanta sangre, en 1983.
La expansión. Allí comenzó el segundo tramo de la década, cuya evolución estuvo en las antípodas de la visión y las propuestas neoliberales. Ese notable período de setenta meses, entre los segundos semestres del 2002 y 2008, registró tasas de crecimiento superiores al 8 por ciento anual, el repunte de las tasas de ahorro e inversión a los máximos históricos de cerca del 30% y 24%, respectivamente, la acumulación de reservas internacionales fundada en el superávit del balance comercial y en la cuenta corriente del balance de pagos, la reducción a la mitad de la tasa de desempleo y un alivio a la pobreza acumulada durante el cuarto de siglo de la hegemonía neoliberal.
El crecimiento obedeció a dos causas principales:
* Al cambio de circunstancias impuesto por la misma crisis. Esto incluye la pesificación de los activos y pasivos denominados en moneda extranjera y la consecuente recuperación de la autoridad monetaria del Banco Central, el superávit en los pagos internacionales debido a la caída de las importaciones y los buenos precios internacionales de los commodities, el ajuste cambiario que abrió espacios de rentabilidad clausurados durante el prolongado período de apreciación del tipo de cambio y la aparición del superávit primario en las finanzas públicas, por el repunte de la economía y la suspensión temporaria de los servicios de la deuda en default.
* Al cambio de rumbo de la política económica. Esta abandonó la búsqueda de soluciones a través de la asistencia internacional y se dedicó a consolidar el control de los principales instrumentos de la política macroeconómica: el presupuesto, la moneda, los pagos internacionales y el tipo de cambio. La fortaleza emergente de la situación macroeconómica permitió formular una propuesta propia para resolver el problema de la deuda en default, que culminó exitosamente y, poco después, en enero de 2006, cancelar la pendiente con el FMI.
La convergencia de las nuevas circunstancias y del rumbo de la política económica provocó en poco tiempo un cambio radical del escenario macroeconómico y permitió recuperar la seguridad jurídica demolida por la estrategia neoliberal. La respuesta de la oferta al repunte de la inversión y del consumo y al fortalecimiento de la competitividad de bienes transables fue inmediata, permitiendo, en el tramo considerado, un aumento acumulado del PBI del 60%. La inflación se mantuvo en niveles manejables pero por encima del límite aconsejable del 10 por ciento.
La incertidumbre. Hacia finales de la década, en el transcurso del 2008 y de allí hasta la actualidad, comenzaron a acumularse problemas que interrumpieron la expansión del segundo tramo del decenio. En el frente macroeconómico, los incentivos iniciales del ajuste de la paridad y del sustantivo superávit primario en el presupuesto comenzaron a debilitarse. El Banco Central mantuvo y mantiene una sólida posición de reservas internacionales, la capacidad de regular la situación monetaria y administrar el tipo de cambio. Pero el incentivo que otorga a la toma de decisiones de inversión, un tipo de cambio desarrollista (TCED) previsible, fue debilitándose paulatinamente. A su vez, el aumento del gasto público excedió el del crecimiento de los ingresos tributarios, con la consecuente reducción del superávit primario y el debilitamiento de la imagen de fortaleza de la situación fiscal. En sentido contrario, la nacionalización del régimen de previsión social permitió recuperar el control público de la sustantiva porción del ahorro interno que circula por el sistema jubilatorio. Esto fortaleció las finanzas públicas y, simultáneamente, plantea nuevos desafíos. La política económica debe asegurar la inversión rentable de esos recursos en la ampliación de la capacidad productiva, para afirmar la capacidad del sistema de satisfacer sus futuros compromisos.
Simultáneamente con estos cambios de la macro, y en parte vinculados con los mismos, se acumularon problemas de origen externo e interno. Entre los primeros, la monumental crisis financiera internacional inaugurada con la crisis de las hipotecas subprime del mercado norteamericano, propagada a la economía real a través de la contracción del gasto y el empleo en las mayores economías del mundo, con su consecuente impacto sobre el comercio internacional y los movimientos de capitales. El contagio externo de la crisis mundial sobre nuestro país se produjo por la baja de los precios internacionales de los commodities exportados y las expectativas negativas de la sociedad y los operadores económicos. Un hecho notable es que el contagio vía el sistema financiero fue insignificante. Desde el estallido de la crisis, la Argentina se financia con recursos propios y no descansa en el crédito internacional; por lo tanto, la reducción del fondeo externo a los países emergentes no la afecta. Al mismo tiempo, el sistema bancario (en una economía de bajo nivel de crédito y de deuda) se mantiene sólido, líquido, solvente y sin descalce de monedas en sus operaciones activas y pasivas.
El cambio de tendencia en el tercer tramo de la década no se explica principalmente por los factores externos. La causa está, en primer lugar, en los acontecimientos internos. Por un lado, el debilitamiento de la macro ya señalado. Por el otro, problemas esencialmente políticos como el prolongado conflicto del campo con el gobierno. La sequía, un factor de carácter accidental, agravó el cuadro de situación. A su vez, la polémica sobre el Indec y la credibilidad de las estadísticas enturbió el análisis de los problemas y el debate político. En este escenario, el tratamiento de cuestiones trascendentes, como, por ejemplo, la reforma del régimen previsional, los medios audiovisuales y la política energética, adquiere un alto grado de virulencia que no contribuye a la solución adecuada de los problemas.
La acumulación de acontecimientos negativos provocó la fuga de capitales. Reaparecieron reacciones preventivas, de la sociedad y de los operadores económicos, frente a situaciones inciertas e imprevisibles. En los últimos 24 meses, salieron alrededor de U$S 40 mil millones, equivalentes al 20% del ahorro interno y la totalidad del superávit comercial. La baja de la inversión y el consumo, sumada al debilitamiento de las exportaciones por la crisis y la sequía, provocó la reducción del PBI y del empleo. Sin embargo, la economía continúa generando superávit en los pagos internacionales, no aumento de deuda. Las finanzas públicas están menos sólidas pero siguen bajo control. Y la actividad privada y pública se financia con ahorro interno. En el tercer trimestre de 2009 comienzan a advertirse signos de reactivación de la actividad económica y cambio de tendencia en el movimiento de capitales.
En este escenario, vuelve a surgir la estrategia neoliberal con planteos como acordar con el FMI como requisito para “volver a los mercados”, unificar sin retenciones el tipo de cambio y dejarlo flotar hacia su libre paridad de equilibrio, reducir el protagonismo de las políticas públicas y dejar libradas las relaciones económicas externas al libre juego de las fuerzas del mercado. Hemos vuelto a la alternativa frente a la cual estábamos en el momento de elegir el rumbo para salir de la crisis del 2001/02: restablecer la estrategia neoliberal o actualizar y fortalecer la política de signo nacional que permitió en el segundo tramo de la década la notable recuperación de la economía argentina y un posicionamiento no subordinado en el escenario internacional. En el medio está la posibilidad de una estrategia indecisa que prolongaría las incertidumbres actuales y debilitaría el crecimiento del país.

2. Las enseñanzas

La década inaugura la nueva centuria con ricas enseñanzas. La primera de las lecciones confirma lo que ya sabíamos desde el retorno a la democracia en 1983: por graves que sean los problemas y los conflictos sólo podemos tramitarlos en el marco de la Constitución. En el transcurso del decenio la democracia argentina resistió la renuncia de un presidente, una compleja transición política, la mayor crisis económica de nuestra historia, el contagio del descalabro del sistema financiero internacional, el enfrentamiento del ruralismo con el gobierno, el cuestionamiento de las estadísticas oficiales, la reforma de los regímenes previsional y de los medios audiovisuales. Con mucho menos que esto durante la mayor parte del siglo pasado se desplomaron varias veces las instituciones de la República. Ahora no. El régimen resiste y todos los problemas deben abordarse dentro de las reglas de la Constitución. La década ratifica un avance extraordinario: ningún proyecto de país es posible al margen de la ley.
Demuestra la posibilidad actual de la democracia de procesar los conflictos sin caos económico. En el pasado, las tensiones en el momento de la transición de la presidencia de Raúl Alfonsín a la de Carlos Menem culminaron en un gran desorden y la hiperinflación. Lo mismo sucedió, y mucho peor, al final del gobierno de la Alianza, con el estallido de la extraordinaria crisis del 2001/02. Aun bajo gobiernos democráticos las tensiones extremas culminaban en el caos económico y en un replanteo radical de las reglas del juego. Pero en la actualidad, todas las dificultades de origen interno y externo y la virulencia del debate no provocaron, por lo menos hasta ahora, el desorden del sistema. El gobierno permanece en el comando de los ejes fundamentales de la macroeconomía (presupuesto, moneda y balance de pagos).
Estas son las enseñanzas generales de la década. A su vez, cada uno de sus tramos ofrece valiosas lecciones.
Fracaso del neoliberalismo. La crisis del 2001/02 demostró la inviabilidad de la estrategia neoliberal que predominó desde el programa del 2 de abril de 1976 hasta la debacle, es decir, un cuarto de siglo, el peor de la historia económica argentina. Sus principios de la magia del mercado y la perversidad inherente del Estado no se compadecen con el funcionamiento ordenado de las economías nacionales y del sistema mundial, ni con el desarrollo de los países emergentes. El colapso de ese modelo en la Argentina se anticipó al ocurrido en el orden global. El supuesto neoliberal de que el Estado es impotente para administrar las fuerzas del mercado y la globalización se derrumbó frente a la evidencia de que las políticas públicas son el instrumento de última instancia para la estabilidad del sistema. El primer tramo de la década y las consecuencias de la crisis mundial demuestran que la Argentina se construye desde adentro hacia fuera, no a la inversa, y que el Estado es un protagonista esencial del desarrollo económico y social. Si aprendemos la lección, el neoliberalismo no vuelve más.
Potencial de recursos. El segundo tramo proporciona otra evidencia importante: la capacidad del país de recuperarse y crecer con sus propios medios, sin pedirle nada a nadie y cancelando deuda. La Argentina cuenta con una gran variedad de recursos en un extenso territorio nacional (el octavo más grande del mundo) y una población de respetable nivel cultural y aptitud de gestionar el conocimiento. Cuenta con una elevada capacidad de ahorro, cercana al 30% del PBI, equivalente a más de U$S 100 mil millones anuales. La forma en que se resolvió la crisis del 2001/02, el notable crecimiento del segundo tramo y la capacidad demostrada de gobernar la economía, revelan que es preciso vivir con lo nuestro, abiertos e integrados al mundo, en el comando de nuestro propio destino. Constituyen otra lección que desautoriza la hipótesis neoliberal de la insuficiencia de recursos propios y la incapacidad del país de crecer sin la inyección de recursos desde el exterior.
Dilemas históricos. La interrupción del crecimiento del segundo tramo y la situación actual, en el tercero, también arrojan enseñanzas importantes. Frente a la crisis mundial, la fortaleza de la economía argentina para resistir el impacto. Pero, al mismo tiempo, el debate sobre los problemas del país demuestra que siguen abiertos dilemas históricos no resueltos. ¿Cuál es la estructura productiva compatible con el despliegue del potencial de recursos? ¿Cuál es el estilo de inserción del país en el orden mundial? El debate en curso sobre el conflicto del campo, las relaciones con el FMI y el papel del Estado proporcionan evidencias elocuentes en la materia.
Vuelve a surgir la evidencia de que la Argentina no logró establecer el consenso para formar una estructura productiva integrada y abierta, tal cual lo hicieron, desde el despegue de su desarrollo, países con gran dotación de tierras fértiles, como Estados Unidos, Canadá y Australia, en los cuales desde sus orígenes el acceso a la propiedad de la tierra fue mucho más amplio que en nuestro país. Esta indefinición sobre la estructura productiva viable en la Argentina contribuyó a la prolongada inestabilidad política del país, a los cambios radicales de estrategia económica y a la repetición de graves desórdenes macroeconómicos, dos de cuyas principales manifestaciones fueron la inflación y el endeudamiento externo excesivo.
El cambio de paradigma de política económica imprimió un nuevo protagonismo al Estado, que incluye la administración de los precios relativos vía retenciones, subsidios y otros medios. El énfasis de los pronunciamientos del gobierno en favor de la economía real y la producción inclinó la balanza hacia la formación de una estructura integrada y abierta. Sin embargo, los contenidos de tal estrategia no fueron suficientemente aclarados. El resultado fue el debilitamiento de los factores determinantes de la recuperación, un debate económico que reedita el viejo dilema histórico aún no resuelto y alineamientos políticos que no terminan de configurar la coalición mayoritaria indispensable para sustentar la formación de una estructura productiva integrada y abierta, la única capaz de erradicar la pobreza y promover desarrollo y equidad.

3. Los modelos y la política económica

La década volvió a registrar el comportamiento pendular de la política económica entre el modelo neoliberal y el proyecto de conformar una estructura económica avanzada. Como en el pasado, su desplazamiento, en uno u otro sentido, reflejó el hecho de que ninguno de los modelos alternativos llegó a conformar desde la crisis de 1930 hasta la actualidad las condiciones políticas necesarias para sustentar su permanencia a largo plazo.
La existencia de un modelo hegemónico de desarrollo económico es esencial para la estabilidad del sistema. Entre la Organización Nacional y la caída de Hipólito Yrigoyen existió un modelo agroexportador, no cuestionado por el resto de la sociedad, fundado en los intereses de los dueños de la tierra y la relación privilegiada con la potencia central de la época, Gran Bretaña. El sistema político transitó sin interrupciones desde la presidencia de Bartolomé Mitre hasta 1930 bajo el régimen constitucional, incluyendo la reforma electoral de 1912. La viabilidad histórica del sistema agroexportador concluyó con la debacle económica mundial de los años treinta. Desde entonces hasta la actualidad no se consolidó un modelo alternativo fundado en la estructura productiva integrada y abierta.
Bajo los gobiernos del fraude en la década de los ’30 y principios de los ’40, la dictadura de 1976-83 y en la década de los ’90 se configuraron las condiciones políticas que sustentaron diversas variantes del modelo agroexportador, preindustrial y, en sus dos últimos períodos, de predominio de la especulación financiera. En sus versiones posteriores a 1976, la virulencia del modelo fue tal que interrumpió los procesos previos de acumulación a través del desmantelamiento industrial y del sistema nacional de ciencia y tecnología. La extranjerización indiscriminada de los sectores fundamentales y el endeudamiento sin límite demolieron el poder de decisión nacional y redujeron al país a la posición de suplicante de la ayuda externa.
El “granero del mundo”. En torno a las retenciones y otros diferendos entre el gobierno y la Mesa de Enlace, se volvió a plantear que la cadena agroindustrial alcanza para generar empleo y bienestar para toda la población: el proyecto de Argentina “granero del mundo”. El sector es fundamental pero emplea sólo 1/3 de la fuerza de trabajo. Y un sistema productivo especializado en la explotación de los recursos naturales es incapaz de incorporar plenamente las transformaciones impulsadas por la ciencia y la tecnología. Con el campo no alcanza para conformar una economía próspera de pleno empleo y bienestar.
Este proyecto concibe a la economía argentina como un segmento del mercado mundial y no un sistema nacional de relaciones económicas y sociales vinculado al orden global pero organizado conforme a sus propios objetivos. Implica una inserción del país en la división internacional del trabajo en cuanto abastecedor de alimentos y productos primarios. La evidencia histórica y la actual, la nuestra y la ajena, revela que ese modelo es incompatible con la gestión del conocimiento y el desarrollo económico. Conduce al desequilibrio de los pagos internacionales y a la necesidad del financiamiento externo como fuente principal de la acumulación. Así, los criterios de los mercados se instalan nuevamente como ejes organizadores de la política económica. En el debate actual está presente la propuesta de país “granero del mundo” y la urgencia de “volver” al FMI y a los mercados financieros. En el mismo escenario, el Estado debe limitarse a mantener el orden público, no interferir en los mercados y, en el mejor de los casos, paliar a  través de la asistencia social la pobreza extrema. Aunque la evidencia histórica es concluyente sobre las consecuencias de esta estrategia, visiones tradicionales, arraigadas en prejuicios y/o intereses, continúan insistiendo en que es el único camino realista y viable de desarrollo del país y su inserción en el mundo.
El modelo neoliberal, en términos estrictamente económicos, es inviable como cauce de puesta en marcha de los procesos de acumulación inherentes al desarrollo, la creación de capacidad de gestión del conocimiento, la inserción viable del país en el orden mundial y los equilibrios macroeconómicos. Tampoco es, en la actualidad, políticamente viable, al menos en los mismos términos en los que tuvo lugar en el pasado. Es inconcebible la repetición del fraude o la instalación de un gobierno de facto como bases de sustentación del modelo. La única alternativa posible, a esta altura poco probable, sería la repetición de la extraordinaria coalición política menemista: una alianza entre un gran partido popular con los intereses neoliberales. El neoliberalismo podría imponerse en condiciones de incertidumbre política, como con la Alianza, pero nunca sostenerse sobre bases estables en el largo plazo. Puede provocar efímeros “golpes de Estado económicos”, pero no asumir el comando de la política económica. Las mismas consecuencias de su estrategia impiden su sustentabilidad política.
Sin embargo, vuelve a replantearse la viabilidad del sistema agroexportador, como si la capacidad de gran parte del sector agropecuario de asimilar las tecnologías de frontera y lograr un aumento notable de los rendimientos y la producción permitiera volver a las condiciones vigentes antes de la crisis de 1930. Contribuye, también, la expansión de la demanda de alimentos y materias primas generada en el acelerado crecimiento de China y otras economías de la Cuenca Asia-Pacífico. Aun así, con el campo no alcanza.
La estructura integrada y abierta. La única estrategia consistente con la gestión del conocimiento y una relación simétrica no subordinada con el orden mundial es la formación de una estructura productiva integrada y abierta, fundada en el agregado de valor a los recursos naturales y en un sistema industrial diversificado y complejo que incorpora las actividades de frontera tecnológica, incluyendo la producción de bienes de capital. Sólo sobre esas bases es posible la puesta en marcha de procesos de largo plazo de acumulación de tecnología, capital, capacidad de administración de recursos y despliegue del potencial disponible, a niveles crecientes de empleo y productividad.
Tal estructura se vincula con la división internacional del trabajo en un régimen de especialización intraindustrial, a nivel de productos y no de ramas. El principal indicador revelador del nivel de una estructura productiva es el contenido tecnológico de sus exportaciones e importaciones. Como sucede en todas las economías desarrolladas y las emergentes más exitosas, ese balance es superavitario en el intercambio con las economías periféricas especializadas en las exportaciones primarias y equilibrado en el comercio con otras economías avanzadas. Cuando se verifican tales condiciones, los países tienen sólidos equilibrios macroeconómicos, solvencia, posiciones superavitarias o niveles manejables de deuda y, en consecuencia, el comando de su propia política económica. Este modelo es intrínsicamente sustentable en el largo plazo porque genera desarrollo económico y empleo, moviliza la participación de todos o la mayor parte de los actores sociales y distribuye sus frutos con suficiente amplitud. Por las mismas razones, el modelo es intrínsicamente viable también en el plano político porque, en principio, debería contar con el concurso de las mayorías.
En estas materias, la experiencia internacional es concluyente. Sólo han alcanzado altos niveles de desarrollo los países con estructuras integradas y abiertas. La estrategia actual de los países emergentes de mayor tasa de crecimiento consiste en gestionar el conocimiento y poner en marcha el proceso de acumulación por tres vías principales: incorporar las actividades de frontera tecnológica, capacitar los recursos humanos y establecer una relación profunda entre los sistemas nacionales de ciencia y tecnología y la producción de bienes y servicios. En todos los países desarrollados y emergentes predomina un bloque hegemónico de intereses asociado a la estructura productiva diversificada y compleja. En ninguno predominan los actores vinculados a la explotación de los recursos naturales y las estructuras preindustriales. En tales condiciones, los sistemas políticos son lo suficientemente estables para sostener, a largo plazo, las políticas de transformación.
El péndulo entre los modelos. En el caso argentino nunca se logró formar una coalición predominante de intereses y grupos sociales asociados a la transición desde el modelo agroexportador a la economía integrada y abierta. Tampoco se formaron coaliciones políticas mayoritarias y estables que sustentaran la transformación o, al menos, alternativas de poder no incompatibles con tales fines. El peronismo histórico, el radicalismo desarrollista y los gobiernos de Arturo Illia y Raúl Alfonsín fueron portadores, de diversas maneras, de intenciones nacionales de desarrollo. Incluso, bajo un gobierno de facto, entre la segunda mitad de 1970 y principios del ’71, se formuló e instrumentó una estrategia de argentinización y desarrollo integrado de la economía nacional. Ninguna de esas experiencias logró consolidarse y formar un conjunto hegemónico de visiones e intereses vinculado con la formación de una economía avanzada. En ausencia de las bases de sustentación política necesarias, esas experiencias concluyeron en medidas híbridas o, lisa y llanamente, como en 1976 y 1989, en el implante de la estrategia neoliberal. La especulación financiera adquirió un protagonismo decisivo como consecuencia de la globalización financiera y la vulnerabilidad de la densidad nacional.
Para terminar definitivamente con el péndulo, es necesaria la inclusión del campo en el proceso de transformación. Como sucedió en otros grandes productores agropecuarios que son, al mismo tiempo, economías industriales avanzadas (Estados Unidos, Canadá y Australia), es preciso insertar los intereses rurales en la nueva estructura, asumiendo un rol de creadores de riqueza no hegemónico, pero protagonistas dentro de un sistema productivo integrado y complejo. El insuficiente y frustrado desarrollo industrial del país y la no formación de una coalición hegemónica de actores sociales e intereses asociados a la nueva estructura mantuvieron a buena parte de la dirigencia ruralista replegada en la pretensión de su antigua posición dominante y de su protagonismo en un país “granero del mundo”. De este modo, gran parte del sector apoyó y apoya la estrategia neoliberal, aun cuando la centralidad de la especulación financiera dentro de la misma, como sucedió en el régimen de facto 1976-83 y en la década del ’90, también castigue a los creadores de riqueza de la cadena agroindustrial.

4. El mensaje

Este extraordinario decenio contiene un mensaje para el futuro del país: recordar que es impostergable dar una respuesta definitiva al problema de la estructura productiva consistente con la gestión del conocimiento y la puesta en marcha del proceso de acumulación en sentido amplio. Para desplegar el potencial del país y establecer una relación simétrica no subordinada en el orden mundial, es preciso, de una buena vez, conformar una estructura productiva integrada y abierta. Esa estructura genera empleo y bienestar, incorpora al conjunto de la sociedad a la creación del desarrollo y la distribución de sus frutos y, por lo tanto, consolida la democracia y la estabilidad de las instituciones. Existe un círculo virtuoso del desarrollo y la democracia en el cual se potencian recíprocamente. El desarrollo, elevando el nivel de vida y generando respaldo a las instituciones. La democracia, sustentando la viabilidad política de la economía integrada y abierta y la equidad.
La densidad nacional. ¿Cómo lograrlo? Fortaleciendo todos los componentes de la densidad nacional: la cohesión social, la calidad de los liderazgos, las instituciones y el pensamiento crítico. En primer lugar, la equidad, a través de la protección de los sectores vulnerables, la educación, la salud, la vivienda, el espacio público, la cultura y, como condición necesaria, el empleo. Los liderazgos que acumulan poder generando empleo y riqueza y no como comisionistas de intereses transnacionales son agentes esenciales del desarrollo. Es preciso fortalecer a los empresarios locales y a los creadores de valores culturales que enriquecen nuestro acervo artístico, científico y tecnológico. Las instituciones deben consolidarse con la división de poderes y la transparencia de la gestión de los órganos del Estado. Es necesario que la competencia electoral sea el espacio para debatir los problemas, generar consensos y afianzar la confianza en nuestra capacidad de resolver los conflictos inherentes a toda sociedad pluralista y abierta. El predominio del pensamiento crítico, fundado en nuestra propia visión de los problemas y oportunidades, es esencial para trazar la estrategia de formación de una estructura integrada y abierta y responder con eficacia a los desafíos y oportunidades de la globalización. La densidad nacional es esencial para el desarrollo porque los países se construyen desde adentro hacia afuera y no a la inversa. Cada país tiene la globalización que se merece en virtud de la fortaleza de su densidad nacional.
La política económica. ¿Cuáles son las prioridades de la política económica al final de esta extraordinaria década final del Segundo Centenario y primera del siglo XXI, en una Argentina que está aprendiendo a vivir con estabilidad institucional, cuya economía ha demostrado capacidad de resistir adversidades y en la cual está pendiente la transición desde el subdesarrollo a la formación de una estructura integrada y abierta y erradicar, definitivamente, niveles intolerables de pobreza e injusticia distributiva?
La política económica tiene cuatro prioridades fundamentales e interdependientes: la gobernabilidad de la macroeconomía, crear un escenario propicio al despliegue de los medios y talento de los agentes económicos, orientar la asignación de recursos y la distribución del ingreso hacia los objetivos prioritarios del desarrollo y la equidad distributiva y fortalecer la posición internacional de la economía nacional.
La gobernabilidad requiere consolidar la solvencia del sector público en sus tres jurisdicciones de un Estado federal y el reparto racional de ingresos y responsabilidades entre las mismas. Debe consolidarse el proceso de desendeudamiento. La solvencia fiscal tiene como contrapartida el superávit del balance de pagos, un nivel suficiente de reservas del Banco Central para preservar al sistema de los shocks externos y la administración de la paridad a través de un tipo de cambio de equilibrio desarrollista, condición necesaria de la competitividad internacional de la producción doméstica y de la solvencia fiscal y externa. La administración de la paridad es una tarea compleja que debe adecuarse a la evolución de las variables internas y externas de la realidad económica, incluyendo la regulación de los movimientos especulativos de capitales. Su instrumentación recae en la autoridad monetaria pero su existencia es un requisito del éxito de la política económica y responsabilidad primaria de la política económica del Estado nacional.
La gobernabilidad de la macroeconomía es esencial para crear el escenario propicio a la inversión privada. Tiene un impacto directo en la actividad y en las expectativas de los agentes económicos que deben convencerse de que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro interno es el propio país y que la puja distributiva, inclusive la relación utilidades-salarios, debe resolverse en el marco de la estabilidad razonable del nivel de precios. La política monetaria debe contribuir a la estabilidad y el desarrollo, atendiendo a la evolución de la demanda de dinero y a la orientación del crédito a los objetivos prioritarios.
Si se consolida la gobernabilidad del sistema, el país dispone del poder suficiente para vincularse al orden mundial en una posición simétrica no subordinada. La experiencia de las naciones emergentes de Asia revela que los países con suficiente densidad nacional y recursos propios tienen la capacidad de decidir su estructura productiva y su propio destino en el orden global. Este es el rumbo necesario y posible en la Argentina.
Elevar la calidad del debate. Es necesario observar los problemas desde la perspectiva de los intereses nacionales, sin prejuicios y buscando las coincidencias para encuadrar y resolver los conflictos. Tres ejemplos bastan para entender cuánto nos falta. En el caso de las retenciones sobre las exportaciones de la cadena agroindustrial se debate como si se tratara de la distribución del ingreso entre el campo y el resto de la economía. En vez de analizar la estructura productiva y los tipos de cambio diferentes que deben regir para darle competitividad a toda la producción de bienes sujetos a la competencia internacional (desde la soja hasta las manufacturas de origen industrial), el campo vive las retenciones como un despojo y el gobierno insiste en que son necesarias para atender necesidades urgentes. El malentendido ha tenido importantes consecuencias en los alineamientos políticos y ha provocado el repliegue de la dirigencia ruralista a la visión del país “granero del mundo”. Es imprescindible incorporar al campo en la formación de la estructura integrada y abierta. Esto exige un replanteo profundo de las cuestiones en juego, en términos de estructura productiva y rentabilidad.
El segundo ejemplo es el Estado. En la Argentina, después de la debacle del 2001/02 y, en el mundo, después de la catástrofe financiera internacional y sus secuelas, el Estado ha reaparecido, en todas partes, como la tabla de salvación de las economías de mercado y, en América latina, como un agente fundamental de su transformación y desarrollo. Aquí, sin embargo, esa intervención se debate en términos de oportunismo político, corrupción y atropello institucional, lo cual dificulta el diseño y la ejecución de las políticas públicas necesarias.
El tercer ejemplo es el papel de la deuda y el crédito externo en el desarrollo. Nuevamente, la “vuelta a los mercados” parece la solución, y la bendición del FMI la condición necesaria. Es preciso corregir los desvíos y fortalecer la posición que se ha ganado con la recuperación del comando de la política económica, el desendeudamiento y el financiamiento con recursos propios, no con deuda externa. Sobre estas bases, el país está en condiciones de aceptar la revisión del artículo IV del FMI. Respecto de la reapertura del canje de deuda, si la política económica atiende a las prioridades correctas, la decisión es marginal e intrascendente. Caso contrario, vuelve a poner a la deuda y el crédito externo en el centro del escenario: es la vuelta al pasado de crisis del que hemos salido haciendo, precisamente, lo contrario.
Así concluye esta extraordinaria década, con antiguos problemas históricos aún no resueltos y, al mismo tiempo, con un rico bagaje de enseñanzas que, bien aprendidas, pueden abrir el camino de un futuro promisorio. La Argentina está en condiciones de vivir con lo nuestro, parada en sus propios recursos y abierta al mundo. Crecer a más del 6 por ciento anual sobre la base de una tasa de ahorro interno del orden del 30 por ciento del PBI y de inversión superior al 25 por ciento, proponiéndose erradicar la indigencia en un bienio y la pobreza en una década, reducir el desempleo a niveles del orden del 3 por ciento de la fuerza de trabajo, bajar a expresiones mínimas el trabajo no registrado y provocar una mejora generalizada del nivel de vida y, sobre todo, de su calidad en libertad y democracia. Todas metas posibles si consolidamos la densidad nacional.




[1] Profesor Emérito Universidad de Buenos Aires.

21 julio 2010

Eros, tánatos, cardenal y cardinal

Pequeño ensayo epigramático sobre la dinámica de estos dias.

Néstor Borri 

Más allá de sus arriesgados - aunque seculares- involucramientos en las cuestiones terrenales, las religiones tienen su cargo adminsitrar y proponer sentido en relación, sobre todo, a la viday la muerte. Ese es, un poco más o un poco menos, un campo de sentido y de acción que espropio de ellas.

Un signo de estos tiempos es que la política, la democracia, en Argentina, le ha señalado dos cuestiones, sendos límites en relación a esos puntos. Con la cuestión del obispado castrense, y más ampliamente con condenas coo las de Von Vernich- y de todos los autoproclamados catolicos genocidas- la dinamica concretra de la política le marcó un límite en esa frontera tanática. El matrimonio igualitario, y las justas - en todo caso exitosas- demandas del moimiento gay, le señaló desde la polis, algo importane referido a la erotica .Gay y castrense, tanatos y eros, vida y muerte: algo de la dominación fáctica, inercial, silenciosa, hasta ahora incuestionada, es puesta en palabras, en luchas, y resulta en nuevas reglas de con-vivencia. 

Esta marcada de cancha en los terrenos de la Vida y muerte, marca un eje respecto al cual el cardenal es un epifenómeno, un punto de pasaje. Y donde el punto cardinal, es el MIEDO, gran capital simbólico y político de la Iglesia Católica en Argentina.

La situación, ya sea desde la perspectiva religiosa, ya sea desde la accion politica, invita a analizar, a celebrar y a profundizar el camino. 

07 julio 2010

Formacion política : fundamentos pedagogicos (1 de varios)

 11- Hablar “de política” no siempre es hablar políticamente
Es mucho más fácil hablar de política que hablar políticamente. Siempre ha sido así, y el momento que vivimos en Argentina  pone de manifiesto con más fuerza esta diferencia. 
Al mismo tiempo hablar “en” política, justamente, implica mucho más que hablar y una cualidad particular de la palabra.
Supone una posibilidad – y una exigencia- no sólo de actuar y de implicarse, sino, sobre todo – y esto es lo más difícil- de interrogarse, replantearse la propia intervención, el modo de responsabilzarse por el mundo y la historia propia y colectiva. Cosa que vale para los individuos y para los agrupamientos e instituciones.
Por eso, cuando hablamos de formación política nos referimos al ejercicio de generar conocimiento y sentido respecto de la dimensión política de las prácticas de los actores y del tramado de prácticas que es la realidad. Pronunciar unas palabras que permitan reconocer la trama de condiciones y decisiones que construye el mundo.
Es algo muy diferente a pensar “sobre” política – aunque evidentemente hay que pensar “sobre”. Es darle forma al sentido político de los conflictos que nos atraviesan y nos desafían. A cada cual y al conjunto.
Diferenciamos la propuesta respecto a los proyectos llamados de formación política que la toman como si fuera una sub-área más, un tema que se agregaría a lo social, lo cultural, lo económico y lo político. La política no algo “más”, no es un subsector más de la realidad de la: es lo que define lo demás y lo que decide la realidad.
Este definir, decidir, sucede cuando la política se imagina, cuando se instrumenta y organiza y cuando se interviene. Formar (se) políticamente es dilucidar, cuestionar y transformar  lo que de conflicto y decisión tiene lo que llamamos realidad, incluyendo nuestra propia identidad y posición. 

02 julio 2010

Soltar la mano, alivianar el equipaje... dejar atrás

(Resumen al vuelo de una reflexión compartida con productores rurales de Misiones...en su proceso de construccion y formación política...)*



  1. Soltar la mano de…
  2. Cuidar las malas palabras…
  3. Dar la bienvenida…


1.   Soltar la mano….

O ser dueños de nuestra memoria

De las décadas d elos 70 y lo 90 , quizás es el momento de soltarle la mano a unas cuantas cosas que siguen hoy presentes… Y las tenemos que dejar en el pasado, dejarlas atrás… elegir otras cosas para el presente.

Alivianar nuestro equipaje de memoria en relación a las etapas en las que fuimos derrotados y/o nos equivocamos.
Lo que no constituye un juicio condenatorio sobre los compañeros que lucharon en esas épocas ni sobre nosotros mismos, sino una mirada reflexiva que reconoce las derrotas y errores.
Pero además y sobre todo , reconocer la necesidad de observar , de traer a la escena de la reflexión y el recuerdo, las etapas de avance, de triunfo, de posibilidades, de desafíos grandes, de alegría popular, de esfuerzo por hacerse cargo de escenarios que llamaban a avanzar en objetivos, en organización y en participación política…
En ese sentido, quizás apartarnos un poco, alivianar el equipaje en relación a la décadas del 70 – como paradigma de lucha- y la del 90 – como paradigma de resistencia, y enfocarnos en otros momentos históricos.
Porque, con el pasado, no podemos hacer nada: no podemos cambiar ni una coma. Pero la memoria es toda nuestra, es toda creación. Hay que optar por  la memoria. Elegir. Construirla.
Y necesitamos en este momento, justamente, momentos que nos iluminen con la luz de los avances. Aprender entusiasmo. Saber ganar. Saber triunfar. Saber lograr. Saber poder. Los saberes de la victorias son tan trabajosos - o mas-  que los de la derrota. Y muy exigentes.

De los 70s… dejar de lado…

… la utopía, aunque suene raro
Porque muchas veces  la utopía – lo sin-lugar, el modelo ideal, la esperanza de transformación total, no deja ver el presente y el aquí, los pasos, el tiempo de ahora, el “kairos”, la oportunidad. Lo que está no “más allá”, sino, realmente, desafiantemente, “mas acá”. Hay que hacerles lugar a las luchas y conquistas y hay que conquistar y luchar en el lugar (topos).También, saber que muchas veces, la utopía mata al camino. Y este es un momento de camino cierto, concreto, real. Y por eso mismo, limitado, opaco (y no brillante como el futuro perfecto)
Desafiados a “enlugararnos”: aquerenciarnos con el tiempo que nos ha tocado.  Porque es nuestro. No nos podemos esconder detrás de grandes ideales. Necesitamos ideas y propuestas que son, por eso mismo, reales, limitadas, con defectos- Son las de ahora: las realizables, concretas, evaluables.

 …. Ciertas miradas y prácticas de las izquierdas vanguardistas
Que en  muchos casos  responden a una matriz excesivamente lineal, racionalista, pura, a todo o nada. Muchas veces en nombre de la revolución y de los cambios totales de la sociedad, no dejaron y no dejan ver los pasos limitados, concretos, parciales, pero pasos reales de transformación, de acción colectiva, de organización.

Dejar atrás la idea de sacrificio, de “dar la vida” – de morir, con todas las letras- como destino heroico que legitima la lucha, al mismo tiempo que invita a morir a los héroes y, cuando se pervierte, ensalza el fracaso, el no haber podido. La lucha es esfuerzo, pero no todo esfuerzo debe terminar en sacrificio. No puede ser que nuestras únicas fiestas y nuestras fiestas favoritas sea celebrar a los mártires… con todo respeto. El complemento de la idea de sacrificio es siempre la resignación. Nos merecemos otra cosa.

La idea de que grupos pequeños esclarecidos pueden transformar la sociedad apartándose de los colectivos del pueblo y de lo colectivo y popular… antes estas minorías eran  militantes concientizados,  hoy se repite suponiendo que los pocos organizados o que tal o cual sector específico pueden dar la batalla transformadora en solitario…
Ideas provenientes de la Iglesia, legitiman y le ponen una patina de trascendencia, bendicen las ideas de sacrificio, de desprecio por el mas acá, deslegitima los logros como si fueran “éxito malo”…

También hay que dar pasos, soltar la mano de las experiencias que solo son capaces de crecer bajo el paraguas de la Iglesia, pero que también tienen a la Iglesia como techo… Aunque haya acompañado mucho: saber que los pasos concretos en la lucha económica y política  solo pueden darse siendo adultos políticos y ciudadanos, y no niños feligreses… Sin herir a nadie en sus convicciones religiosas, pero es así…

Soltar la mano también de una idea de pueblo demasiado centrada en lo cultural, y en la comunidad. El pueblo tiene raíces, pero el pueblo se construye también con eligiendo, caminando, cortando las raíces que nos atan a la misma situación siempre. La identidad es una herencia pero la identidad política, y la disputa económica y de poder implica decidir, elegir, no solo heredar…

De los 90, abandonar

… el exceso de tecnocratismo, todas las palabras esdrújulas, la idea de que solo se trata de gestionar eficientemente proyectos – especialmente proyectitos- la política siempre desborda e interpela lo técnico y la tecnocracia… por definición. No desprecia la técnica y lo técnico: la pone en su lugar.

 … la idea de que sólo resistimos, de que lo nuestro es  la resistencia. No nos organizamos ni luchamos ni trabajamos solo para sobrevivir. Lo hacemos para vivir, para desplegarnos, para ganar, para crecer. Hemos resistido cuando fue necesario. Ahora toca avanzar. El problema es que sabemos mas de resistir que de avanzar. Y también que muchos se han acomodado, porque le han encontrado el gusto o las ventajas o los beneficios, a solo resistir… Pero el objetivo es avanzar. 

… las propuestas que dicen que lo importante es la diversidad, las diferencias… y que con eso son cómplices de la fragmentación, bloqueando, en nombre de un falso respecto, de un falso pluralismo, la necesidad urgente de unificar, con lo que esto tiene de centralizar, de reforzar lo igual,  de homogeneizar… Y siempre que se unifica, alguna falta de respeto le hacemos a la diversidad: es la única manera  de hacerlo realmente (los que creen que se puede unificar respetando todas las diferencias… piensan en una unidad utópica… pero no en una lucha unificada aquí y ahora con logros de aquí y ahora) Unificar supone un respeto diferente: pone a la diversidad en su lugar, y respeta la necesidad de avanzar con lo común y de ampliar lo común. Unificar duele un poco. Es así.

… Abandonar también la idea de que la única solución es que las cosas sean participativas. La participación es una parte pero no es todo. Recordemos siempre que las políticas más excluidoras, y las etapas más excluyentes, hablaron todo el tiempo de participación. Como los concursos en las tapitas de gaseosas nos dicen: siga participando. De lo que nos están informando es que seguiremos perdiendo. Como cuando nos decían: habla, quéjate, protesta: eso es participar, eso es hacerse oír. Lo que nos dicen es: si queres llorar, llorá. Nada más.
Esto no quiere decir que la participación es mala. Al contrario; nos invita a preguntarnos sobre cual tipo de participación es la que necesitamos. Los procesos, las políticas y las propuestas no se miden por su participación: se miden por sus consecuencias. ¿Cuál participación, cuánta y de quiénes con que consecuencias?

Estar atentos a la mera idea de que hay que “incidir” en políticas públicas puede ser bueno. Siempre y cuando no pensemos que se trata solo  de “incidentes”.  De que incidimos, como la palabra lo indica, desde afuera. Afuera de la política – solo en lo social, solo en los mini proyectos- y afuera de lo público- solo en grupos chicos y solo en espacios cerrados o locales. Hay  que incidir, pero el camino es implicarse, politizarse, hacerse colectivo.
Cuidarnos también de la  idea de que lo nuestro es solo lo micro, lo mini , lo local, lo cotidiano y lo pequeño. Eso entro en los noventa y  en algunos casos sirvió. Pero preguntarnos si lo nuestro no es también lo macro, lo máximo, lo provincial y lo nacional, lo histórico y lo grande. No dejar que nos miniaturicen. Y no actuar como si solo fuéramos miniaturas, mini actores. Somos pequeños productores, puede ser (atención que somos mucho mas y muchas cosas más aparte de eso)… pero, en todo caso,  no somos ni niños ni enanitos de jardín….

También, quizás, en un punto, abandonar la idea de derechos. Suena fuerte. Pero estar atentos que no se trata solo de los derechos – ni tampoco de las obligaciones- Porque no se trata solo de las normas y las leyes que ya están, sino de las que todavía no está. Es cierto que hay que estar atentos a los derechos que tenemos y se vulneran o no ejercemos por desconocimiento o falta de fuerza. Pero más cierto que eso es que hay que crear derechos, ejercer capacidades, dar batallas. Va más allá de los derechos. Hay que ir a la fuente que engendra derechos y a  los umbrales donde estos se vuelven concreciones, cosas concretas logros. También a los derechos hay que ponerlos en su lugar. Son punto de partida. Estar atentos  a que no sean solo punto de llegada.

El acento en el protagonismo de cada uno y de cada una, durante los noventa, muchas veces no nos dejo ver la necesidad de construir también representación, delegación, conducción. Lo colectivo, lo democrático y lo popular no se hace solo con protagonismo.  A puro protagonismo solo funciona el mercado, donde cada quien es cada cual y baja las escaleras como quiere. La construcción política y las batallas por concreciones económicas, gremiales, sectoriales y  de poder se hacen con el tipo de protagonismo que construye representación.  Vale estar atentas a eso tanto las personas como cada grupo u organización.

Dejar atrás el voluntariado, la mera solidaridad y el desinterés “para que todos estemos mejor”, porque son tiempos en que ejerciendo la voluntad política  hay que hacer justicia social y definir los propios intereses de los sectores populares, para que las mayorías populares, los que trabajan, una parte, la parte mayoritaria pero una parte de nuestro pueblo – por eso tomamos partido- este mejor.

En los 90, las instituciones que más credibilidad y confianza tenían, eran los medios de comunicación, las empresas y la Iglesia. Y las  que menos tenían, decían las encuestas eran lossindicatos y los partidos políticos. ¿Sin sindicatos y gremios que defiendan sectores de trabajadores, y sin partidos políticos que  defiendan los intereses populares y los transformen no solo en planes sociales sino en proyectos de gobierno, alguien cree que se puede avanzar?

Néstor Borri 
ÉlDorado, junio 2010

*La secuencia de la reflexion estaba compuesta por tres partes, de las cuales aqui esta desarrollada, como se ve, la primera: Soltar la mano de… , Cuidar las malas palabras… , Dar la bienvenida…


30 junio 2010

Hegemonia compleja 12, los costos.


12- Nada evita los costos de una construcción. No hay magia y sin embargo la magia que hiciera falta tiene sus costos también. Pagarlos, cubrirlos: tener con qué. Producir ese valor. Crear es gratuito. Por eso, cuesta.
(12 puntos completos acá)


12.1. La construcción tiene costos. Precio incluso. Hay que saldarlos, pagarlos. Un costo es el tiempo. Quizas, fundamentalmente, el tiempo que se tarde en digerir y desahcerse del miedo. Puede verse nuestra historia con el tempo el biorritmo en el cual  los sectores populares procesan el miedo. Un costo: el tiempo que se tarda en perder el miedo  a ser felices.

12.2. Costos tambine educativos, costos de liderzgo, costos de construccion de elites y conducciones. Costos concretos que se cubre produciendo el capital politico, la capacidad historica que hace falta para cubrirlo.

12.3. Costos tambien biográficos, de apuestas de individuos y colectivos singulares que, sin garantia invierten en la creación colectiva. Vivir sólo cuesta vida. Nada menos.

12.4. La construccion tiene costos, vale fuerza. La creación es gratuita: riesgo, con lleva apuesta. La construccion consistente, la creación efectiva de una hegemonía supone suponen no sólo la complejidad de los conflicos, sino también, en el punto donde hay que asumirla desde la praxis concreta,  los conflictos de la complejidad. No como gesto que evade lo concreto con explicaciones interminables, sino como intervencion que asume con rigurosidad la dinamica honda de la vida y de la historia, y la intensidad de las invitaciones del tiempo.

12.5. La fantasia de una hegemonia simple es funcional a la perpetuación de la hegemonía de los poderes concentrados. La inercia de muchas prácticas se ve desafiada en este tiempo por el hecho de que muchos sujetos que veian la politica desde lejos, al estado como enemigo y a los políticos como la cusa de sus males, se asoman, timidamente quizas, pero viendo con sus propios ojos, no ya el cuadro que de la política pinta el imaginario dominante, sino la escena donde ellos mismos pueden, limitadamente y si se animan, intervenir.

12.6. En ese momento, vuelve la tentacion de las certezas congeladas, por izquierda y derecha, propias e impuestas. Una resposabilidad tanto política como pedagogica, en ese momento donde la tentacion es volver al infantilismo antipolitico, es acompañar el paso con palabras y preguntas, con encuentros  y comprensiones que, confiando en la capacidad de los sujetos para hacer historia,  los ponga frente a su propia posibilidad de encontrarse con otros para decidir e intervenir.

12.7. Entonces, algo del costo politico se cubre con esfuerzo pedagogico, con reflexión en ultima instancia filosófica, con intesidad creativa, con rigurosidad de conocimiento. Acción política y tarea pedagógica, amor pedagógico y pasión política: en esa intersección hay una posibilidad de asuncion colectiva de la complejidad. O mejor: de lo real.

Hegemonia compleja 11/12, desarrollos y metaforas


11- Tener frentes para la victoria, la derrota, el empate y otras variantes de la batalla, el juego o el baile. Frentes, por lo demás, y retaguardias, y flancos, y capacidad de desarticularse incluso.


11.1. Las metaforas que organizan el sentido dela dinamica - el enfrentamiento- politico condicionan los modos de intervenir y actuar en ella. Por eso la metafora central propuesta por los poderes concentrados tienen que ver con las esferas, el bien comun y la tranparencia: la perfección, lo ya determinado y lo no mediado. Por lo tanto, la no-política, lo no-real y, como consecuencia, la no acción, la no-posibilidad de actuar e intervenir. 


11.2.  Batalla , juego y baile: frentes, jugadas, pasos. De cada una de estas trs metaforas del campo de intervención política se pueden activar y optimizar, performativamente, rumbos , estrategias gestos y planes de accion (como se verá, el hecho de señalar "rumbos", etc... tambien está determinado por la metafora que actua definiendo el campo.
La violencia , lo agonico, la seduccion, las reglas, el  cuerpo, la habilidad, lo inesperado, la pasión, lo que sucede entre las partes (enemigos, partenaires, adversarios, particiopantes...): todo aparece marcado por las imaginaciones y las formas involucradas al pensar donde sucede la politica.


11.3. ¿Quien es el sujeto que gana y pierde, en los frentes para la victoria? ¿Que singifica pensar el Frente, los Frentes, el frente, los frentes,,, en singular y plural, con mayusucula y minuscula: o sea como nombre propio  y actor explicito y/o como una dinamica-fenomeno social mas amplio? Un "Frente para la Victoria" expresa unos frentes "societales" o , por el contrario, frentes socieales son constituidos por los organos politicos especificos? ¿COmo se vincula , ya no lo político con lo social sino , más bien, la acción politica con la acción colectiva, la política -explítica, eventual, lacunar- con lo político- implicito, estrcutural y constitutivo?


11.4. Las largas y amplias meaforas del , la guerra y el circo: la arena politica, el circo que es un circulo , la dramatizacion de un campo de batalla. Pan y circo: no desviación, sino constituivos del campo político. Mertafora insuficiente pero inevitable, por lo tanto, a asumir y recrear.


11.5. Bloque historico,  frente de partidos,  frente de masas,  partidos catch all , movimiento nacional y popular, campo popular,   organizaciones sociales y estado, organizaciones sociales +estado, movimientos sociales... nombres que tientan , ta(len)tean un actor amplio, un actor-resultado-de-articulación.. 


11.6. La forma partido está siempre presente en la construcción politica. Como plante Gramsci, la asuma un partido político o la asuma la prensa. La forma partido , lo que media la toma de partido, lo que constituye la y las partes. Frente a la fantasia irreal del todo, la mirada lucida sobre la forma-partido y sobre el partido de las formas.


11.7. Imaginar las formas en que y por las que se constituye un actor popular hoy en dia: traerlas a la luz, co-crearlas en lo colectivo.  Para dar batalla, estar en el baile, jugar el juego.


11.8. Es obvio que una construccion electoral debe estar diseñada, animada y encaminada para ganar, para la victoria. No quita que , por un lado , la victoria es más que ganar y, por otro  que hay que hacer frente tambien a la posibilidad real de perder, de la derrota. En y más allá de lo electoral.

11.9. El Frete para la Victoria partido, tiene su correlato en al frente (para la victoria) a nivel societal-popular que lo sostiene o que debe "interpelar- producir" . En esa brecha de juega el partido, se despliega la batalla, y en esa cadencia seduce el baile, que sigue y sigue, al compas del tiempo y del cuerpo que hay que poner.

24 junio 2010

Kioscos, guetos y corrales 4

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 4 de 6: Instalar-actuar: Entre las convicciones y el entusiasmo
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración:  Sebastián Prevotel

Necesitamos profundizar el debate de fondo sobre el neoliberalismo persistente y que se reproduce, que subsiste y que se recrea.

Ante la disyuntiva de darse una estrategia de instalación o esperar que otros tomen la iniciativa, es necesario estar atentos a cuales son las lógicas y dinámicas de instalación en juego. Comenzando por considerar que una lógica de instalación no es de “convicción”; supone cierta incertidumbre.

El riesgo de caer en la lógica de gueto siempre está presente. Viene junto con el riesgo de hablar siempre entre convencidos y de refugiarse en la propia certeza.

Tiene que ver con el interrogante sobre la vida cotidiana en los planteos y debates políticos: el riesgo de que la convicción se vuelva insistencia, la insistencia repetición y la repetición, sencillamente, aburra y repela.

Lo contrario del aburrimiento no es la novedad si no la vitalidad. La significación. El sentido. La continuidad de la creación y de los interrogantes. La ecuación. La vida. Mantener las propias motivaciones al tiempo que el impulso y el encanto de la tarea a largo plazo.

Por ejemplo, la disyuntiva que dice “la ley de medios o los monopolios” implica un razonamiento que no alcanza. No porque sea equivocado como razonamiento, sino que es insuficiente para interpelar de manera efectiva a quienes vayan a defender a ley de medios.

Volviendo a los debates: ¿qué clase de análisis de contexto puede generar nuevas convicciones y entusiasmo?

El momento demanda dar debates concretos y no coyunturales que, sin embargo, se den en la coyuntura. También, dar debates amplios pero al mismo tiempo afirmase con unos buenos criterios.

Ahí la pregunta es cómo abordar lo concreto no coyuntural, zafando de la realidad sin espesor, de los debates sin apertura, de las certezas sin interrogantes, de las acciones sin consecuencias.

11 junio 2010

Kioscos, guetos y corrales 3

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 3 de 6: Militancias y guetos. Lógicas para procesar/intervenir conflictos
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración: Sebastián Prevotel

Cuando hablamos de guetos y militancias, centralmente nos referimos a un riesgo: del de quedar encerrados en círculos de conversaciones, preocupaciones, temas, debates y “luchas” que solo implican a pequeños grupos, o en todo caso que dejan afuera a una parte demasiado considerable de la sociedad, o de los que deberían estar implicados e involucrados para que el debate tenga consecuencias serias.

Esto sucede con varios tipos de militancia. El gueto es un lugar de encierro, de aislamiento y de repliegue, de que, en muchos casos, se olvida que es eso mismo. Aparece la “costumbre” de vivir dentro y parece que ahí sucede todo. En el gueto hay algo “tranquilzador”…

Existe un déficit de interlocutores y sujetos sociales que puedan llevar adelante una propuesta con consecuencias favorables para la vida cotidiana de los sectores populares. Debates con consecuencias que respalden, generen y alimenten los intereses de los sectores populares / los trabajadores en general. En este punto, vemos que en muchos ámbitos y en torno diversas reivindicaciones, aparece el riesgo de proponer un país para todos con un debate para pocos. Mientras tanto, los medios de comunicación proponen un país para pocos con un debate para todos.

Los militantes sociales y/o políticos –que hacen-hacemos de la militancia identidad, sello y estilo de vida– pensamos, proponemos, exhortamos a poner garra para un país para muchos. Pero los debates que logramos sostener , muchas veces interesan e interpelan a unos pocos. Para contrastar, vale estar atentos al hecho de que actores como los grandes medios de comunicación piensan un país para pocos, pero interlocutan con muchos. Una parte de esta tensión por supuesto tiene que ver con la diferencia de poder que pueden tener

Por la inversa, un ejemplo. Un error muy frecuente de concepción al dar la batalla con los medios: Considerarlos sólo como enemigos, o pretender que las personas los identifiquen como tales, es desconocer que para la mayoría de la población los medios de comunicación son portadores de significados y culturas que representan en interpelan. Son proveedores de culturas y sentidos que la razón lineal que alimenta nuestra tradición de militancia social y política tiende a desplazar: culturas del afecto y el sentimiento, del erotismo y la sensualidad, del azar y la incertidumbre, del humor y la irrespetuosidad, de la cotidianidad y la construcción cotidiana de sentido para la vida.

Esto no hace necesariamente amigables a los medios de comunicación en tanto actores políticos. Sin embargo, verlo así es un paso para asumir que las estrategias de hacer circular el mapa de propiedad de medios o etiquetar con una careta de gorila a Ernestina Herrera de Noble o a Joaquín Morales Solá son insuficientes e ineficaces. Si se quiere, por ejemplo, que mayorías defiendan la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, no basta con la denuncia y la repetición de la disyuntiva “la nueva ley o los monopolios”. Hacen falta unas vueltas de tuerca de complejidad y creatividad en las estrategias para construir adhesión y respaldo amplio de la ciudadanía.

¿Cómo interpelar eso que los medios proveen? ¿Cómo proveer nuevos repertorios sin denostar las culturas –contradictorias pero también válidas y valiosas– que los medios levantan, expresan y reproducen?

El perfil “militante” no es masificable. O dicho al revés, como pregunta y entrándole por la inversa: ¿Qué tipo de implicación en la participación, qué tipo de compromiso e involucramiento es posible proponer –y esperar– de las mayorías, para sostener proyectos a todas las escalas?

Decir que el perfil ‘militante’ no es masificable no es sencillo. Puede tener su costo afirmarlo y ser consecuente con ello en algunos espacios. Pero es necesario evaluar en qué medida esto es y ha sido así. Y que lo es más en contextos de alta fragmentación y en una secuencia histórica como aquella de la que venimos. Tenemos una larga y dolorosa experiencia de país que lo constata. También lo demuestra una larga tradición pedagógica y de trabajo con la cultura popular y política en nuestro país y América Latina.

Pero, si el perfil del militante no es masificalbe, ¿con qué perfiles actuar o qué tipo de perfiles construir en sectores amplios de la sociedad? La pre-tarea: Hacerse una imagen de “sectores populares con capacidad política” que sea realista pero no claudicante, que sea ambiciosa pero no mágica, que sea viable, alcanzable y al mismo tiempo superadora.

Nos encontramos continuamente con guetos de pensamiento y acción. Nos movemos entre corralitos de convencidos que bloquean la interpelación a y la construcción con sectores más amplios.

El problema con los guetos no es su condición de parte, si no el encierro y el aislamiento. Es esperable y fundamental que haya partes y partidos en el juego democrático.

Un camino para des-guetizar: Desesencializar el discurso, ir de los sustantivos y los nombres propios a los verbos. También: Nunca dejar de preguntase si acaso las cosas no se pueden hacer de otra manera.

El esquema que plantea su eje en identificar y confrontar enemigos todo el tiempo para procesar los conflictos sirve y construye en cierto marco y con ciertas condiciones. Es un riesgo o por lo menos un error valerse de este esquema en todos los contextos.

Cuando la actual gestión de gobierno asumió su primera etapa, en un escenario de debilidades múltiples, ese esquema fue útil para construir una base mínima de apoyo y poner límite a intereses que pugnaban por volver al status quo neoliberal. Desde el 2008, por distintas razones, ese esquema parece haberse agotado en Argentina.

La militancia y ciertos guetos hacen su parte en reproducir la lógica que soporta y da sentido a ese esquema se agota en nombrar y confrontar al “enemigo”.

Algunos límites de la mirada-lógica-esquema de confrontación de enemigos:

  1. Como toda estrategia, funciona para un determinado contexto. No ver eso puede significar la reproducción de escenarios anteriores o, simplemente, quedar por fuera de los actuales.
  2. La lógica de confrontación del enemigo tiene a su favor la simplicidad del esquema que propone. En tiempos de escenarios en movimiento, la complejidad y dinamismo de la realidad escapa a esa mirada o, peor, se da de frente con ella. El riesgo ahí es del autismo.
  3. La mirada de bloque que supone, puede servir para aglutinar más allá de las diferencias. Si embargo hay momentos en los que reconocer las diferencias (tanto de un lado como del otro) y trabajar con ellas puede ser vital.
Centro Mapas

03 junio 2010

Kioscos, guetos y corrales 2

para interrogar las construcciones políticas y la acción colectiva en la etapa actual de argentina y américa latina
Kioscos, guetos y corrales
Parte 2 de 6: Lo cotidiano, los márgenes, los límites
Esta serie de envíos pone en escena lo que se viene haciendo, reflexionando y discutiendo a nivel nacional en el marco del Colectivo Ciudadanía (www.colectivociudadania.org.ar). Los textos en cuestión son producto de ese trabajo y parten de una elaboración interna que decidimos abrir a un público más amplio. Son planteos "en camino", para ser discutidos, y, a la vez, puntos que se preguntan especialmente por la construcción colectiva en ámbitos, espacios y frentes diversos pero con referencias comunes. Esperamos sus aportes y comentarios para seguir ampliando las apuestas y los debates.
Ilustración: Sebastián Prevotel

Luego de la crisis del 2001 y 2002 en Argentina, a partir del periodo abierto en 2003 y –sobre todo– desde el llamado ‘conflicto del campo’; las experiencias de construcción y de contienda democrática nos hacen preguntarnos una vez más por la posibilidad de claves más integrales para pensar la política y lo que ella implica de acción, compromiso y construcción. Es evidente el desfasaje entre lo que hoy la política propone y la vida personal-cotidiana de las grandes mayorías.

Hay hechos puntuales que conforman el marco de este proceso:

  1. Se reinstala la política como el ámbito de práctica, de discursos, de decisiones, de instituciones y de luchas, de herramienta y actores que define, puede definir de manera efectiva los problemas de la sociedad.
  2. Se suman nuevos actores a la arena política.
  3. Aparecen, claro, todos los límites y demandas que a la política le realiza la sociedad, la realidad, las experiencias de muchos. La política es una promesa que está presionada a ser cumplida, más que otras promesas y con más exposición que otros “mitos que dan respuesta”: está más expuesta y sujeta a debate público (a diferencia de instituciones “inexistentes” en la realidad, como “el mercado”, que no es un actor real sino una ficción de los poderes fácticos (extra-democráticos, que se mantienen al margen de los debates…)

Lo que quedó de manifiesto entonces, es la inevitabilidad pero también los –altos– costos de los conflictos. Por otro lado, los límites de la fuerza y de la inteligencia para intervenir en ellos. Ambas cosas implican una tarea, una necesidad, de ponerse en perspectiva de proyecto de largo plazo, con una mirada que tiene que trascender:

  • Nuestros propios paradigmas y “costumbres” de pensamiento y práctica.
  • El repertorio y el conjunto de estrategias y prácticas de los actores de quienes en general se espera “una solución” (por ejemplo, no esperar todo del estado, de las dirigencias, de los conductores, etc.). Ver sus límites sin condenarlos: hacer una crítica que sea conocer-crear nuevas cosas. Sin encerrarse en “micro-creaciones” o “mini-estrategias”.

Una síntesis posible de este desafío la encontramos al reconocer que el momento del ciclo social y político que vivimos nos sigue poniendo, día a día, frente a la complejidad y la densidad de lo real de nuestra sociedad. Y frente al hecho de que “la ventana de oportunidad” que hemos señalado en otras oportunidades y la sociedad reconoció hacia 2001 y siguientes, era eso: sólo una ventana.

Del lado de lo que hay que asumir, nombramos así lo que nos desafía: El largo plazo, el reto de una construcción que no es mágica ni de un día para otro, que es efectivamente una construcción. Y que es la construcción de una hegemonía compleja, no lineal, no de un solo actor, no de una sola solución, sino de un ejercicio costoso, incierto: Que reconoce el alto grado de fragmentación. Que se sostiene y es capaz de proyectarse más allá de obstáculos e incluso de retrocesos. Que asume escenarios de mucha limitación e incluso de derrota eventual (o no tanto). Que requiere unas subjetividades, unas organizaciones, unas maneras de actuar y de sentir, unas capacidades de mantenerse con otras realidades, no superficiales. Que exige al mismo tiempo formación de fundamento y sofisticación y exigencia en la intervención (creatividad y riesgo).

En la dinámica del ágora pública, en donde lo político y la política son puestos en escena, los medios de comunicación son hoy un actor estructurante y proveen un sentido común difícil de rebatir por su propia contundencia. El conflicto democrático repica ahí como mal humor y desentendimiento y no como lo que es: una realidad ineludible al tiempo que posibilidad para las mayorías de no ser sólo espectadores.

Esto está conectado a lo anterior en un punto nodal: Quiénes marcan la cancha y cómo aparecen las temáticas tiene que ver con relaciones de fuerza, pero también con los repertorios que se manejan para interpelar lo cotidiano, lo personal, la vida de todos los días.

A la vez, mucho del debate político y mediático se mueve a nivel de la “espuma” de los procesos y persisten núcleos duros que nadie llega tomar. Muchas de las veces, difícilmente se los llega a nombrar. Son muchas las cosas importantes que pasan inadvertidas. Tanto para la sociedad en general como para los actores que nos identificamos como cercanos a los intereses de los sectores populares.

Entonces, hay una gran cuestión ahí: Cómo constituirse en detectores y “ponedores en agenda” de los temas importantes, “respetando” la sensibilidad de aquellos a los que les “gusta” la espuma o están, por el motivo que sea, sumergidos en ella (recordando que todos lo estamos y, a no pocos, nos gusta… o sea que reproducimos parte de esa superficialidad).

Una piedra de toque: Interpelar la subjetividad ahí donde es masiva. En lo cotidiano-masivo, lo micro hecho macro. Preguntando qué es y donde está y en todo caso, cómo se construye, aquello que interroga la experiencia cotidiana en términos políticos.

Al abordar esa pregunta nos encontramos con cruces de distinto tipo: ¿Qué lugar se la asigna en la construcción colectiva al componente individual y a los sujetos comunes? ¿Qué lugar tiene lo colectivo si lo que se interpela es la vida colicana? ¿Qué significa lo colectivo para lo personal y lo masivo respectivamente? ¿Cómo masivisar proyectos de construcción colectiva?

Algo central en esto: Partimos de una sensibilidad, un sentido común, que en muchos, mayoritarios casos, es un sentido común –para decirlo fácil– “menemista”. Algo que antes de verlo como un demonio, nos invita a verlo como una realidad; ver por qué funciona, por qué se mantiene. Pero, al mismo tiempo, no caer en un diagnóstico derrotista o de “alienación” y captar las realidades y las posibilidades profundas de hacer-decir-organizarse desde otra perspectiva, desde logros, desde luchas, desde otros sustratos que permanecen y de otras maneras que pueden surgir de los límites mismos del consenso neoliberal profundo (porque es profundo pero no es total, y , mucho menos, definitivo) .

Unas dinámicas a desarrollar fuertemente: - Actuar en la capilaridad de la sociedad, de nuestros espacios. - Interpelar a-desde la cotidianeidad. - Poder entusiasmar-enamorar. - Ver lo singular y ser capaces de sintetizarlo en otros planos, con ambición colectiva, pero partiendo desde allí (esto no se hace con formulas y consignas simples). - Combinar capilaridad y escala. - Hacer aperturas y pluralismos, sin perder ejes ni confrontaciones (¿Se puede? ¿Que hay que negociar?)

Quienes sostenemos proyectos orientados, consustanciados o comprometidos con la recomposición del campo popular, tenemos la tarea de generar una idea y una sensibilidad de lo colectivo que pueda ser masiva y contundente en condiciones de alta fragmentación. Para eso, quizás hace falta una mejor descripción de la fragmentación, un balance de que tanta, cuánta, cuál y cómo es esa fragmentación hoy día. Qué la reproduce y la sostiene. Dónde atacarla centralmente. Sabiendo que no es “totalmente resoluble”… La fragmentación es un dato ineludible, que hay que reducir, enfrentar y con el que hay que convivir de alguna manera: No se puede eliminar, hay que ver “donde ponerla”, que hacer con, frente y a pesar de ella.

En términos programáticos y realistas: ¿Cuáles son los agentes que pueden hacer resonar en cada manzana del conurbano bonaerense, en cada plaza del norte argentino, en los parajes rurales con sus laburantes, los logros y límites de cada situación?¿ Cómo se construyen esos actores?: Dirigentes, referentes y –vale decirlo, aunque no le guste a los puristas- punteros de este proyecto de país ahí donde nunca falta un “ enunciador menemista” y abunda el sentido común conservador y neoliberal que los medios de comunicación proveen pero a la vez reflejan y reconstruyen.

Cómo se interroga a lo cotidiano, pero también cómo se entusiasma y cómo se lo pone a andar, a construir. Que lo cotidiano no sea congelado. Que lo cotidiano no sea micro. Que lo cotidiano no sea no-público y sub-colectivo. Que lo cotidiano sea político.