07 enero 2011

El miedo al avance o “no tenemos derecho a dejar que se pierda lo que hemos conquistado” (*)

Néstor Borri

0.

La urgencia del presente, las oportunidades que se viven en el país y en el continente, vuelven más evidentes las muchas inercias ideológicas y en última instancia prácticas que atraviesan a los actores populares en la región.

En muchos casos no se trata meramente de las intenciones o de los objetivos de los sujetos concretos, sino que la inercia se plasma como una lógica que se activa, con mucha fuerza y con una sutileza acompañada de persistencia, cada vez que las oportunidades de avance político concreto se manifiestan.

Como buen fenómeno ideológico o, mejor, como consecuencias efectivas de un efectivo triunfo cultural, estos dispositivos se naturalizan y marcan el horizonte de lo posible: de lo que se puede hacer, de lo que se permite decir, de lo que es factible soñar –si acaso vale la contradicción en los términos.

La participación, la incidencia, la sociedad civil, el carácter y la dinámica esperable de los procesos y muchas otras dimensiones manifiestan este límite “abortivo” donde la no-política se manifiesta, se reproduce y, finalmente, sigue al acecho.

Los párrafos que siguen fueron escritos al concluir una actividad específica de las que se diseñan para permitir la participación en los procesos relativos a las políticas públicas. El evento concreto fue la X Cumbre Social del Mercosur, pero es muy probable que sea sencillo encontrar los mismos mecanismos en conversaciones, en reuniones, en otras instancias y casi frente a cualquier ámbito donde se abra una posibilidad de avance y profundización de lo logrado por y para los sectores populares en estos años intensos, los más dinámicos probablemente de la historia reciente del continente y del país.

Lo que en este caso está orientado sobre todo al ámbito de lo que podemos llamar la sociedad civil organizada –pero, atención, también a los más “de izquierda” movimientos sociales aparece también, bajo otros ropajes, en otros ámbitos, con otros lenguajes, pero manteniendo su lógica, que es una gramática y que sobre todo actúa al nivel de impedir determinadas consecuencias. En el mundo de la militancia partidaria o sindical, de la gestión estatal, del compromiso político de base, en la vida cotidiana, en los ámbitos de debate ciudadano y por supuesto, en ese humus general que es la opinión pública. Sentido común imperante, que como buen sentido, significa y sobre todo orienta. Casi siempre en la misma dirección.

Las apreciaciones, puestas en un tono a lo mejor demasiado negativo –con cierto enojo ameritan darse vuelta como una media: formularse por el lado del entusiasmo propositivo. Quizás éste, entusiasmo de construcción, sea el nombre más apropiado para la mirada crítica en estos tiempos.

1.

¿Por qué “incidir” si podemos decidir?

¿Por qué “incidirsi podemos gobernar?

(Si se prefiere, reemplazar por : “si estamos gobernando”, “si gobiernan los nuestros”, “si estamos gestionando”, “si podemos gestionar”)

Dicho de otro modo: ¿Qué significa incidir cuando se puede decidir/hacer/gobernar?

Asumir los logros y las conquistas parece más difícil, para muchos, que la lucha misma por alcanzarlas.

2.

La apología de lo pequeño es una versión acobardada de la importancia, la grandeza y la masividad de lo cercano. La confusión entre ambas es fatal para la política y, casi siempre, una tierra fértil para una claudicación, o hasta una traición a los sectores populares.

Lo pequeño no es hermoso. Apenas es pequeño.

Es el momento para deshacernos, librarnos, de todas las estrategias de miniaturización de los pobres.

Localismos, micrismos, minoritarismos, ciudadanías menores, subciudadanías. No es cuestión de hacer alarde ni bandera de las migajas. La mesa esta servida. Y es un banquete.

El tiempo presente tiene la posibilidad y también la exigencia de lo grande. Grandura no sólo de los sueños, sino de las acciones, la mirada, el pensamiento. Esa es la escala de la responsabilidad. De la nuestra. Y también es su actualidad.

3.

Los procesos son lentos, hay que consultar a todos, tengamos cuidado. Fórmulas eventualmente verdaderas, quizás útiles, pero desgraciadamente casi siempre apropiadas y puestas a la mano para todos aquellos que temen llegar a algo o temen que otros lleguen. Tantas, tantas veces quienes dicen que el proceso es lento, o bien no quieren que se llegue o proponen o esperan que nunca lleguemos. No llegar es un lujo que los pobres no se pueden dar.

Miedo a lo real, acomodamiento en el no, dificultades con la responsabilidad de haber llegado y de poder y deber ir por más. Miedo a poder. Es también una coartada. Y probablemente sea imperdonable quedarnos en ella. Tampoco haciéndoles el juego a los que una y otra vez traen estos candados, estos techos, estos bloqueos, a las conversaciones donde se gestan los procesos de avance democrático, político, distributivo, igualitario, en los sectores populares del continente, en cualquier ámbito y escala que sea. Esta música del no poder tiene muchas melodías, y es insistente. Juega a aturdir como susurro permanente. Tiene el tono de la tentación de ir hacia atrás. De quedarse inmóviles.

4.

La sociedad civil no está fragmentada.

La sociedad civil es la fragmentación.

La sociedad civil sólo se articula a costa de dejar de ser sociedad civil y pasando a ser ciudadanía politizada, pueblo activado y en acción, democracia en proceso y estado democrático en marcha y en disputa.

En casi todos los casos, por lo menos a nivel del uso y la circulación, “sociedad civil” es la categoría zombie, cuerpo de un concepto clásico tomado por la teoría económica neoclásica –el núcleo de lo que a veces con cierta liviandad llamamos neoliberalismo para decir, sin decir, mercado. “Sociedad civil” resulta ser entonces cetro y gesto mágico de la mentada mano invisible.

Sin embargo, una visión esencialista del pueblo o una modalidad normativista de la ciudadanía, no resultarán mejores a la hora de reemplazar esta noción. Hay que crear la categoría o los significados actuales de aquellas. Nombres vivos para realidades que exigen pensamiento, no etiquetas.

5.

No sólo los gobiernos de América Latina, sino también y cada vez más un amplio conjunto de la población o de los sectores populares, el pueblo, las mayorías que viven o quieren vivir de su trabajo están por delante de las llamadas ONG y de casi todo el entramado de la sociedad civil organizada. En la democracia que se profundiza, y en los más contradictorios de los avances populares, el pueblo y sus organizaciones es “g”, y no “ng”. Es no-no-gubernamental. Mejor que eso: rompe esa categoría, y arma y propone nuevas distinciones.

La sociedad civil organizada, institucionalizada también profesionalizada, financiada y rentada, reino al fin de los expertos corre siempre el riesgo de convertirse no en un canal de la participación popular, sino en su pantomima y, en última instancia , en su bloqueador. Es que, si bien se ha dicho que “la organización vence al tiempo”, cuando el tiempo se vuelve historia, la historia vence a la organización. La historia desorganiza lo dado. Lo ya organizado. Llama a desorganizarse para ponerse en estado-de-crear-organización. La historia es puertas afuera. Y en camino, no en sillas. Mucho menos en sillones. El camino instituyente que han emprendido muchos, tiene la tarea primigenia e des-instituir. Aun a costa de quedar en una zona peligrosa, incierta, donde una nueva matriz organizativa no aparece con certeza.

6.

La ideología de la incidencia dispone una escena tal que supone y pone al pueblo fuera de la política, al tiempo que inhibe o desconoce o desprecia o impide su politización y su acción política efectiva. En todo caso, la teme, siempre. Busca, también, al actor fuera de lo público y de la política: por eso, cuando lo encuentra, es un actor casi siempre imbuido de una mirada micro y con una tendencia a la lógica de lo privado. Por último, tal como la misma expresión lo indica, tiene vocación incidental. Eventual y, si es posible, con carácter de curiosidad, y talante de que “está bien alguna vez, está bien en alguna cuestión, pero que no se repita”. Sólo un incidente y después a la normalidad.

Y el mismo incidente, la misma incidencia, resulta marcada por una lógica de administración: demandas puntuales, reclamo específico, vuelva otro día, llene estos papeles y dese por satisfecho.

Ni pública, ni política: a lo suyo el pobrerío, que es reclamar sin respuesta salvo excepción. Después, de regreso a lo suyo: la queja, la protesta y el sacrificio. La gracia de la lógica de la incidencia es que, en el fondo, nos pasea sin sacarnos nunca de ahí.

7.

La incidencia en políticas públicas se convierte fácilmente en una expresión amigable de la utopía de una sociedad (totalmente) administrada. O sea, de una sociedad sin conflicto, sin desorden. Bella y moderadamente ordenada en los debidos procesos de incidencia. Sociedad administrada: sociedad sin política. Sociedad sin política: dícese de aquella sociedad donde no hay parte –no hay partido de los pobres. El pueblo resulta neutralizado en lo que tenga de popular y activado sólo como prolija y bienhabida ciudadanía. Reino de la norma. Y la cortesía.

Incidencia: jaculatoria posible de un exorcismo que está pendiente.

8.

Una cosa es la dura periferia, tantas veces atroz, de la exclusión y de los excluídos. Y otra muy distinta el triste arrabal de quienes optan por no juntarse con los muchos otros y los otros muchos. O el rincón oscuro pero cómodo al fin de quienes no están dispuestos a entrar en la batalla. (y puede decirse, en lugar de batalla baile, fiesta, juego, construcción, arena, historia, política)

Por un tiempo, el encapsulamiento propio de quienes se quedan por opción al margen de la fiesta o de la guerra, pueden disimular la diferencia entre la primera y la segunda. O la convergencia o funcionalidad de la segunda con el mantenimiento de la primera.

También el hecho de que circulan y se hacen circular recursos –financieros, simbólicos, materiales, organizativos, viajes, cócteles, hoteles– para la “incidencia”, reproduce esa inercia. Y en muchos casos desvía esfuerzos planteando una escenografía donde actores moderadamente inofensivos despliegan una pantomima de participación igualmente inocua. Si esos recursos –que en muchos casos van del norte hacia el sur, y de arriba hacia abajo en la escala social, cosa que por supuesto no es casual, sino más bien sintomática no estuvieran, probablemente esta coartada del “incidir” quedaría más rápidamente al descubierto. Y más de un “representante de la sociedad civil”, quedaría a la luz como cortesano de ocasión.

9.

Los pobres –bien visto, inclusive, su dios, llegado el caso de este lado del mundo, en esta nuestra tradición, tienen manifiestas dificultades con los tibios; abierta discrepancia cuando no aversión por los puros y fariseos y abandonan a los prudentes –no los abandonan, simplemente los dejan atrás cuando sienten el perfume del tiempo de su libertad. Aunque el aroma sea apenas el de un mero alivio.

Así sucede, antes o después, de modo más evidente o en un proceso sutil pero contundente: siempre. Avanzan cuando toca avanzar. La misma ausencia de prisa zonza es la contratara de su contundencia y la urgencia en el avance.

10.

El pueblo no se regocija en meros procesos. Busca, espera y hace resultados. Esa es su exigencia y su apuesta. Tienen que sacar a sus pibes adelante: saben que para eso no tienen muchas vueltas, ni retóricas ni modélicas, ni certeras, ni procedimentales, ni de ninguna otra clase. En los buenos tiempos, esquiva a los confundidores con la misma prestancia con que arrastra o acompaña o recata a los confundidos. Invita a no confundir la complejidad inevitable con la complicación innecesaria. En esos momentos no le propone un escondite a la desigualdad en la diversidad amanerada: más bien se encuentra con el desafío de la acción en unidad partiendo de la fragmentación. Y con mil aristas avanza, si hace falta, sólo si hace falta, con rodeos, pero juega fuerte. Porque tiene raigambre y origen, suele diferenciar la línea de un techo de la propuesta de un horizonte.

Diferencia la prolija “realidad” fruto de medidos y comedidos análisis, de lo real siempre desprolijo, siempre hermoso, crudo, urgente y, aún en lo doloroso, siempre alegre porque atisba felicidad, que es otro nombre de lo real. O vida. O historia.

11.

Batalla y fiesta están en curso. La historia, invitadora y sagaz, toca generosa a la puerta de todos.

No es tiempo de apoyo crítico. ¿Por el contrario? es un tiempo en que es crítico apoyar. La distancia crítica es la de un involucramiento valiente.

Valen todos los mapas, aunque bueno es saber que no todos llevan a puerto. Y sobre todo que la caminata es lo que cuenta. La andadura es la que orienta.

12.

Al final del camino, habrá que evaluar en lo cierto de lo andado. No en los análisis, sino en las decisiones. No en los procesos sino en las acciones. En los resultados medidos en carne y vida, en felicidad urgente y en menos-miedo contante y sonante. Jugar, batallar y bailar, suenan como los verbos del momento. Se conjugan en presente. Y en urgente.

* Lula, en su discurso de despedida de la Cumbre del Mercosur, Foz de Iguazú, diciembre de 2010

18 diciembre 2010

10. No se defiende lo que no se celebró. Y generación.


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)


Hubo alivio. Hay avances. Hay venidas y bienvenidas. Hay conflictos. Hay límites. Hay “venturosos desacuerdos”.
Hay un levantar cabeza y un asomarse a la fiesta de la ida, a la aventura de lo colectivo y al camino incierto, a veces escabroso del compromiso y la construcción política.

Hay logros por los cuales se luchó arduamente. Años enteros. A veces décadas. Los juicios a los militares. Los nietos recuperados. La asignación universal por hijo.

De entre tantas,  estas tres victorias – a las que les hicimos “frente” y que ahora están frente a nosotros como logros – marcan una generación. Una etapa donde el miedo está encaminándose a otro lado. Unas heridas que se cierran con unas identidades que se restituyen con verdad y justicia.  Una bienvenida a los que vienen a la vida y a la historia, a los pibes que naciendo nos desafían a pelear por su dignidad presente y futura.
Quizás de entre todos, la Asignación Universal es la más central. No porque ella sola sea suficiente, sino porque sintetiza los motivos y el sentido de tanta lucha. Y porque es un cambio estructural  en las expectativas de vivir y ser dignos y de ser felices para millones. Aun así, y habiendo muchos que reconocemos esto, aun cuando no lleguemos a comprender sus alcances y la magnitud de su significado, a la Asignación va a haber que defenderla y ampliarla. En si misma y en lo que significa. Lo que implica. Y es muy difícil defender lo que no se celebró. Implicancias de una celebración.

Siendo este el final de este escrito, parece un buen paso como inicio o buena continuación de lo que quisiéramos hacer, sumándonos a los tantos y buenos muchos,  después de leerlo.

El tiempo, así entusiasta, parece apropiado.  Se enciende.

Y la historia, invita

17 diciembre 2010

9. Miedo y vergüenza: Alegría y dignidad. Política y belleza


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)



Una reubicación del miedo. Es una manera de ver el camino de estos años hecho por nuestra sociedad. El camino de ubicar en otro lado el miedo. Así, comprender la politización El miedo es  el gran disciplinador del tiempo que nos trajo hasta acá: a la muerte y la persecución, la desaparición y la tortura (en la dictadura y después), a la pérdida del valor del salario como sostén de la vida (en la hiperinflación y después), a la perdida del trabajo y de un lugar en la sociedad (en los 90 y después), a la delincuencia y eventualmente a todo y a todos (desde los 2000 y desde entonces, como síntesis de todos los demás…) A lo mejor no puede ser eliminado del todo, el miedo, pero puede ser ubicado en otro lado, procesado. Decirle y ponerle un “hasta acá”.

En la misma dinámica, mientas el conjunto de la sociedad y especialmente las mayorías populares venían procesando esto, una parte  fue reubicando  y retramando lo que se había transformado ya sea en la decepción, ya sea en la frustración, ya sea en la vergüenza  de pertenecer a un movimiento político popular. Al compromiso político, Al apoyo. A un gobierno o un partido político. A tomar partido, incluso. Por acá vienen la militancia y la juventud. En ese enganche entre reubicar el miedo  y procesar la decepción.

Alguien más dijo “ahora que la militancia ha reemprendido un camino de belleza”. No es casual que sea ahora ese ahora: ahora que se asoma a la alegría  y a la vida, una mayoría tanto tiempo postergada de nuestro pueblo. ¿Es una alegría completa, sin sombra, por todo y de absolutamente todos? ¿Es una militancia perfecta, encantadora  y transparente? De ninguna manera. Son alegrías y militancia históricas. Subóptimas. Reales. Muy. Carne. Cuerpo. Viven.

8. Subóptimo, o sea real


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)



La demanda de certezas, de modelo – preferentemente de Modelo, con mayúscula- abunda.
Pero la contundencia de los sujetos presentes y plantándose marca una lógica de la acción tanto como una consistencia de la situación. Que se construye construyendo. Que lo real es siempre sub-óptimo, incompleto, parcial y que ahí está justamente su contundencia y su verdadera naturaleza política: en esas fallas que siempre tiene lo que se concreta.

Lo real es con minúscula. Fuera de la Apacible Caverna de lo Ideal.

Los que piden “Modelo”, “Proyecto”, deben – eventualmente debemos- acostumbrarnos a la sencilla contundencia de lo que, sin constituir grandes certezas, se hace cierto. Concreto. Se realiza.

Como se ha señalado también: no hay proyecto si no se constituye el actor, el bloque que lo sostiene. Podemos agregar: y en la interpelación que supone proponer un proyecto, en los procesos abiertos que eso desata, se va constituyendo ese actor, ese bloque de actore

16 diciembre 2010

7. Conflicto y bienvenidas


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)



Una ciudadanía conflicto, una ciudadana política.
La política como (capacidad de) bienvenida a los conflictos.

Este tiempo ha sido una saga de bienvenidas. De recepción de lo que viene.
Cuando fue el llamado “conflicto del campo”, lo escribimos así, en dos artículos: bienvenido conflicto, y  bienvenidos los límites. Escribíamos – en clave de todo con “c” de conflicto- como el conflicto era central, como cruza la cotidianeidad de lo colectivo, como corta la realidad social y los actores, como compromete actores, como crea oportunidades. Construye.
Conflicto y construcción. No evadirlos. Construirlos. Asumirlos. La construcción de los conflictos y los conflictos de la construcción.

La gente en la fiesta en mayo, la gente en el duelo en noviembre, en los escenarios emblemáticos de Buenos Aires: en el teatro de los hechos. Actores ahora, ya no espectadores. Dándose permiso (autorizándose) de decir lo suyo. Permiso y aliento. Celebración también. De decir lo suyo: reconocerse, hacer autores. Con emoción. Se rió y lloró mucho en esas plazas. Se puteó. Se con-movió: o sea, se co- movió. Mucho más que movilizarse: conmoverse y co-moverse.
Las plazas de este año marcan quizás la bisagra entre conflicto y construcción. Toca profundizar la construcción, y asumir los conflictos que supone.

15 diciembre 2010

6. Políticas públicas y vida cotidiana


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)


También fuimos elaborando un modo de abordaje del tema políticas públicas.
Frente a la inercia tecnocrática que puso de moda el concepto. Y frente a la repetición algo oportunista  con que también otros empezaron a hablar de políticas publicas en cuanto sitio fuera oportuno. O no.

Nuestro planteo era el siguiente: hay que mirar, pensar, hablar , diseñar , analizar y hacer políticas publicas parándose en la experiencia cotidianade la vida de los sectores populares. Vida cotidiana.

Nos gustaba planearlo así: no piense en un power point ni en trabajos politológicos. Abandone por un momento la calamidad de palabras esdrújulas y metámonos por un momento con las graves y las agudas. Con lo que corta y pesa. Pensar, por ejemplo, cómo se le pudo festejar el cumpleaño al hijo o la hija, en un año u otro. Lo que para ellos se soñó y se pudo. Y cómo. Los años se cumplen más o menos felices, según cuál sea la trama  de políticas públicas que atraviesa la vida. Intimidad y políticas publicas. Felicidad pública y política. Nuestro enfoque era y es más o menos ese.

Los que pasaron por el Salón de los Patriotas, se sintieron patria porque unas políticas públicas concretas impactaron en  y transformaron  sus vidas. Concretas, cotidianas, carnales. Marcas y alivianadas en el tiempo y en el cuerpo. Reales. Sus historias que fueron la historia. Por eso dijeron gracias y fuerza. Por eso rompieron el silencio. Se pronunciaron.

Por si acaso: no sólo se lo decían a Néstor Kirchner y a la Presidenta. Eso sería una mirada superficial sobre esto. Cada vez que el pueblo va a la plaza, y más aun cuando es de este modo y con esta contundencia, va a escucharse y a decirse cosas a sí mismo. Quienes le dijeron qué a quiénes. A consecuencia de qué políticas. Con que consecuencias: las políticas y el poder decir. Inesperadas. Responsabilizantes. O sea, tarea de los respondientes. Interpelación abierta que entusiasma y compromete. Responder.

14 diciembre 2010

5. Ciudadanía 2


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)

5. Ciudadanía 2

En un momento de los procesos de formación, fuimos llegando a una definición propia de ciudadanía.
Con dos partes: una que planteaba  sacar a la ciudadanía de su corralito normativo y entender y proponer una ciudadanía-conflicto. Qué difícil resultó  Y que difícil resulta todavía.
La tendencia a pensar la ciudadanía prolija, la  acomodación en las ciudadanías menores, el acostumbramiento a las micro-ciudadanías – la apología de la diferencia, la exacerbación de lo pequeño, lo local y lo propio, la diversidad coartada de la desigualdad.
Difícil fue remontar esas discusiones.
Porque  incluso había – ¡y hay!- que discutir con los que insisten una y otra vez con la perspectiva de derechos: ciudadanía entrampada entre la declaración recurrente y el reclamo repetición.

La otra definición era más una operación de interpretación, o una interpretación operativa de qué es ser ciudadano.
La formulamos así: ciudadanía se define en relación a “quién le puede decir qué a quién en que circunstancias y con qué consecuencias”. Toma de la palabra, enfrentar las relaciones de poder, romper los silencios. Polémica: la otra raíz, no por nada negada, de política. No sólo la cómoda pólis: también – sobre todo- la imprudente pólemos. Polémica, debate. No sólo diálogo. Un poco de diábolo, por qué no.

“Quién le puede decir qué a quién en que circunstancias y con qué consecuencias” y la realidad o, mejor que eso, lo real, nos sorprendió. Para bien.

Es que hubo dos “plantadas” interesantes y que es bueno, aleccionador y alentador leer en espejo, en relación, conectadas. Poder comprenderlas. Porque son conversaciones conectadas. Polifonía de la misma conversación.
Por un lado, el hecho de que un gobierno le dijera a los poderes fácticos“acá hay un límite”. Que se les plantara. La lista es conocida: al FMI, al ALCA, a los países centrales, a los que decían que no se podía hacer nada con la deuda, a los empresarios, al agronegocio concentrado, a las fuerzas armadas, a los medios de comunicación. Plantada que por otro lado fue y es “interrupción”: de lo dado, de lo fáctico, justamente.

Como contrapartida,  ya no en la plaza de que se vayan todos, sino en la sede misma del gobierno, en la Casa Rosada, en presencia y visto también a través de todos los medios de comunicación, cientos  y miles de ciudadanos se acercaron a decirles gracias y fuerza a dos presidentes de la nación. De la Nación aquella que fuera la del “que se vayan todos”. Estos, mucho más que algunos, mucho mas que muchos, vinieron a decir otra cosa.  Y otra cosa se escuchó.

Quien le pudo decir qué  a quién, en que circunstancias, con qué consecuencias. Ciudadanía. Reconocimiento  y compromiso. Las consecuencias del alivio y los quiénes del compromiso
Rumbo abierto; abanico de consecuencias. Ya no unanimidad. Habla la plaza. Política.

4. Alivio


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)



Entrado el 2004, el 2005, el 2006, cada tanto nos planteábamos, discutíamos con compañeros. Sobre esto: el significado profundamente político del alivio.
Avanzaban los inesperados caminos del gobierno de Néstor Kirchner.

Muchos decían: se están haciendo cosas, pero apenas alivian la situación. Son mejoras mínimas, leves. Parciales. Pocas. Insuficientes.
Nosotros decíamos- no era fácil argumentar- : serán insuficientes pero no son insignificantes. Todo lo contrario.
Viniendo de la catástrofe, saliendo del infierno, el primer paso, sacar la cabeza fuera, es fundamental. Central. Inicial. Respiro. Soplo. Aliento. Lo que origina.

El alivio no era mero alivio: constituyó un núcleo central del sentido político de estos años. Y la gran posibilidad de dejar de ser meros sobrevivientes. De poder atisbar el vivir.

El alivio: tan insuficiente como singnifcativo. O sea: muy real. Carnadura política. Alivianar la carga. Muy especialmente para los más excluidos. Muy especialmente para las mayorías populares.
No quedarse en el mero alivio. Pero no olvidar nunca su centralidad en una política popular. O sea: en una política que quiera llamarse así.

A lo mejor la política no es nada más ni nada menos que aquello que los sectores populares son capaces de hacer desde el alivio. Del poder-más-que-sobrevivir. Vivir. Sobreconvivir. Levantar cabeza. Seguir andando. No más. Nomás con eso: su historia hacen y hacemos. Nada menos.

Algo para aprender, para tener presente. Como lo tuvieron tantos en la plaza en estos días.
Como tantos lo tendrán y lo deberán tener presente: transformar el alivio en fuerza colectiva para proyectarse colectivamente. Pelear por más. Disputar. Defender, sostener.
Masvivir.

12 diciembre 2010

3. Ciudadanía 1


(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)



Alguien dijo, creo que con acierto: acá hay una nueva ciudadanía.
Acá está. Se palpa, se oye y se ve.

Nuestra particular mirada sobre esto. El relato desde donde lo conjugamos.
Fuimos trabajando durante largos años este tema. En el corazón de los 90, hicimos muchos esfuerzos por recuperar, en medio de las organizaciones sociales, en ese momento fuertemente empapado por la terminología neoliberal- aun cuando las organizaciones fueran espacios de resistencia al llamado neoliberalismo . Y al llamado del neoliberalismo.
Ahí donde había “voluntariado”, tratábamos de recuperar el nombre del sujeto político. Ahí donde había y se halagaba solidaridad, tratábamos de reconocer la justicia. Ahí donde había “ongs” – y oenegeismo, más- tratábamos de recuperar el sentido de la organización popular como expresión de la politicidad del pueblo. De un tejido que iba mas allá de la eficiencia en la lucha contra la pobreza.
Politicidad. Política. A secas. Aunque estuviera en la zona del apenas sobrevivir, en modo de resistencia. En modo apenas.

Desde entonces pasaron muchas cosas.

Ya no somos sólo sobrevivientes.
Ya no es sólo resistencia.

La política peligrosa y alegre, agita y asoma de nuevo. Bullanguera o rumorosa. Arrima desacuerdos y propone compromisos. Tomar partido y ser parte. Repartir distinto.
Donde estaban los beneficiarios, aparecen los ciudadanos. Donde estaban los espectadores, aparecen los ciudadanos. Donde estaban las victimas, aparecen los ciudadanos. Donde estaban los que sólo podían quejarse -  si querés llorar, llorá- aparecen los ciudadanos. Dónde la participación era una calesita interminable – seguí participando, no olvides que, sobre todo, perdiste. Ahí, un límite.

Durante 10 años hicimos “escuelas de ciudadanía”. Decíamos: “protagonistas de la democracia, constructores de ciudadanía, poetas de nuestras propias vidas”. Ciudadanía. Titulares de derechos. Más que eso: sujetos políticos.

Una nueva ciudadanía.
Tiempos, quizás, también de misión cumplida.
Tiempos cumplidos.

11 diciembre 2010

2.Plazas



(Cada uno de estos fragmentos pertence a la nota completa que está acá, desarrollada en 10 puntos. En un intento de alivianar el equipaje y reconocer los tiempos de desafío que nos invitan. Néstor Borri- Fernando Larrambebere)

Y son tiempos de recapitulación: todas las luchas son convocadas y recordadas, se ponen en juego. La tradición entera se pone a flor de piel y en riesgo.

Son tiempos hermosos y peligrosos, por eso.
De entusiasmo, en lo que la etimología de las palabra significa.

Estamos en un diciembre a 9 años del 2001.Entramos en la decena remontando aquellas plazas significativas  y señaladas, las de diciembre de 2001. Las del “que se vayan todos”.

Este año llenamos las calles y las plazas varias veces, pero dos de ellas con mucho sentido. Plazas y calles del “que se vengan todos”. Con fiesta y con duelo, con mucha gente y con mucha humanidad.

En el Bicentenario, aquella plaza del origen, de los inicios. Y este octubre, con la multitud que despidió a Néstor Kirchner – a un líder político, de los que se tenían que ir, uno de esos todos. Reivindicándolo. Agradeciendo. Transformando “gracias” y “fuerza”  en dos consignas políticas de primer nivel. Detrás de ellas: “que se vengan todos” y “aquí estamos” y “cuentan con nosotros”. También: “sabemos que contamos”.

Expresiones cotidianas y excepcionales,  presentes y con sus ciclos cargados de memoria.
Expresiones individuales y colectivas a la vez.
Expresiones con diversos coloridos, enunciados, actores. Gente presente y plantada diciendo. Y diciéndose. 

Tiempo histórico, espacio público. Plazas llenas. Escuchas.

Gente en la calle que  atisba y prueba y afirma: no somos mero “público” en la acepción que le dan el poder concentrado y los medios: espectadores. Somos el pueblo.
Los tiempos políticos son aquellos en los que el “hay parte de los pobres”, toma de partido. La plebe y el público, en un relámpago, pueblo. Plazas puéblicas.